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Juan Manuel Caputo: “Somos animales del teatro”.-

Un buen día, hace seis años, este actor treintañero decidió cambiar el aplauso por pedidos de subsidios, envíos de formularios y largas colas para hacer trámites. La creación, y la puesta en marcha desde hace seis ediciones, de un festival teatral de Bahía Blanca fue el inicio de una travesía que arranca en la actuación y culmina en el de la gestión cultural. En el medio, también creó y coordina Pirologías!, en la zona oeste de Gran Buenos Aires, en donde no hay salas teatrales.

Por María Daniela Yaccar

Fotografía gentileza Bahía Blanca Teatro

Buenos Aires, mayo 6 (Agencia NAN 2011).- El tipo no atiende el teléfono, patea la nota, no la puede hacer personalmente, pero no genera rencor en esta cronista. Porque no es lo que en la jerga periodística se denominaría “estrella”. Juan Manuel Caputo es un actor treintañero desconocido que un día decidió “reafirmar” su narcisismo y poner el cuerpo abajo del escenario. Desde hace seis años conviven en él dos facetas: es actor y gestor cultural. Por eso –y porque está a la cabeza de un festival que él impulsó y que comienza mañana–, está hasta las manos, y se le perdona que, en lugar de hacerse una hora para conversar con Agencia NAN, mande las respuestas en un Word que, por cierto, destila onda (¡cuatro carillas completas!). Hay muchos ja! en los largos párrafos.

Juan debe haber abandonado a la Orquesta Sinfónica Provincial de Bahía Blanca –que se presenta el día de apertura– sólo para ir al baño y responder el cuestionario, porque las pocas veces que atendió el teléfono estaba “en el medio de un ensayo”. Bahía Blanca Teatro 2011 se desarrollará hasta el domingo 15 en esa ciudad, y entre su programación incluye obras, cursos, seminarios, talleres y conciertos, además de la presencia de artistas locales, provinciales e internacionales. Hay nombres grosos: estarán Ernesto Acher, Carlos Belloso, Los Macocos, Leo Maslíah y Osqui Guzmán, entre otros. En total, se condensarán en la ciudad portuaria alrededor de 60 artistas, y se esperan unos 4 mil espectadores, la cifra aproximada de ediciones pasadas. Esta es la sexta.

Es sincero Juan. “Podría decir que el festival surge de una necesidad como actor, que es cierto. Pero más cierto es que nace un día en el que estaba deprimido. Ya había organizado talleres, seminarios y cursos junto con obras pero no dentro de un marco, hasta que un día se me ocurrió hacer lo mismo pero en el teatro municipal, invitando a un director de teatro de La Plata y un unipersonal de Buenos Aires”, se explaya en la primera pregunta. “Eso, y algunos grupos locales. La primera edición tuvo cinco obras y un taller… cambió un poquito nomás. Ja!”

Y sí, sólo ja! puede decir alguien que rasqueteó una pared de su aldea y, después, consiguió pintarla. Bahía Teatro no es la única iniciativa del inquieto Caputo. También está metido en un festival que se llama Pirologías y que inunda de teatro por un par de días al oeste del Gran Buenos Aires, una zona en la que hay poquísimas salas. Es decir, una zona en la que la palabra “teatro” suena raro. Lo lleva adelante con Paula Brusca y Cristian Palacios, dos colegas que conoció al invitarlos a Bahía Teatro. Ellos son los fundadores de la Compañía Nacional de Fósforos.

En lo que siguió del intercambio de mails con Agencia NAN, Caputo se explayó en su experiencia como promotor cultural: las dificultades en el camino, el manejo de los subsidios y los límites en cuanto al apoyo, la respuesta del público y las razones por las cuales un actor cambia el aplauso por pedidos de subsidios, formularios, cartas, llamados a la prensa y horas de espera.

–¿Por qué un festival en Bahía Blanca? ¿Cómo es la movida teatral allá?
–Básicamente porque yo soy de acá. Nací en Capital, pero acá me crié, y es donde comencé mis estudios de teatro y mis primeros pasos como gestor/promotor cultural (¡productor me parece demasiado! Ja). Bahía tiene muy buena movida, no tantos grupos estables como en otros lugares pero sí producciones todo el año. Además, cuenta con una comedia municipal muy bien organizada y muy bien paga. Y por cómo funciona el festival (en cuanto a público y asistentes a seminarios se refiere), hay mucho interés y no sólo en torno a los que son famosos.

–¿Bahía Teatro cuenta con apoyo o se hace a pulmón?
–Hace tres años que cuenta con apoyo de la Municipalidad de Bahía Blanca, el Instituto Nacional del Teatro y el Instituto Cultural Provincial. En cambio, las tres primeras ediciones no contaba con el mismo apoyo, era casi institucional, conseguimos canje con privados, la Universidad Nacional del Sur adhirió otorgándonos una casa de huésped y por la prensa local siempre fue bien recibido. A pulmón se hizo siempre y trabajamos con la misma intensidad y pasión desde el primero hasta este último. Pero el conseguir apoyo nos permite mejorar las condiciones: más grupos, cubrir estadías en mejores lugares, comidas, más cantidad de pasajes, y un seguro de espectáculo aunque tratamos de mantener la idea original de que el festival se autofinancie.

–¿Hay límites a la hora de aceptar apoyo, por ejemplo, algún subsidio que no recibirías?
–Nada que condicione la libertad de espectáculos ni que esté fuera de lugar (por ejemplo, si es un subsidio para un festival internacional y el festival no lo es). Recibir subsidio o dinero por publicidad no hace que uno sea esclavo de nadie. Si eso queda claro, entonces no hay problema.

–¿Cuál es el criterio de selección de artistas?
–La modalidad es por invitación, pero estamos abiertos a recibir información de cualquier grupo. La calidad del espectáculo es fundamental (en eso somos bastante estrictos). También vemos la escenografía, la cantidad de integrantes, de dónde son, la “historia” del grupo. La modalidad de invitación se debe a que nos interesa generar una relación más personal con cada uno de los participantes. De esa manera se puede generar un mejor intercambio, más relajado, menos protocolar pero no por eso menos profesional.

–¿Cómo conectan este festival con Pirologías?
–Cada uno tiene características y dificultades diferentes. Pirologías es muy interesante no solo porque es internacional y se pueden ver espectáculos interesantísimos a la gorra, sino porque se realiza en Villa Bosch, donde no hay teatros. Entonces, lo que hacemos es adaptar lugares como sociedades de fomento, club de leones, salones, plazas, pubs; aforando a negro con telas, poniendo luces de frente (esto limita muchas veces la puesta). Es difícil pero muy alentador porque con el esfuerzo y el apoyo de mucha gente se lleva a cabo el hecho teatral y el encuentro entre artistas nacionales e internacionales. Además nosotros les cocinamos, los vamos a buscar y los hacemos caminar un poquito para que no se achanchen, ¿vio? ¡Jaja! Bahía Teatro es diferente porque en la ciudad contamos con el teatro municipal, además de los Organismos Artísticos del Sur, como la Orquesta Sinfónica Provincial de Bahía Blanca. También hay otras cuestiones resueltas como la parte técnica, y la prensa no compite directamente con las de Buenos Aires. Ése es un mal que sufre el Gran Buenos Aires. Pero no por esas dificultades, ni de uno ni de otro, los vamos a dejar de hacer… Somos animales del teatro, qué le vamos a hacer (en todos los sentidos, ¡ja!).

–¿Por qué decidiste correrte del lugar de artista y abocarte a la gestión cultural?
–No fue una decisión que tomé un día sino que se fue dando por necesidad. Al principio me era imposible combinar ambas cosas (gestionar lleva mucho tiempo y atención durante varios meses antes del evento); de todas maneras es una lucha interna que sigo teniendo, entre el actor y el gestor. Cuando el festival finaliza, vuelvo a mis actividades como actor que tengo dentro y fuera de la Compañía Nacional de Fósforos. Este año voy a actuar en dos espectáculos del festival: Orquesta en Concierto de Música Mágica, concierto para grandes y chicos, y Alonso y Aguirre, perdidos en el Inframundo, para adultos, que es una producción de la Compañía…. cuando termine el festival te cuento cómo me fue siendo gestor/productor y actor,¡ ja!

–¿Por qué no probar con un cargo en la municipalidad?
–Quizás estaría bueno, quizás no. Cuando uno tiene proyectos propios tiene un mayor control y una mayor libertad. Además, el techo lo pone uno. En cambio, cuando se ocupa un cargo público, hay que estar atento a todas las demandas. Hacen falta planes de fomento y actividades a largo plazo de las que se pueda sacar un real provecho. Ni yo ni quienes me acompañan en el festival ni gente como Cristian y Paula, que hablamos con prepotencia de trabajo, vamos a dejar de hacer estos proyectos. Si por alguna razón alguno de los festivales se deja de hacer, vamos a generar otra cosa.

–¿Creés que los artistas devenidos en gestores culturales integran una tendencia? ¿Es esto cada vez más común?
–Puede ser un poco amplio hablar de gestores culturales, no cualquiera lo es porque haya hecho algo. Del mismo modo, uno no es actor por haberse subido a escena alguna vez. Pero sí creo que hay una necesidad de salir a pelear el lugar, al no tener los medios (generalmente económicos) para contratar a alguien que gestione o produzca tu espectáculo, hay que adaptarse y salir a hacerlo. No queda otra, y a los ponchazos se va aprendiendo. Si uno es atento, como todo en la vida, se pueden aprender y hacer muchísimas cosas, sino quedará en ese proyecto y a otra cosa….Consejo: no hay que dejar que el sistema te gane.

–¿Cómo repercute el lugar donde opera al trabajo del gestor?
–En la Ciudad de Buenos Aires está todo más “profesionalizado” y las comillas son más que importantes, porque si bien están definidos los roles (productor, vestuarista, iluminador, director, escenógrafo) no significa que esto siempre se cumpla ni que se haga correctamente, solo que cada uno de ellos cobra por su trabajo y el sistema funciona así. Es muy difícil pensar en hacer difusión en Buenos Aires si no tenés un agente de prensa. En el interior no es necesario, uno mismo puede hacer la prensa de sus espectáculos. Al vivir en Capital he conocido agentes de prensa y me han ofrecido hacer la prensa del festival. Por supuesto que les di las gracias por su ofrecimiento pero les dije que no, ya que eso lo manejo mejor que ellos por varias razones: sé con quien hablar, conozco el funcionamiento de los medios locales, la relación es más personal y encima me ahorro lo que me cobraría un agente de prensa. El interior tiene algo que en Capital escasea: la relación personal con las personas. Finalmente, en Capital hay mucha competencia, que es una dificultad no menor a la hora de preparar algo.

–¿Cuáles son las principales dificultades de ser gestor cultural?
–¿El sistema? ¡Jajaja!… Subsidios, cartas, horas de espera, formularios, pedidos, horarios que limitan (sólo de mañana y de lunes a viernes se pueden realizar algunas actividades administrativas, ¡que no te toque un feriado!), paros gremiales, el desprestigio de la cultura de algunas personas, el no reconocimiento del trabajo del gestor. Pero un maestro, un médico, un técnico de teatro, un portero; todos en todas las áreas tienen dificultades, tienen que dar vueltas y llorar por lo que no se tiene. Además está clarísimo que las dificultades te hacen ser creativo… si no sería aburrido, ¿no te parece?

–¿Ser gestor es correrse de un lugar narcisista típico del actor?
–No, todo lo contrario, ¡es reafirmarlo! Jajaja. Soy de Leo y muy inquieto. No solo organizo el festival sino que este año actúo también, entonces la suma hace que reciba más aplausos porque la gente recibe muy bien el festival ¡y seguro mis actuaciones serán fenomenales! Jajaja. Hablando en serio, no creo que pueda correrme de lugares que me expongan, no lo mido desde ese punto. Hago lo que se me va ocurriendo, lo que necesito, lo que me gusta, lo que puedo. Me gusta actuar, producir, gestionar… y bueno, ¿qué puedo hacer? Todavía soy un niño. ¡Quiero todo!

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