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La izquierda se unió… en viñetas.-

Nacida en el seno de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, Comux es una publicación de humor gráfico que parodia a la realidad estudiantil universitaria y, particularmente, la militancia de izquierda de una manera antes inexplorada.

Por Nahuel Gómez
Fotografía de Federico Moscoso

Buenos Aires, noviembre 23 (Agencia NAN-2011).- Todo lo que involucra al ámbito de una facultad no se acaba una vez finalizada la clase. Tampoco cuando los estudiantes se vuelven a su casa o se van a laburar. La mayoría de los estudiantes se lleva consigo anécdotas –que todo espacio social posee– o bien una buena cantidad de apuntes que, en muchos casos, emplea para entablar nuevas discusiones o hacer alarde de sus conocimientos. Siguiendo esta línea, las facultades de Ciencias Sociales, de Filosofía o similares tienen una particularidad: además de reinar en ellas un clima intelectual (no descartemos el prefijo “pseudo” para este último adjetivo) toma relevancia un pensamiento de izquierda o una militancia de izquierda que, al menos discursivamente, se manifiesta en cada pasillo y atraviesa todos los claustros.

Comux es una publicación de humor gráfico de distribución gratuita que surge para tematizar sobre la realidad estudiantil universitaria de una manera antes inexplorada. La revista apela en cada una de sus viñetas a situaciones comunes de la mayoría de los estudiantes universitarios haciendo especial hincapié en el humor de izquierda e intelectual, mejor dicho, en un humor crítico de “la izquierda” y de “lo intelectual” que rodea a la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. Nace en este ámbito en el año 2010, meses antes de la toma de sus edificios, evento que la catapulta al reconocimiento por parte de un gran número de estudiantes: la revista comenzó a distribuirse de mano en mano y de boca en boca en las asambleas.

Pero a no confundir: hacer humor crítico no es lo mismo que hacerle el juego a la derecha. Max Pérez Fallik, uno de los creadores de Comux, resalta esta diferenciación y aclara al respecto: “Dentro del staff somos todos muy diferentes: uno milita en Izquierda Socialista, otro es militante peronista, otros políticamente indefinidos. Hay de todo”. Y continúa: “nosotros hacemos chistes sobre lo que nos es más cercano. Le mostré la revista a mi viejo, que es militante de izquierda de vieja cepa y me dijo: ‘estás demacrando la imagen de la izquierda, no tirás nada contra la derecha ’. Y es verdad, no tenemos ningún chiste contra la derecha. Tenemos miles de chistes sobre la izquierda porque no hay ningún chiste sobre la izquierda. Nadie está metido en la militancia como nosotros, es nuestra realidad. Vivimos en una facultad de discurso de izquierda, hacemos referencia al paradigma en el que nos movemos”.

El staff principal de Comux, compuesto en su mayoría por estudiantes de Ciencias de la Comunicación de la facultad –aunque cada vez más se incluyen estudiantes de otras carreras– emprendió la dura travesía de todo proyecto independiente, con una tirada inicial de 400 ejemplares totalmente autofinanciados, sin la ayuda de publicidad y repartidos sólo en la Facultad de Sociales. A pesar de todos estos obstáculos y la consiguiente precariedad de las publicaciones, la comunidad estudiantil recibió a la revista con los brazos abiertos. Con el impulso que les dio la toma de la facultad, sacaron un número especial dedicado a la huelga estudiantil y pudieron lograr un nombre –al menos dentro de Sociales, sus inmediaciones, el barrio y otras facultades como la de Filosofía y Letras de la UBA– que les permitió salir a buscar anunciantes con más chances.

Otra de las claves que permitieron una mayor difusión fue la respuesta que se obtuvo por parte de quienes fueron retratados dentro de las historietas. Al ser una revista que constantemente hace referencia a personajes reconocidos de la facultad, como profesores y directivos, el despertar del interés por parte de estos fue algo que los editores tuvieron muy en cuenta. “Nosotros podemos repartir las revistas en los pasillos o dejar los revisteros en los centros de estudiantes, en esos casos un estudiante las recibe, las comenta con sus amigos y así crece el círculo. Pero con un solo profesor que la comente en clase, estamos ganando entre veinte y treinta personas que van a ir a buscarla; entonces, nos propusimos llevarlas a sala de profesores. La difusión creció mucho más gracias a eso”, comenta Max.

Este reconocimiento también les permitió acceder a un subsidio otorgado por la Secretaría de Publicaciones de la facultad, para el cuarto número de la revista, recientemente editado. “Fue sólo por una vez. Nuestro mayor desafío es el próximo número, porque este último lo hicimos con tapa a color, papel ilustración, y una tirada de 2 mil ejemplares, un numerito difícil de igualar” señala Fallik.

La buena onda tampoco se hizo esperar desde los compañeros del centro de estudiantes, quienes cedieron una de las paredes del espacio cultural del edificio de Constitución, para pintar en ella un mural, con un estilo que recuerda a la serie y revista ¿Dónde esta Wally? En el mural se esconden objetos característicos de la facultad, pero también personajes vinculados de alguna u otra manera con ella (desde profesores, directivos, estudiantes, hasta políticos y autores abordados en las carreras).

El lector que tiene en sus manos una Comux no debería esperar ilustraciones de gran calidad. La mayoría de los colaboradores no son grandes dibujantes, y los que sí se las arreglan en esas artes, tampoco lo hacen profesionalmente. La propuesta está abierta para quién tenga un chiste y quiera dibujarlo, siempre y cuando exista espacio para hacerlo. El que disfruta de esta publicación lo hace porque es cómplice de las situaciones que se presentan en ella, del lenguaje que se emplea, de los temas que se tratan o de las formas de contar y de ver un mundillo tan particular como el universitario. Es por eso que a veces se recrean chistes que parecen encontrar su gracia para un público claramente delimitado.

“Hay algunos chistes que mandan los colaboradores que tratan, por ejemplo, de una discusión de Althusser con Lacan, que entiendo yo y cinco flacos más. Y cuando el chiste se lo damos a alguien que no tiene nada que ver con la facu dice: ‘se nota que es gracioso, pero no lo entendí’. Entonces a partir de ahora estamos poniendo dos o tres chistes por revista que tengan humor bien clásico. La idea es ir abriendo los temas sin perder la especificidad, no queremos ser endógenos, aunque encerrarnos un poco le da un toque especial a la revista”, arguye Max.