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Libros: “Breviario de furias” (Daniel Diez, 2011).-

Con una prosa sencilla pero sustanciosa, el nuevo compendio de cuentos de Daniel Diez explora historias a través de relatos breves que oscilan entre lo fantástico y la asombrosa cotideaneidad, aunque todos ellos demuestran la infinita capacidad de reinventarse que tiene la literatura.

Por Nicolás Alonso

Buenos Aires, octubre 24 (Agencia NAN-2011).- Lo sobrenatural, lo extraordinario, lo asombroso, lo maravilloso, lo excepcional, lo perturbador, lo milagroso, lo perverso, lo insólito, lo insoportablemente inexistente… lo fantástico. Hay que tener unos huevos de oro para lidiar con estas palabras. Y es que la literatura fantástica necesita de coraje y entrega. La creatividad y el ingenio también son valores que cotizan alto, pero hay que tener ante todo cojones para animársele a un género de tanta historia, de tan glorioso pasado. Por eso es tan grato leer Breviario de furias (Santiago Arcos editor, 2011) de Daniel Diez, porque logra esquivar y a la vez reivindicar ese universo fantástico que lleva, una y otra vez, a los queridos Jorge Luis Borges y, especialmente, a la literatura de Adolfo Bioy Casares.

Es una injusticia, sí, no hace falta decirlo. Toda comparación es injusta. Y es que precisamente ése es el fantasma de este tipo de literatura: en que hace inevitable la reescritura, los reenvíos de sentido hacia obras de una potencia, una fuerza y una presencia inigualable. Ante esto se pueden oponer dos actitudes diferentes: una es la tentación siempre acechante de caer en la repetición, en la burda copia inconsciente, que, naturalmente, siempre sabe a ridiculez. La otra, más noble y complicada, es alimentarse de ese universo significante, apropiárselo y reescribirlo en sentido propio. Esto es lo que hace inagotable a la literatura y lo que le da su exuberancia y su frescura. Breviario de Furias es un claro exponente de esta segunda actitud, un fascinante compendio de relatos en donde la cotidianeidad enrarece, se convierte en el hogar de seres, de experiencias fantásticas y misteriosas.

Con una prosa sencilla pero sustanciosa y versátil, Diez explora historias a través de relatos breves en los que los cortes abruptos constituyen una de sus mayores virtudes. Como el caso de «Punta Roja», el relato inaugural del texto. El cuento narra la historia de un científico argentino a cargo de una base de investigación en Punta Roja, lugar en el que se descubrieron unas extrañas criaturas llamadas gúbulas. A pesar de la precariedad de las condiciones en las que trabajan los investigadores argentinos, el protagonista consigue que un experto alemán de nombre Sven Wurnik acceda a venir al país para dar su opinión acerca de estos misteriosos seres. Luego de un relato hipnotizate y adictivo, Wurnik desaparece después de algunos días de trabajo y, con él, desaparecen para siempre las gúbulas.

Una de las notables virtudes de Diez es su capacidad de oscilar entre relatos sumamente fantásticos como el anterior, aquellos en que seres como la ibina, las gúbulas o los perros nocturnos interactúan con personajes atónitos y misteriosos; y otros de una atmósfera perturbadoramente cotidiana. Entre estos últimos está Famosa Arpía Oval, en el que una vieja solitaria encuentra un video pornográfico en las escaleras de su edificio y con la idea fija de descubrir a su dueño, comienza a perseguir a su vecina al tiempo que busca excusas para ver, una y otra vez, las escenas del video. “Entonces el dueño original del DVD, muy probablemente la tontuela de Laurita, veía eso. No tan tontuela, quizás si hasta le llegara a gustar. Pero claro que le gustaba, si hasta a mi no me había desagradado del todo.”

Uno de los puntos más altos del libro está en el cuento «Mi Familia», una estremecedora narración de una niña (quizá adolecente, quizá mujer madura) que se halla encerrada en su propia casa, constantemente drogada por sus propios padres que parecen transformados en zombies. “Pienso en no dormirme y, cuando ellos si lo estén, colocarles una bolsa de supermercados en la cabeza. Sé que no lo voy a hacer, pero la idea me reconforta. Me pregunto si podré discernir cuándo será el momento. Sé que de hacerlo será de mañana. Ya saber la hora virtual en la que podrías llegar a matar a tu familia es pavoroso”. A través de estos relatos, Daniel Diez logra demostrar cómo la literatura tiene en su seno la capacidad de reinventarse. Demuestra que el peso de los grandes narradores puede convertirse en impulso creativo, que ese peso debe ser violado, reescrito, reapropiado. Lo que se evidencia, en el fondo, es que no hay comparación porque todo está ya contaminado desde un principio.