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Las letras por las astas.-

Evohé, Los asesinos tímidos y El monstruo de la Ría son sólo tres de las tantísimas revistas autogestivas que apuestan a narraciones, poesías, fotografías e historietas para cautivar a los lectores, que las encuentran en ferias, centros culturales y fiestas. En papel o arrojadas al blog por dificultades de impresión y distribución, todas nacen, algunas sobreviven y otras mueren como tantas parejas, dos números después.

Por Esteban Vera
Fotografía de Mariana Meyer

Buenos Aires, julio 8 (Agencia NAN-2010).- Noches de lecturas de poesías y narraciones, la Feria del Libro Independiente y Alternativa (FLIA), editoriales autogestivas y fiestas culturales dan cuenta de una nueva ola de publicaciones literarias de tiradas pequeñas, en blanco y negro, incluso fotocopiadas en algunos casos. Son revistas y fanzines que apuestan al cruce de poesía, narraciones, fotografía e historieta. Comenzaron a circular en la blogosfera a partir de la masificación de los espacios de producción e intercambio provocada por Internet. En el paso a papel, la expresión “todo a pulmón” sintetiza el esfuerzo de sus hacedores. La mayoría de los protagonistas nacieron a fines de los ’70 y ’80. Agencia NAN esboza un pantallazo a través de tres publicaciones, con distintos recorridos.

Opera prima

Aún en producción, Evohé (que refiere a la novela Rayuela, de Julio Cortázar) es una publicación de poesía, pero que no se ceñirá exclusivamente sobre textos sino que incluirá fotografías e ilustraciones. Verá las calles en agosto. Mientras tanto, se puede leer en el blog evohe-revista.blogspot.com, que anticipa influencias que van desde el Boom Latinoamericano (BL) a Roberto Bolaño. Así, aludirá a lo que bien podría llamarse un clima de época en que jóvenes escritores afincan su escritura en una atmósfera de reivindicación latinoamericana.

“Tiene mucha presencia de lo que estamos viviendo en la región. Creemos, sentimos, que hay una revolución cultural. Lo notamos en la apertura de muchos espacio culturales y en la participación de la gente”, explicó Malena Pascual, de 19 años, estudiante de Artes en la UBA, poeta de nacimiento y “enferma por Cortázar y el BL”. Ella es una de los cuatro fundadores de Evohé, surgida en Glew, Almirante Brown, cervezas de por medio, un año atrás durante una tertulia entre un grupo de amigos. Completan su staff Federico Estancona, Andrés Farías y Adrián Regules.

La revista, además, cuenta con más de veinte colaboradores permanentes, incluidos algunos del interior del país, que envían sus textos por mail. Muchos se acercan a través de las fiestas que organizan los jóvenes editores. Según Pascual, no plantean censurar textos, incluso si son aberrantes. “La idea es publicar a todos lo que se comprometan con el proyecto. Y si alguien escribe una oda a Hitler, la publicaremos, pero entre todos le daremos una devolución con nuestros puntos de vistas. Sumo a los lectores, ya que para nosotros la crítica se construye entre todos”, explicó la joven.

En la blogosfera

Desde Glew algunas estaciones de tren hacia el norte, en Lanús más precisamente, el cuentista Juan Burzi, de 34 años, edita Los asesinos tímidos (LAT), una publicación bimensual con ficciones de autores novatos, desconocidos o inéditos, que confluyen con entrevistas o reseñas a autores reconocidos, entre ellos, Martín Kohan, Guillermo Martínez y Alberto Laiseca. Al revés de la mayoría de las publicaciones, comenzó en papel con una tirada de 1.500 ejemplares, que se fue reduciendo con el paso de los números hasta pasar al blog, en lat2.blogspot.com. “Tenés que ser un cabeza dura para hacerla en papel, por todo el trabajo extra y el costo de impresión. Se vuelve ingrato con el paso del tiempo, pues deja de depender de uno la publicación y pasa a hacerlo de los tiempos de la distribuidora y de la imprenta”, analizó Burzi. “Internet te permite recuperar autonomía –siguió– y no tener gastos.” Según estadísticas del sitio, LAT tiene alrededor de dos mil visitas por número.

En Bahía Blanca, los escritores Diego Rosake, Natalia Molina y Valeria Tentoni, editan El monstruo de la Ría. Se trata de una revista mensual “de literatura delirante, con inquietudes políticas”, según define Tentoni, ex directora y creadora de La Quetrófila, publicación de narrativa y poesías. En sus pocas páginas, se leen textos cargados de ironía, con pocas ilustraciones. Ya con dos números en las calles bahienses, la publicación podría también replegarse a la web, por las dificultades de distribución e impresión.

¿Gratis?

“No estoy de acuerdo con la gratuidad, porque hacerlas implica trabajo, esfuerzo. Y además, no se trata de quedarnos con la plusvalía, sino de tener recursos para solventar los gastos de impresión”, sostuvo Pascual, cuya revista podría tener un valor que no supere los cinco pesos. “Hoy me compré un chocolate y lo pagué tres pesos. Con dos pesos más, alguien se podría comprar una revista que se puede leer todas las veces que se quiera y, si se quiere, coleccionar”, argumentó. Mientras tanto, Evohé se sostiene con la organización de fiestas culturales. Algo parecido marcaron los responsables de LAT y El Monstruo de la Ría. “Le pusimos un valor simbólico de cuatro pesos para pagar la imprenta del número siguiente”, sintetizó Tentoni.

Relacionado con el precio de tapa, los editores tienen otras dificultades, como la distribución de los ejemplares, puesto que implica la formalización de los proyectos. Lo explicó Burzi: “Si la ofrecés gratis, la podés dejar en una librería, un kiosco o un centro cultural; pero si le ponés un precio, tenés que comenzar a facturar”. A los aprietos en la colocación, se suma la invisibilidad que provoca no contar con una distribuidora. “No leo revistas literarias independientes porque no tengo acceso a ellas, pero sé que existen”, comentó Pascual. Sin embargo, encuentran vías alternativas: montar puestos durante recitales de poesía o relatos, ferias o fiestas (justamente, los creadores de Evohé venderán la primera tirada –150 ejemplares– en una fiesta en Lomas de Zamora). O apelar a un “delivery literario”, añadió la autora bahiense. “Nos envían un mail y acordamos si vamos a la casa o nos encontramos en una equina para entregarle la revista”.

Pero las dificultades de distribución no son las únicas que aquejan a las pequeñas publicaciones. El costo de las imprentas provoca su repliegue a los pocos números.

Fetichismo por el papel

El fetichismo por el papel atraviesa a los creadores de la revista. “Pensaba que era la manera más tradicional y bella de tener una revista literaria, y además permite coleccionarla”, consideró Burzi, aunque hoy ya no envía Los asesinos tímidos al taller. No obstante, Tentoni sostuvo que “no se trata de un capricho por el papel, sino de una resistencia cultural, se trata de defender la palabra impresa”. Mientras para Pascual, se trata de “trascender Internet y revivir las relaciones humanas”.

“Las parejas y las revistas literarias/duran casi siempre dos números”, decía en una poesía Fabián Casas. Y lo cierto es que la suma de dificultades transforman en efímeras a la mayoría de las publicaciones, entre ellas, La Quetrófila, de Tentoni que feneció al tercer número. Una recorrida por los stands de la FLIA (un espacio que permite conocer la fértil producción del under literario y que se realiza desde 2006 en centros culturales, asambleas barriales y cooperativas) permite confirmar el verso de Casas.

De todas maneras, si bien toda tarea literaria queda por definición inconclusa (y desde luego las publicaciones literarias under son un clarísimo ejemplo sobre todo a causa de las dificultades materiales), se puede decir que estas revistas literarias cumplen con, al menos, dos propósitos: dar espacio a nuevas voces en sus páginas y promover la apropiación de la literatura por parte de jóvenes artistas.