/Escuchá

“si uno canta para sí mismo se muere”

la cruza vl

Fotografía: Eduardo Fisicaro

La historia de La Cruza VL se empieza a escribir en Villa El Libertador, un barrio periférico y popular de Córdoba capital. Un lugar sensible en el que los laburantes se levantan temprano para salir a buscar el mango, en el que los servicios básicos, a veces, no llegan y en donde a la cana, muchas veces, se le va la mano. Porque a estos barrios los canales de televisión solo llegan en búsqueda de noticias policiales y sucesos amarillistas. “Villa El Libertador es un barrio de 80 mil habitantes de la zona sur de Córdoba, que tiene una cultura enorme en cuanto a la música, los idiomas y los códigos. En el barrio, conviven comunidades como Arpeboch, que está integrada por argentinos, peruanos, boliviano y chilenos; o la comunidad Marta Juana González, que lleva el nombre de una maestra asesinada durante la última dictadura militar”, describe Gonzalo Mamonde, bajista de la banda. Los músicos que conforman La Cruza nacieron y se criaron en estas calles. “La verdad es que se encuentra hoy en día casi sumergido en el agua por la humedad y las napas y el problema de cloacas que tenemos en el barrio. Se fue de mambo la cantidad de infraestructura que podía tener. El espacio donde se encuentra el barrio es chico para la gran cantidad de gente que vive acá”, alerta Gonzalo, tipo robusto y de palabra firme.

 

Este “proyecto comunitario, familiar y solidario”, como definen ellos, surgió hace doce años de la mano de los hermanos Mamonde: Martín (principal compositor y voz líder), Gonzalo, Marcos (guitarrista) y sus sobrinos Fernando Ceballos (guitarra) y Tobías Ceballos (batería). Pero al principio las letras no tenían un enfoque social y combativo. “Antes éramos una banda folklórica tradicional. Hacíamos música santiagueña ¡Parecíamos tres santiagueños cantando! Le cantábamos al coyuyo, pero no sabíamos ni de qué color era”, se ríe Gonzalo, también vocalista. Fue cuando un amigo músico les sugirió que se pusieran a escribir sobre sus cosas, su historia, sobre lo que sucede en el barrio. “Entonces empezamos a descubrir historias, se fueron armando canciones y sacamos el primer disco, Central Rojo, que fue una obra conceptual que grabamos hace seis años dedicada al barrio y a la lucha social”. El año pasado editaron su segundo disco, La película de los nuestros, un trabajo maduro en el que afilaron el sonido y también las palabras. Un disco expansivo que le dio grandes satisfacciones. Hace algunas semanas, compartieron escenario con Residente (Calle 13) y en el verano la murga uruguaya La Trasnochada incluyó en su espectáculo una canción de ellos, “Primer Tiempo”, durante el carnaval montevideano.

 

—¿Cómo describirían la esencia de La película de los nuestros y en qué momento los encuentra este disco?
Martín Mamonde: —Con este segundo disco tuvimos que ampliar un poco la circulación de la banda: nuestra canción ya había trascendido la frontera de la Circunvalación y había salido del barrio. Entonces, había llegado a otros lugares. Vimos que dolían otras cosas, a nivel nacional, internacional, cultural y poético. Y se nos ocurrió la idea de poder plasmar una nueva obra representando las voces de muchos y muchas que ya no están. En la portada del disco, aparecen los mártires muertos en las luchas sociales.
Gonzalo Mamonde: —Es la idea de La Cruza expandir el sentimiento, el amor y generar acciones en lugares donde estemos cómodos. Y donde la canción sea más importante que cualquier otra cosa. Nosotros solo venimos a mostrar algo que hicimos con mucho sacrificio, esfuerzo e inteligencia. Porque es fuerte poner en la tapa del disco los rostros de todos los muertos, asesinados en la lucha, ya sea por gatillo fácil, violencia de género, desaparición forzada, como el caso de Facundo Rivera Alegre, que lo desapareció la Policía de Córdoba. Nosotros caminamos las calles, vamos al festival de la marcha en contra del Código de Faltas, nos movilizamos por el bosque nativo… o sea que podríamos ser un Santiago Maldonado más por estar protestando. Que venga alguien y te mate es muy triste. Entonces, se nos mezcla con el sentimiento de venir a presentar un disco, que también nos genera alegría y fiesta. Pero a la vez, con Macri a la cabeza, y todo esto que nos está pasando tenemos que hablar de cosas tristes y feas. De Córdoba corrimos a Monsanto con las canciones y también de Córdoba vamos a correr a Porta, que es una empresa que fabrica bioetanol a diez cuadras de mi casa.
M. M. —Queremos generar movimiento. El escenario nos encanta, pero es una parte muy chiquitita de este trabajo. Si uno canta sus canciones para sí mismo, se muere. En cambio, si uno multiplica las voces, se expande, se genera conciencia, amor y tranquilidad.

 

En el librito del disco nuevo, dicen: “Dedicado a l@s albañiles, a l@s panader@s, a l@s mecánic@s, a l@s diarier@s, a l@s emplead@s doméstic@s, a l@s militantes y a los que se levantan pensando en los otros y en ellos mismos también”. En el arte de tapa —que emula al diseño de una película— aparecen los rostros de Luciano Arruga, Maximiliano Kosteki, Darío Santillán, Julio López, Mariano Ferreyra, Carlos Fuentealba, entre otros y otras activistas sociales asesinados o desaparecidos, sobre todo en democracia. “La Cruza es una mujer militante, un ente vivo a la que no podemos faltarle el respeto. Toma una figura de madre, de hermana, de compañera, entonces tenemos que cuidarla. Por eso no podemos hacernos las estrellas porque salimos dos veces en la tele o estar a las cuatro de la mañana tirados en el piso tomando cerveza”, define Martín sobre la esencia del grupo. Con una instrumentación eléctrica y rockera, La Cruza parte desde la música de raíz folklórica y transita además ritmos urbanos como el funk, el reggae y la música rioplatense. La murga, por caso, se hace presente en la canción “Argentina”.

 

“Vivimos de la música, pero trabajamos de otra cosa”, bromea Martín, quien trabaja como repartidor de aceite para autos en un camión. “Me encanta la calle. Ahí ves todo lo que pasa”, dice. “Somos changarines, albañiles, profesores, preceptores y Fernando, que tiene 16 años, está en la secundaria”. Después de una década de transitar por festivales populares, encuentros y espacios callejeros, La Cruza el mes pasado se presentó por primera vez en un escenario de Buenos Aires y repetirá la experiencia este domingo en el CAFF, junto a la cantora coscoína Paola Bernal. ¿Tiempos de la independencia o decisión política de construir desde su lugar?. “Los tiempos los manejamos nosotros, como nos va saliendo. Cada uno tiene su trabajo aparte, tiene su familia”, responde el bajista. “Entonces, a la hora de organizar un viaje es importante respetar el trabajo del otro. Cuesta sacrificio movilizarnos. Con la Cruza no generamos dinero, generamos un espacio dentro del alma. Si pudiéramos, vendríamos más seguido a Buenos Aires. No sabemos cuándo vamos a poder volver, por eso disfrutamos cada momento. Esto lo vivimos como una salida familiar: venimos a hacer música, a compartir y divertirnos”.

 

—En La Cruza se escuchan desde rock hasta cumbia y candombe, ¿se sienten representados con la palabra “folklore”?
Tobías Ceballos: —El folklore nuestro para nosotros es lo que escuchamos. Nacimos escuchando Bersuit y muchas bandas de rock. O el folklore de nuestros abuelos, como el tango. No nos limitamos. La palabra “folklore” es fuerte y nos hacemos cargo. Pero hacemos cumbia, funky, chacareras, vidalas, canciones. De todas formas, la chacarera y la zamba son ritmos folklóricos de una parte del país, de un lugar, de un momento. Mercedes Sosa hacía folklore junto a Charly García y Spinetta. Y esa es nuestra referencia.
M. M.: —No somos cien por ciento nada. Desde los 14 años vamos al baile de La Mona. Mi mamá trabajaba en la casa de una familia que vivía un tiempo en Estados Unidos y otro tiempo en Córdoba. Y le regalaban discos originales de Michael Jackson, Queen y eso se fue mezclando con otras cosas, como Serú Girán. No nos enfocamos en un solo estilo de música. Pero somos cordobeses, cuarteteros y nunca vamos a traicionar el acento. En la música tenemos esa versatilidad. Y tenemos a nuestro dios terrenal: León Gieco.

 

—¿Cómo ven la escena musical de Córdoba?
M. M.: —Córdoba es tremendo, hay un montón de poetas y cantores. Un montón de cancionistas sin escenario, que no se dedican de lleno a esto, pero que son señores músicos. Acá teníamos a Titi Rivarola, que ya falleció, que si hubiera nacido en San Telmo hubiera sido más grande que Botafogo.
G. M.: —En Córdoba está la posta. Nosotros nos hemos hecho fuertes ahí. Hay un circuito que tiene nombres como Paola Bernal, Mery Murúa, Dúo Coplanacu.
M. M.: —Estamos todos juntos, jugamos todos o no juega nadie. Todos sabemos qué está haciendo el otro y todos en algún momento nos cruzamos. Al Raly (Barrionuevo) lo conocimos en un festival en un acampe de Fuera Monsanto. Después nos invitó a tocar en Cosquín y terminó grabando en nuestro disco. Cosas que pasan de solo andar.

 

LA LUCHA, LA TIZA, EL SUEÑO

Una canción que trascendió más de lo que se hubieran imaginado fue la chacarera “Marta Juana González”, dedicada a la educadora, catequista y militante peronista fusilada el 11 de octubre de 1976 en un fraguado intento de fuga a manos de la última dictadura cívico militar, mientras se encontraba detenida en la Unidad Penitenciaria Nº1 de Córdoba. Tenía 26 años y había dado a luz días atrás. Ella se crió, justamente, en el mismo lugar que los integrantes de La Cruza. “Una vez tocamos en la toma de tierras de Villa El Libertador, en la comunidad Marta Juana González, pero no sabíamos quién había sido. Cuando conocimos la historia, nos pareció importante y quisimos contarla en el disco nuevo”, recuerda Martín. “Como muchas historias de la época, la de ella refleja la resistencia más pura a la atrocidad, a la maldad, a la oscuridad. Quisimos rescatar su historia pero no desde la lástima, sino con un buen recuerdo, siempre de pie. No queríamos una canción triste, por eso hicimos una chacarera, para que la gente pudiera bailar con alegría. Memoria con felicidad. Si con la música sumamos más tragedia, se vuelve algo muy monótono”, explica. La canción luego fue grabada por el jujeño Bruno Arias en su disco El derecho de vivir en paz y en la versión original canta el músico de Frías Raly Barrionuevo. “La semana pasada me escribieron de una escuela de Ideazábal (Córdoba) para decirme que los chicos la estaban bailando. En las escuelas muchas veces no se enseñan estas historias, pero la canción es un instrumento llega más fácil a todos”, se alegra.

 

*La Cruza presentará La película de los nuestros el domingo 8 de octubre a las 20 en el CAFF, Sánchez de Bustamante 764, junto a Paola Bernal.

escucha@lanan.com.ar

N° de Edición: 1793