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Espectros en el Centro Cultural de la Cooperación.-

Los temas de la obra que versiona Mariano Dossena han dejado de ser revolucionarios, sin embargo forman parte de un debate vigente: relaciones incestuosas, los hijos extramatrimoniales, la espiritualidad y el rol de la mujer son algunos. Desde la puesta, la Noruega de fines de 1880 no es tan lejana para el público.

Por Paula Sabatés
Fotografía gentileza de Silvina Pizarro

Buenos Aires, agosto 6 (Agencia NAN-2011).- Hay obras en las que la protagonista indiscutida es la acción. En ellas ocurre de todo y a todo momento y la vista y la capacidad receptiva del espectador deben estar preparadas para eso. Hay otras, en cambio, en las que predomina la verbalidad por sobre la acción, y en ellas el público debe estar más atento, pues para entender la totalidad no puede perderse ningún decir. El contraste puede asemejarse a aquella teoría que opone al cine de atracciones a otro más “narrativo” (aunque lo cierto es que el cine de atracción no desapareció con el dominio de la narrativa, ni mucho menos). Como sea, cuando Henrik Ibsen, dramaturgo noruego, escribió su obra Espectros –-que hoy versiona y dirige Mariano Dossena en el Centro Cultural de la Cooperación–, no sólo revolucionó (y fue prohibido) porque los temas que trataba eran demasiado tabú en la Escandinavia de 1880, sino porque la estructura que proponía rompía con la organización general del teatro de ese siglo, sobre todo con lo referido a lo espectacular. En Espectros, más de la mitad de la obra es utilizada para que los personajes se cuenten entre sí sucesos del pasado y que eso desencadene la acción, que luego sí aumentará hacia el final.

Hoy, los temas de la obra no son tan revolucionarios como por aquél entonces, básicamente porque ahora se habla de ellos: las relaciones incestuosas, los hijos extramatrimoniales, la espiritualidad y el rol de la mujer son algunos de ellos (hay, incluso, un guiño al debate de la muerte digna que hoy está tan presente en la agenda mediática, aunque el director asegura que no lo estaba cuando concibió la idea de hacer la versión). Todo sumergido en la historia de una familia llena de secretos que, a raíz de la enfermedad del único hijo, empieza a destejer ese entramado de silencios para echar luz al futuro y así eximirse de todo karma. Los espectros a los que remite el nombre son, justamente, esos secretos, esas creencias ya sin vida que aun así determinan y condicionan a los personajes, causándoles una ola de negatividad que influye en todas sus maniobras.

Protagonizada por Ingrid Pelicori, Walter Quiroz, Marcelo Bucossi, Horacio Acosta, Iride Mockert y el contratenor Joaquín Rodríguez Soffredini, la Espectros de Dossena también respeta esa estructura de verbalidad que plantea la obra original. De entrada, los personajes se dicen todo lo que los espectadores deben saber para entender la acción posterior, y todos esos textos, justamente por remitir a un pasado en un presente, adquieren un valor dramático que hace que esa parte se disfrute tanto como la del final, donde todo realmente explota. De todos modos, cuando termina la obra aun sigue habiendo interrogantes sin responder, parte de la mística misteriosa que propone Ibsen y que atraviesa toda la historia.

De lo que sí se apropia por completo Dossena (hasta ahora lo nombrado responde, más o menos, a la lógica Ibseniana) es de la estética, que terminan siendo uno de los mayores logros de su puesta. Al serle fiel al contexto original de la obra, podría pensarse que el director tuvo una limitación a la hora de elegir los condimentos de la puesta. Pero lo cierto es que logró que la Noruega de fines de 1880 que se ve en el escenario no sea tan lejana para el público. Así, el contratenor que con su canto en galés divide los actos y a la vez simboliza y encarna muchos niveles de la obra –-como el misterio y el alma-—, el juego de luces que acompañan los diferentes climas y la contemporaneidad que tienen las actuaciones, colaboran para que la metáfora del Ibsen del ayer resuene tan fuerte como si la hubiera escrito hoy.

Y como una historia atrapante más una estructura correcta más una estética a tono son los condimentos necesarios para garantizar la armonía de una pieza teatral, la Espectros de Dossena calificaría perfectamente para formar parte del canon de versiones de esta pieza. Pieza que, quizás por haber estado prohibida durante tanto tiempo, pero sin dudas por hablar del presente de todas las épocas, hoy se ha convertido en una de las más representadas en todo el mundo.

*Espectros se exhibe los viernes a las 21 y los sábados a las 23 en la sala Raúl González Tuñón del Centro Cultural de la Cooperación, Av. Corrientes 1543.