La banda oriunda de Berisso se propuso presentar en episodios Ludoteka, su tercer disco y segundo producido por El Chávez. Así, durante la noche del viernes último estrenó tres canciones nuevas y sacudió a varios centenares de chicos dispuestos a bailar sin pausa.
Por Carolina Sánchez Iturbe
Fotografía de The Dark Flack
La Plata, marzo 26 (Agencia NAN-2012).– Encías Sangrantes es una de esas bandas que juega fuerte. Tal como habitualmente rezaría la historia de un jugador empedernido, la agrupación oriunda de Berisso hace sus apariciones a través de apuestas impensables que se entretienen con la adrenalina de perder hasta el último morlaco a manos de un crupier despiadado que siempre, pero siempre, aboga por la casa –o por el mainstream, en su adaptación para la escena musical under–. Sin embargo, Encías Sangrantes goza de buena fortuna y no porque haga uso y abuso de la suerte de principiante, sino porque milita con esmero cada una de sus fichas. Así, para presentar Ludoteka –su nuevo disco, tercero en 13 años de historia y segundo con producción de El Chávez– no sólo decidió tomar un escenario que, por su corto tiempo de vida, todavía está a prueba en la ciudad de La Plata; sino que además eligió hacerlo particionando el longplay en episodios y revelando de a tres canciones por recital.
La noche del viernes se presenta anunciando que el otoño y su humedad ya están en la ciudad. Aunque el frío repentino desorienta, a lo largo de la vereda sobre la cual se erige el edificio de La Trastienda platense varias docenas de chicos se sientan y plácidamente esperan. Y a pesar de que las baldosas desniveladas por la fuerza de las raíces de los árboles hacen lo posible por incomodar, ellos esperan y sonríen, mientras despiden bocanadas de aroma dulzón. “¿Quieren pasar?”. A los gritos desde la puerta del bar, un hombre de mediana estatura invita a los pibes a entrar. Casi ninguno hace caso a la invitación y, en cambio, eligen continuar la reunión en la calle, como si fuesen completamente conscientes de que todavía falta mucho. Es que la puntualidad no es una virtud de los eventos locales y ésta no es la excepción. Así, al recital que estaba anunciado para las 21 todavía le faltan un par de horas de paciencia.
Antes de las 22, el lugar se presenta enorme, como una estructura casi imposible de llenar para una banda local. Sin embargo, a medida que los minutos pasan, la planta baja del edificio que unió a un bazar y a un cine del pasado se puebla rápidamente, sin dejar atisbos del suelo de cemento libres. A la par, en el entrepiso familias completas, parejas y, presumiblemente, los padres de los músicos se amontonan en sillones, puffs y mesas ratonas forradas en cuerina blanca, abriéndose paso a codazos con la esperanza de tener la mejor visual del enorme escenario rectangular.
Cuando se hacen las 23.30, una luz blanca ilumina la planta baja de La Trastienda. Un montón de chicos que, en su mayoría, no alcanza las dos décadas de edad, se acercan rápidamente al escenario y los seis miembros de Encías Sangrantes se trepan al centro de la escena dispuestos a dar inicio a la primera mano del juego que se proponen llevar a cabo durante cuatro recitales. “Vuelvo” es la canción inaugural (y a la par, el primer estreno de la noche). El público se entusiasma. Algunos bailan alentados por el tono cumbiero centroamericano del tema, mientras otros eligen descargar su efusividad a través de uno de esos pogos típicos del punk, que incluye círculos y saltos frenéticos.
Mientras transcurren “Pez” y “Vedado”, los otros dos estrenos prometidos para el primer episodio de la Ludoteka, desde el costado izquierdo del escenario Zoty, el melodionista y armoniquista de la banda, arenga a la gente a la par que se mueve como un surfer que intenta mantener el equilibrio, para luego elevar los brazos hacia el cielo y corear sin micrófono las canciones. La arenga funciona y el clima se caldea cada vez más.
Cuando llega la pegadiza “Así te quiero” el bar, que a esta altura se parece más a un estadio, estalla. Remeras y pañuelos de cuadros bancos y negros sobrevuelan un centenar de cabezas hasta que algún par de manos atentas los atajan para pronto liberarlos nuevamente. Rápidamente, una chica de contextura física mínima se trepa sobre los hombros de un muchacho lo suficientemente alto como para permitirle a su compañera protagonizar el momento. Poseída, ella sacude sus brazos mientras que el símbolo de om que lleva en la remera cabalga al ritmo de la melodía de un ska capaz de danzar con la cumbia y el reggae.
“El que no salta es militar, el que no salta es militar”. Inaugurando la madrugada del 24 de marzo la consigna parece ineludible y son pocos, muy pocos los que no se hacen eco rebotando en el lugar. La banda se queda en silencio y sonriendo, tal vez recordando los días en los que solía tocar gratis en las plazas durante las marchas por los derechos humanos. Después llega “El pozo” y la fiesta sigue.
Sobre la pantalla literalmente gigante que hay hacia el fondo del escenario, imágenes se suceden a la par de las canciones de Encías Sangrantes, permitiendo vislumbrar el crecimiento que la banda experimentó desde su nacimiento en 1999. De esa manera, la profesionalidad que los músicos buscan alcanzar en cada una de sus producciones queda en claro cuando, por ejemplo, tocan “Rebozado” y proyectan un vídeo con realización envidiable. Por momentos se hace difícil recordar que se trata de una banda independiente con cuna en la proletaria ciudad de Berisso.
Después de la intensidad de una paliza musicalizada que no deja permanecer mucho tiempo sin bailar o saltar, Encías Sangrantes despide su primer episodio. Con un bar repleto de chicos sonrientes y con tres canciones estrenadas y volcadas en un EP que fue regalado en la puerta de La Trastienda, la banda se prepara para jugar la próxima mano, aquella en la que, seguramente, redoblará la apuesta. Ahora es sólo cuestión de esperar que la fortuna otra vez acompañe.

