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La nave en Ciudad Cultural Konex.-

Con la solidez de casi diez años de vida, el colectivo interdisciplinario El Choque Urbano vuelve a presentar su última creación, que combina danza, teatro y música. Entre corridas y temporales, el espectáculo se construye en diálogo con el público.

Por Sergio Sánchez
Fotografía gentileza de El Choque Urbano

Buenos Aires, enero 21 (Agencia NAN-2010).- Mueven el cuerpo como gimnastas, dialogan y hacen reír sin la necesidad de lenguajes convencionales. Tocan instrumentos inventados y logran que las butacas no sean impedimento para activar el baile. Y es imposible no mover las manos, hacer palmas o agitar el cuerpo cuando El Choque Urbano se desenfrena. Así lo hizo, una y otra vez, el domingo pasado en su espectáculo La nave, en Ciudad Cultural Konex (Sarmiento 3131), un espacio propicio para cobijar experiencias artísticas innovadoras y poco comunes.

Es difícil definir la propuesta de El Choque ¿Una obra de teatro? ¿Un show de música? ¿Una compañía de danza, tal vez? Todo eso y mucho más. De hecho, no hacen falta las clasificaciones. Lo que importa es que se trata de un espectáculo imperdible que invita a despertar los sentidos y a no permanecer pasivo durante casi dos horas.

Con ese fin, la acción transcurre en una suerte de navío tripulado por más de una decena de personajes que interactúa a través de gestos y un idioma desconocido. Por supuesto, la música también es una vía fundamental para fijar las situaciones humorísticas y dramáticas que le dan vida a la historia. Así, el relato comienza cuando los tripulantes persiguen a un hombre que intentan capturar. Desde un extremo al otro del escenario, los músicos-actores despliegan sus manos como garras gigantes para capturarlo. Luego, una vez incorporado el nuevo integrante, emprenden un viaje hacia un sitio nunca especificado, que sólo al final se podrá deducir.

Durante el camino, cada situación está determinada por la música dance al palo y ritmos cargados de percusión Pero, ¿cuál es la innovación? Lo realmente novedoso es que los instrumentos no son más que objetos cotidianos y el propio cuerpo, como la voz o el golpe de las manos en las piernas, o los pies contra las tablas del escenario. Bolsas de plástico, megáfonos, planchas de chapa, tachos de pintura, barriles y una extraña batería son las herramientas para crear sonidos… En verdad, “sonidos” suena a poco. Porque, cuando los integrantes de El Choque se activan, rompen todo, generan furiosos segmentos musicales súper bailables y coordinados. Nunca un error, nunca un destiempo.

Y son esos pasajes musicales los que guían la acción. Por ejemplo, cuando el barco es azotado por una tormenta, son los músicos los que crean el temporal: las placas de metal se convierten en truenos y las bolsas de plástico imitan el ruido estrepitoso de la lluvia. Y se hace imposible no imaginar la lluvia sobre la cara o intentar taparse para no ser chocado por el agua. Por eso, el colectivo de artistas también busca estimular la imaginación e interactuar con el público.

Tal es así que, sobre el final de espectáculo, cuando los personajes llegan a tierra, los habitantes del nuevo lugar son los espectadores. Desde el escenario, un tripulante se sorprende por el descubrimiento: tiene ante sus ojos a cientos de extraños seres sentados en butacas. Entonces, no hacen falta las palabras para comunicarse. Inmediatamente, el hombre con ropa deslucida segmenta con la voz y las manos los diferentes sonidos que el público debe emitir. Primero, los de la derecha gritan “¡ah!”; luego, los de la izquierda vociferan “¡eh!” y, por último, los del medio exclaman “¡oh!”. Así, bajo la dirección de un personaje, los asistentes producen una canción.

* La nave se presenta los sábados a las 00.30 y los domingos a las 21.30 en C. C. Konex.