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Les Fleurs, Johnosoyyoko y Los Pus en El Emergente Bar.-


El rockero local del Abasto sirvió de escenario para que las tres bandas demostraran el abanico de matices del noise independiente local.
 
Por Nahuel Gomez
Fotografía gentileza de Ricardo Lavia
Buenos Aires, agosto 13 (Agencia NAN-2013).-Las elecciones del pasado fin de semana paralizaron gran parte de las actividades que se pergeñan cada viernes y sábado en los antros porteños. Algunos lugares cierran o no ofrecen sus platos más fuertes, pero el público también tiende a guardarse. Aún así, para muchos es imprescindible buscar un sitio donde se respire el aire de otros fines de semana. Una excepción interesante en cuanto a rock alternativo tuvo lugar en la trasnoche del viernes, en El Emergente Bar (Gallo 333), donde el sello independiente Black Fish mostró algunas de sus cartas: Les Fleurs (banda comandada por Gonzalo Verde, creador de la discográfica del pececito), Johnosoyyoko y Los Pus fueron una buena receta para despabilar los oídos después de tanta cháchara pre-electoral.

La idea, a priori, era ir a escuchar tres grupos que se identifican en mayor o menor medida con el noise rock. Pero como las etiquetas son muy útiles para distinguir una lata de arvejas de una de tomates en el chino, y no tanto para describir cuál es la propuesta musical de una banda, era necesario experimentar los matices de aquellos grupos que aparentan integrar esa gran familia en la que Sonic Youth parece poseer el rol patriarcal.
El comienzo a cargo de Les Fleurs tuvo mucho de épico. Se sustentó en la batería de Guido Braini —quién toca de pie y sin bombo—, con un ritmo ascendente que marca el paso para que Gonzalo Verde introduzca el sonido onírico de su guitarra, con distorsiones presentes, pero principalmente cargada de delay. Las voces —prácticamente susurros— de Vanina Arce o del mismo Gonzalo intervienen como un elemento melodioso, que aportan a ese ambiente espacial y de ensueño desde la variedad de formas, más que por el contenido. De fondo, las proyecciones de películas y dibujos animados setentosos generan un clima que roza lo lisérgico y se adapta a la perfección a la impronta sonora del trío. 

Desde Johnosoyyoko la propuesta es ligeramente diferente. Se oyen reminiscencias noise en los solos de guitarra de Adrián Nicoletti, pero la influencia post-punk de The Cure se muestra con algo más de firmeza. El bajo y batería abandonan la linealidad que imperaba y toman presencia propia. Los sonidos pop toman forman de canción y Pablo Mason, cantante y guitarra rítmica del grupo, acompaña con su voz durante gran parte del tiempo. A diferencia de Les Fleurs, no queda tanto lugar para el ambient y el space rock. Mason toma protagonismo como frontman, se permite algún que otro chiste entre tema y tema, y hasta dedica el show al Doctor Tangalanga, de delicado estado de salud.
Toda perilla de ganancia que se encuentre cerca esta destinada a girar a la derecha. Suben Los Pus y parte del público se agolpa frente al escenario esperando motivos para poguear. Si bien se identifican con la movida, lo de los lujanenses se parece más a un grunge o a un punk esquizoide que al sonido típico del noise. Una hora de velocidad y sonido al mango en la que predominan los acordes de quinta por sobre las melodías y las distorsiones podridas reemplazan al sustain infinito. Apenas se oyen las palabras de Janson (voz y guitarra), y Mailén (voz y bajo), que esboza coros en algunos pasaje instrumentales. Nada atraviesa el volumen del infranqueable muro sonoro, que deja a este cronista con los oídos zumbando durante algunos minutos.