Nacida con una finalidad gremial, de la mano de docentes, la Casa de Trabajadoras y Trabajadores Fuentealba acaba de cumplir tres años. El propósito original de la casona ubicada en Temperley se amplió, sobre todo en 2010: asambleas y debates se cruzan con talleres, muestras y proyecciones. «Nos interesan las expresiones que tienen que ver con la vida de los trabajadores», puntualiza una de las fundadoras.Por Ailín Bullentini
Fotografía gentileza de Casa Fuentealba
Buenos Aires, diciembre 22 (Agencia NAN–2010).- “Existen espacios grandísimos, súper producidos y con mucho apoyo, que no tienen la vida de esta pequeña casita que vive y camina gracias al esfuerzo de un par de personas que creímos en ella.» La reflexión de María Florencia Muñoz sale despacio, suavemente. No está cargada de rencor hacia los proyectos que la “tienen fácil”, sino de todo lo contrario respecto del sueño que hace tres años empezó a cumplir con un grupo de colegas. La docente de nivel primario habla con tranquilidad y esperanza de la Casa de Trabajadoras y Trabajadores Carlos Fuentealba, que cumple tres años de puertas abiertas en Temperley, Buenos Aires.
En el camino de la lucha gremial que sostenían a diario, un grupo de delegados de Suteba de distintas escuelas de Lomas de Zamora comenzaron a soñar con la posibilidad de tener un espacio propio que, a la vez, sea abierto. “Por fuera del sindicato, los laburantes no tenemos lugares donde reunirnos, donde organizarnos. En los ’60 y los ’70, esos espacios autogestionados estaban por todos lados. En los ’80 hubo un pequeño resurgimiento, que se desplomó en los ’90, cuando no quedó nada”, recorrió María Florencia. Los creadores de “la Casa”, como suelen llamarla, quisieron impulsar el relanzamiento de esas iniciativas en el sur del Conurbano, a las que consideran “una alternativa frente al sistema que busca fomentar el vínculo público, entre las personas”.
Las puertas de una casona vieja de 14 de Julio 140, en Temperley, se abrieron el 18 de diciembre de 2008. Su primera y originaria finalidad fue gremial. Los docentes creadores del proyecto formaban parte –y aún lo siguen haciendo– de la Agrupación Carlos Fuentealba y la intención era darle un techo al funcionamiento de ese colectivo. La razón del nombre tiene que ver con una reivindicación del nombre del docente neuquino que murió asesinado por una bala policial mientras mantenía una protesta por las condiciones laborales de él y sus compañeros. “Seguimos valorizando a la lucha de los trabajadores en todas sus expresiones. Se trata de una consigna de trabajo primordial; es lo que nos moviliza a hacer”, puntualizó la maestra. Con ese sentido, dos salas de la Casa se llaman Darío Santillán y Maximiliano Kosteki, asesinados por la Bonaerense durante un corte de la avenida Hipólito Irigoyen en 2002. También se manifestaron en repudio por la muerte del militante del Partido Obrero, Mariano Ferreyra.
Sin embargo, “la integración de compañeros más jóvenes y de otras áreas y mundos que se fueron sumando amplió la propuesta”. A tres años, la joven mujer balancea el crecimiento del espacio y rápidamente saca conclusiones: 2008 fue un año de pulmón en un laburo de hormiga para que el proyecto pueda salir caminando solito; 2009 fue el momento de recogimiento y de muchos acontecimientos. Pero el 2010, sin duda, fue el año de la explosión cultural de la Casa. “Nunca nos diversificamos tanto”, aseguró María Florencia.
A las asambleas, charlas y debates que suceden desde el inicio en la Casa, se sumaron propuestas culturales, talleres de variadas disciplinas artísticas. Además, el lugar se convirtió en escenario, sala de exposición y de cine de diferentes artistas independientes y autogestivos. “La Casa se convirtió en una alternativa para quien estaba buscando un lugar donde estar, donde ser”, apuntó María Florencia, antes de limitar ese ser/estar al significado/significante de la palabra trabajo. Por un lado, la maestra de grado explica que el espacio Carlos Fuentealba es aquél “donde se pueden dar todas las expresiones de un laburante: el trabajo, el descanso, la organización, el disfrute, la expresión cultural”.
Pero la frontera también se dibuja desde la definición de la palabra «cultura», que cobra vital importancia en el puente construido entre los objetivos primitivos de la casa y su funcionamiento actual, ampliado. “Entendemos lo cultural desde la puesta en arte de lo popular. Nos interesa esa clase de expresiones, que tienen que ver con la vida de los trabajadores. La cuestión abstracta, que no sabe bien a dónde va, qué quiere decir, no nos interesa demasiado”, puntualizó la docente.
Además, la Casa es un punto de reconocimiento para el barrio y los vecinos que lo integran. “El proceso no fue fácil. Nos costó que nos pierdan el miedo y se hagan amigos”, comentó la docente. ¿Miedo? “Es que está todo tan metido para adentro que cuesta salir al sol”, explicó. Hoy, muchos de ellos toman clases de tango, folclore, música o pintura. Tantos otros se acercan cuando cae el sol a charlar un rato. La casa ya es del barrio.
*La Casa de Trabajadores y Trabajadoras Carlos Fuentealba mantiene una convocatoria permanente a artistas que deseen exponer sus creaciones –plástica, cine, música– y a aquellos incipientes creadores que deseen explotar sus ganas de hacer. Por otro lado, la Casa está abierta para estudiantes y trabajadores que necesiten un espacio de reunión.