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sobre hábitats, valles, senderos e invitados

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Foto: Filipa Alves

a0970455900_10SENDEROS – EL REMOLÓN

En su cuarto disco de estudio, El Remolón sigue encontrando nuevas formas de relacionarse con la cumbia y su vertiente electrónica. Por más que su estilo siga siendo catalogado dentro del género, hubo una transformación progresiva en los siete años que pasaron desde sus primeros trabajos y la invasión de la primera camada de artistas del sello ZZK Records. Senderos, su último disco, puede ser entendido como el disco más personal y “cantautor” del proyecto de Andrés Schteingart. Si Boxeo Constitución (2012) era un experimento-soundtrack instrumental y Selva (2014) era una gran reunión de amigos y colaboradores, Senderos encuentra al productor retomando el camino en solitario.

 

Desde la apertura del disco, Senderos sigue una inspiración similar a la de Selva: ambos discos se sienten como un camino largo, los bombos digitales marcan el paso, las letras describen un paisaje vívido y el destino concluye en una fiesta multitudinaria. “Guerreros del amor” abre en ese sentido, marcando un lento y atrapante ritmo de pulso. Los sintes envuelven de a poco, como luces de la ruta que aparecen y en seguida quedan atrás. La voz de Schteingart direcciona una tensión creciente y encuentra la liberación más adelante en el mantra “Blindaje”. En este último tema el beat cumbiero pasa a convertirse en un beat de trap, influencias previamente inéditas en el sonido de El Remolón.

 

La producción de Senderos se distingue por ser mucho más austera que la de Selva. Aparecen reminiscencias al trabajo de El Remolón como compositor de soundtracks, con una cantidad minimalista de sonidos y un acercamiento más estructurado a sus composiciones. Ese perfeccionismo tímbrico culmina en “Calma Chica”, posiblemente la canción más hermosa de su repertorio. Lento y esquelético, el penúltimo tema del disco lo muestra a Schteingart franqueando una historia de desamor y desilusión en un verano apocalíptico. “¿Qué pasa mi amor?” se pregunta, saturado en auto-tune. Nadie responde.

 

Senderos finaliza con una pieza de 12 minutos, “La pelota”, donde El Remolón se destapa y vuelve a la cumbia tropical bien fiestera. El festejo final redondea un disco en el que Schteingart logra demostrar sus fuertes dentro de la escena electrónica sin dejar de sorprenderse en sus obsesiones y avanzar como compositor. /Eric_Olsen.doc

 

 

 

a2820281705_10HABITAT – JOA JOYS & ENTIDAD ANIMADA

Producido a raíz de intercambios por fibras ópticas y éter digital, el flamante proyecto de Marcos Díaz y Joaquín Ledesma se sostiene en la ausencia de búsquedas estéticas determinadas de antemano pero supeditadas al umbral inspirado por artistas de la talla de Nobukazu Takemura y Odd Nosdam, creando una atmósfera de parsimonia y relajación propia de un mantra nacido de artificios electrónicos.

 

Entre la minuciosidad de samplers propios y ajenos, construcciones y deconstrucciones, grabaciones de canillas como símbolo de la fluidez cotidiana y sintetizadores analógicos caseros que remiten al laburo de Mort Garson, Habitat se supedita al crepúsculo de las horas alter-rutinas, como una playlist de la vida que no hacemos y del aura que se encuentra en otro lado, en la naturaleza viva de las distancias, en kilómetros de verde agua, en la planicie onírica de la experiencia.

 

De musas acuáticas y tempestades íntimas, el nuevo trabajo de los creadores de Transformaciones y Cambios de Paradigma (Joa Joys) y Calypso Club (Entidad Animada) —ambos lanzados este año— es un soundtrack para bajar los párpados y viajar por esos siete tracks. La obra se divide en dos como sosteniendo esa metáfora de las contradicciones que la acuarela de la tapa intenta reflejar. “Por un lado, un ciclo de personas que lidian con sus cosas haciendo lo que pueden, y por el otro lado, plantas, lluvias, ríos y peces. Siempre sabemos que la naturaleza encontrará la manera de imponerse”, cuenta Joa a NAN, y el epílogo está en la mesa. /Walter_Sosa.doc

 

 

 

a0557737806_10INVITADO – NICOLÁS CANEDO

Los álbumes eclécticos —en una época en la que se puede escuchar mucho y de todo— son los que marcan el pulso de la escena independiente de Buenos Aires. Pero sus hacedores no siempre logran amalgamar los sonidos en una obra que merezca un par de escuchas, que trascienda el menjunje y tenga su propia retórica. Nico Canedo supera ese desafío con Invitado, una obra que se mueve dentro de un pop-rock muy marcado, con la impronta de su autor presente desde las letras, personales, en donde el baile es el hilo que obliga una escucha atenta. Y ese eclecticismo bien entendido es, quizá, fruto de que el disco haya sido grabado con la colaboración de múltiples artistas que se conocen bien, porque suelen congregarse en el Centro Cultural La Pachamama (El Pacha, La Casita de los chasquidos, etc.), caldo de cultivo de jóvenes talentos del under porteño. Ivo Ferrer, Daiana Leonelli, Claudia Mariel Farias, Manu Careter, y el productor Nahuel Briones son algunos de los artistas que Canedo invitó a su fiesta bailable.

 

El disco cuenta con arreglos de todo tipo, desde vientos y voces superpuestas hasta samples, elementos que quizá tengan ver con el apoyo de Briones, quien también suele apostar, en sus propios discos, a desdoblarse entre géneros  diversos. Por momentos, Invitado recuerda a lo colorido de discos de The Beatles, de Serú Girán y hasta de Charly García solista. /Nahuel_Gomez.doc

 

 

 

a1126669712_10VALLES – LA VENGANZA DE CHEETARA

Con más de un lustro de la mochila, la banda de Ángeles Rojas, Angie Cases Bocci y Fede Miyashiki debuta con un disco ecléctico que esquiva todo tipo de etiqueta grandilocuente. Valles es una amalgama de sonidos y artificios que dialogan entre sí sin aspavientos líricos y sin la brumosidad de las palabras.

 

El debut del trío de rock instrumental inicia con “Trasandino”, una pieza tenue que avanza entre guitarras afiladas y teclados xilofon style que se reparten marcas y rasguidos.  Las texturas oscuras de “Nueva Playa” emergen para dar pausa a los embates cotidianos y sirve de desasosiego para algunas victorias parciales. “Milan” repite la fórmula de su propinante pero se endulza con el mantra de las teclas. Continua “E S” y el post rock se hace viento híbrido entre brotes de jazz y el sonido El Mató.  “Komerebi” funciona como bisagra y va dejando dejos de parsimonia para levantarlos con el rayo de los sintes. “Cobra Kai” refuerza la potencia y los elementos de percusion se hacen trueno. “Keep it Gangsta” desquicia los temores y cruza capas agresivas. El disco finaliza con “El Viaje de Ulises”, se despide con templanza porque siempre hay algo después de cada tormenta. /Walter_Sosa.doc

 

 

 

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Nº de Edición: 1689