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Qué fantástica esta fiesta

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El sello Monqui Albino y Galería Editorial convocaron un “dream team” sonoro-visual de artistas under. Hubo recitales, proyecciones, exposiciones, juegos y talleres. Fotografía: Laura Preger

Por Nahuel Gomez

Según la RAE, “coso” —esa palabra que dice nada y refiere a todo— es una cosa o chisme. Según la misma institución, “coso” es un corral municipal donde se encierra el ganado que anda perdido o suelto. Cientos de animales perdidos y sueltos se congregaron en la tarde del pasado domingo en el Club Cultural Matienzo (Pringles 1249) para disfrutar del Festi-Coso, una suerte de evento multiflashero que incluyó música en vivo, proyecciones, exposiciones, juegos, talleres y charlas con el espíritu de quienes organizaban: el sello Monqui Albino y Galería Editorial.

El inicio fue a las 17 en la sala de cine, con la proyección de El humor (pequeña enciclopedia ilustrada), documental de Mariano Llinás e Ignacio Masllorens que repasa la historia del humor gráfico argentino a través de la opinión de once dibujantes (Liniers, Tute, Max Cachimba, Maitena y Langer, entre ellos) sobre once cuestiones referidas al dibujo (la técnica, el destino del dibujante, el genio, el estilo, su relación con el trabajo, su relación con el mundo, su relación con la fama). Quienes no entraron a la sala en ese tiempo, pudieron disfrutar del esperado “TaSher de FlasHeaR”, del dibujante Juan Vegetal. Con una impronta similar a la del Festi-Coso (un festival que no se queda en el lugar de festival, una exposición que no pretende ser un exposición, un lugar en el que se hace lo que pinte) el “TaSher” no fue un taller sino más bien un concurso de dibujo.

Vegetal craneó una especie de Juego de la Oca con ilustraciones: en las paredes y el piso de una de las habitaciones del Matienzo pegó cartulinas (casilleros), cada una de ellas con una consigna de dibujo. Dos dados de cartón permitían atravesar treinta y dos casilleros con consignas que los participantes debían completar y que iban desde dibujar un sentimiento o un tatuaje de Ricardo Fort hasta hacer un Pocho Lavezzi o retratar al mismo Juan Vegetal. Todos los que llegaron al final fueron considerados ganadores, aunque un jurado (Vegetal y alguien más) determinó a los mejores según criterios como creatividad, onda e ingenio. Promediando el “TaSher”, y como una invitación a que el público elija su propia aventura, en el patio del Matienzo empezaban a sonar Los Niños, la quimera del sello Monqui Albino, que tiene a Juan Niño en voz y a Nacho Choroszczucha en violín y lleva entre sus integrantes a cuatro músicos de Julio & Agosto (Santiago Adano, los hermanos Miguel y Marcelo Canevari y Leandro Aspis); además de Santiago Azpiri, Verónica Gerez y Augusto Yabra, también miembros de Pequeña Orquesta de Trovadores.

Pero hubo mucho más aparte de actividades programadas. En uno de los cuartos del primer piso, se podía apreciar una muestra de flyers y artes de tapa de bandas independientes, con música de esos mismos artistas sonando en parlantes. Allí expusieron los músicos e ilustradores Mora Sánchez Viamonte (107 Faunos), Marcelo Canevari (Julio & Agosto), Federico Pazos (El Violinista del Amor & Los Pibes que Miraban), Lucas Martí, Paula Maffía, Javi Punga y Antolín. Además el ilustrador Jo Murúa expuso flyers de Los Brosters. Federico Calandria colgó las tapas que creó para Relatos de un incendio y La Nostalgia Soundsystem, los últimos discos de Mi Amigo Invencible. Ioni Scheines, CEO de Galería Editorial y organizador del evento, mostró su emoción por la exposición y adelantó a NaN la idea de editar un libro con flyers de la escena independiente (que permita también recortarlos, pegarlos y utilizarlos como pósters) pese a que tiene limitaciones económicas para llevar a cabo el proyecto. En la habitación contigua hubo proyecciones durante toda la tarde-noche: por allí pasaron cortos animados de la serie San Miguel, de Martín Piroyansky; animaciones basadas en dibujos de Liniers y algunos clásicos de la web Chimiboga, el éxito viral de Ayar Blasco. A metros de allí, otra de las alternativas era sacarse una foto tomando de la mano al Ratón Disney (personaje animado creado por Blasco) colocándose detrás de un noventoso afiche con un agujero a la altura del rostro de uno de los personajes.

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Ioni Scheines, de Galería Editorial, mostró su emoción por la exposición y adelantó la idea de editar un libro con flyers de la escena independiente. Fotografía: Laura Preger

Cerca de las 19, el trío acústico Los Mutantes del Paraná (Nahuel Dirrheimer y Charly Valerio en guitarras y coros; Santiago Dirrheimer, ex Rusos Hijos de Puta, en contrabajo) inició sus primeras piezas en el salón principal del Matienzo. La consigna esta vez era que el público dibujara mientras los oía tocar. La banda recibiría por correo electrónico los dibujos y elegiría uno de ellos para utilizarlo como flyer de una fecha próxima. Decenas de personas, concentradas y a la vez idas, dibujaron durante los cuarenta minutos que duró el show. Entretanto, en el primer piso, Diego Trerotola comenzaba su charla sobre rock y dibujos, contando pequeñas anécdotas, detalles coloridos, sobre cómo la música se hermanó con el cómic —y viceversa— a lo largo de las últimas décadas. Uno de los relatos se centró en la historia de Half Japanese, banda punk (o post-punk, según quién lo cuente) integrada por los hermanos Jad y David Fair, pionera en la creación de sus propios artes de tapa, que resultó además una gran influencia para Daniel Johnston y, como consecuencia, para Kurt Cobain.

No pasaron diez minutos y Paula Maffía ya estaba en el patio con su guitarra desenchufada entre manos, tocando los primeros acordes. Su voz y su guitarra se destacaron entre el respetuoso silencio del público, que se situaba a su alrededor y la ovacionaba entre temas. El rumor atravesó las paredes y los que caminaban los laberínticos pasillos del predio fueron acercándose lentamente al patio, que terminó quedando chico. Paula prefirió moverse hacia el salón principal, para culminar su set acompañada por Santiago Adano en guitarra y Juan Buonome en cajón peruano, ambos organizadores del festival e integrantes de J&A. ¿El final? El trío tocando un cover poderosísimo de “Teenage mutant ninja turtles”, opening de la serie animada homónima.

En el salón principal —ya colmado en capacidad— transcurrieron las tres últimas actividades. Primero, el Pictionary. Dos equipos de cuatro dibujantes cada uno, hombres por un lado (Jo Murúa, Ernán Cirianni, Brian Janchez, Paio Zuloaga) y mujeres por el otro (Sonia Basch, Luli Fishbowl, Gato Fernández, Power Paola), compitieron entre sí. El público se encargó de descifrar los dibujos, que fueron esbozados sobre una mesa y proyectados en una pantalla gigante ubicada por encima del escenario. Luego de la primera ronda, Gustavo Sala y Paula Maffía se sumaron al equipo de las chicas, mientras que Martín Garabal y Ayar Blasco hicieron lo mismo con el de los chicos. En medio del juego y segundos antes del turno de Gustavo Sala, Ioni Scheines manifestó a micrófono abierto estar cansado de que el historietista dibuje chotas. A Sala le tocó ilustrar la canción “Mi novia se cayó de un pozo ciego” y pudo responderle al editor: mediante un procedimiento indescriptible, convirtió un pozo en una verga gigante.

Sala fue nuevamente protagonista cuando junto a Ayar Blasco relataron y comentaron una síntesis del partido que la Selección argentina jugó contra su par nigeriano durante este Mundial. Cada uno con un personaje: agresivo y puteador el primero, lerdo y redundante el segundo. Dejaron comentarios improvisados como “éste es un partido entre negros y argentinos, básicamente”, “Sabella es una mezcla entre Oaki y Luca Prodan”, “a Messi le dicen ‘Pulga’ porque tiene bichos en las bolas”, “cuando muestran las formaciones algunos cruzan los brazos y a otros se los hacen cruzar digitalmente”.

Dando fin a una jornada de más de seis horas, la mini-orquesta Julio & Agosto entró en escena con su repertorio habitual, lleno de armonía, dulzura y suavidad. Sonaron, como suelen hacerlo, en medio de la multitud. Y se fueron por un pasillo, de a poco, como imitando un fade-out, incitando al público a desear que toquen un cosito más, un coso nada más.