Fotografías de Agencia NAN
Buenos Aires, agosto 3 (Agencia NAN-2010).- Nacidos de las caóticas pero bellas pinceladas del artista plástico ACD, un grupo de ojos –-que puja por imponerse y ganar un sitio privilegiado en una cabeza– vigila de cerca lo que sucede en la plaza que se encuentra frente a ellos, a pocos metros de la estación General Pueyrredón. Cuando ningún chico se detiene con su patineta y entorpece la visión, los ojos miran con entusiasmo la variedad de músicos que desfilan por el escenario, la pequeña feria de diseño de indumentaria, literatura independiente y productos artesanales, y las cientos de personas que disfrutan de una jornada multidisciplinaria gratuita y al aire libre. Y si con esfuerzo ojean hacia ambos costados, se pueden saludar con pinturas y fotografías de artistas bonaerenses y rosarinos. Todo eso formó parte del festival cultural Hola Standarte 2010 que se llevó a cabo en la helada tarde-noche del domingo en una plaza de Villa Pueyrredón y que propuso generar un espacio para “expresiones auténticas y renovadas desprovistas de megas marcas y sponsors”.
Como si todo eso no alcanzara, durante la jornada se recolectaron alimentos no perecederos, ropa y juguetes que serán donados a la parroquia Santa Lucía, de Palermo; y a las 50 familias de bajos recursos que habitan el edificio recuperado “Elefante Blanco”, de Villa Lugano, en el que también funcionan dos comedores populares, un jardín maternal, talleres de capacitación y un centro de apoyo escolar, entre otras cosas. “La idea fue salir a la calle a mostrar arte y a la vez perseguir un fin solidario. Por suerte, la gente vino predispuesta a escuchar a distintos grupos, a mirar obras de artistas plásticos, y al mismo tiempo a colaborar”, evaluó en el final del encuentro el músico Fernando Van Lacke, uno de los organizadores.
Sin embargo, Hola Standarte 2010 no tiene su origen en un espacio público. Porque, aunque la iniciativa contó con la organización conjunta del Centro Social y Cultural Raíces y Casa Rosa, la idea central nace de la actividad espontánea de un grupo de artistas que se reúne desde 2001 en el segundo. “Casa Rosa es un lugar donde frecuentamos artistas que nos juntamos a pintar, componer, dibujar, escribir y realizar ideas colectivas. Por ejemplo, realizamos muestras plásticas, círculos de tambores y ciclos de cine e improvisación poética. De ahí salió la idea de intervenir en un parque para mostrar lo que hacemos”, explicó a Agencia NAN Van Lacke, quien abrió su propio hogar para todo aquél que quisiera compartir una propuesta artística.
“Salir a un espacio abierto fue un desafío”, confesó el artista y no pudo disimular en su voz la satisfacción de quien concreta un proyecto por mucho tiempo anhelado. Cerca de él, en un paredón de 10 metros de largo, se lucían pinturas que se codeaban con el postimpresionismo, el cubismo y el surrealismo y que nada tenían que envidiarle a las galerías de arte destinadas a una elite. Entre ellas, resaltaban la serie de autorretratos “Encuentro con el espejo” de María Nöel Lenzken y la profunda expresividad de los rostros de las criaturas que descansaban en los óleos de Marina Retamar. En la otra vereda, para darle dinamismo a los pinceles, desde temprano una artista plástica soñó y pintó en vivo un hermoso cielo celeste, festivo y soleado que, por suerte, se hizo realidad.
Pero cuando la tarde comenzaba a buscar el traje de noche, Androide Mariana se despachó con su propuesta musical a base de canciones híper bailables y divertidas. Entonces, fue imposible que los riffs de las violas y el desquicie de la batería no atrajeran a los corajudos que se aguantaron el frío “malvado” y se quedaron hasta el final del encuentro para agitar los hombros y las melenas. Una vez más, los músicos lomenses ganaron la batalla “contra el mal”, esta vez, encarnado en la crudeza del clima.
Según el joven organizador, “estamos viviendo un cambio cultural y artístico muy grande. Yo creo que hay muchos grupos de artistas –algunos se conocen entre sí y otros no– que trabajan de forma colectiva y que están generando que el público reciba otro tipo de propuestas” alejadas del mercado. “En los noventa se notó la movida autogestiva e independiente. Ejemplo de ello son la FLIA o la UMI, que arrancaron como algo chiquito y en poco tiempo explotaron. Y nosotros somos parte de este momento histórico que ojalá dé sus frutos”, deseó.
Es que el festival Hola Standarte 2010, como tantas otras experiencias “emergentes” (entendida como el “proceso de innovación en las prácticas y los significados”, según Raymond Williams), no sólo apuntó a promover las producciones artísticas que se desarrollan en circuitos alternativos, sino que aportó al proceso de democratización del arte y motivó a la recuperación de los espacios públicos.