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Libros: “Burocracia” (Santiago Ambao, 2011).-

Ambao ofrece un universo sombrío, burocrático, clausurado, que reduce al mínimo la esperanza en el alma de quienes lo habitan. La historia, construida con reminiscencias a Huxley, Orwell y al vernáculo Arlt, se teje en base a paranoias y confabulaciones; intrigas políticas, crímenes e interrogantes existenciales. La oferta de Ambao es negra, como el género al que se adapta.

Por Esteban Vera
Buenos Aires, noviembre 21 (Agencia NAN-2011).-“¿Cómo podría un hombre, un mínimo engranaje de una maquinaria gigantesca y corrupta, mejorarla?” A partir de esa pregunta el escritor Santiago Ambao –con residencia en Barcelona– desarrolla la trama de Burocracia (Gadir Editorial). Se trata de una novela negra ambientada en una distopía, es decir, un relato sobre el peor de los mundos posibles. El autor narra un universo sombrío, anclado en una ciudad imaginaria con trazos porteños y españoles, pero con un registro lingüístico rioplatense.
En esa ciudad, el Estado vigila y castiga a través de un aparato burocrático gigantesco ante el temor de supuestos ataques terroristas. “El fantasma de los portales (ventanas inexplicables que permiten escuchar conversaciones que tienen lugar en la ciudad) era más peligroso que los portales mismos”, conjetura el narrador. Pero además reprime y excluye del contrato social a deudores de impuestos y, sobre todo, a ancianos: los aísla en los márgenes de la ciudad.
Aunque la novela transcurre en años analógicos (no hay Internet, todos se comunican con telegramas), al leerla es imposible no mirar este presente, impregnado de los discursos de derecha sobre seguridad y vigilancia.
En esta ciudad, el poder es paranoico, kafkiano. Todos pueden caer en las redes punitivas y ser declarados culpables sin saber de qué se los acusa, como le sucede a Josef K, el protagonista de El proceso. La novela sigue la línea inaugurada por Un mundo feliz (Aldous Huxley), Fahrenheit 451 (Ray Bradbury) y 1984 (George Orwell), ficciones que plantean felicidad o libertad, aunque Ambao reformula: libertad o seguridad.
Isidro Rawson –perfilado con rasgos arltianos de Los siete locos, como la angustia existencial de Remo Erdosain– es un inspector del Ministerio del Interior dedicado a verificar la presencia de portales sonoros y a determinar su grado de interés para la seguridad nacional. El control está en manos de un aparato burocrático que –en su faceta más represiva– persigue a deudores, quienes son condenados a cárceles-fabricas o a la marginalidad en un barrio de “no ciudadanos”.
Y la historia, además, arriesga intuiciones literarias sobre como narrar una novela, algunas utilizadas por el autor en Burocracia. Una de ellas, las alternativas de varios desenlaces posibles. En esencia, es un relato distópico de paranoias y confabulaciones, respaldada por una historia de intrigas políticas, crímenes e interrogantes existenciales.