/Archivo

Libros: “Crónica de una libertad condicional” (Camilo Blajaquis, 2011).-

No es sólo una recopilación de poemas ásperos, crónicas y relatos, sino mucho más que eso: el segundo trabajo de César González es un testimonio crudo puesto a reflexionar sobre las propias condiciones de existencia y la propia realidad que nos rodea.
Por Esteban Vera
Buenos Aires, noviembre 19 (Agencia NaN-2012).- Con la obra de Camilo Blajaquis (pseudónimo de César González) están quienes la leen y critican, y quienes se encogen de hombros con escepticismo, como diciendo: no es un poeta, a secas, sino un poeta “villero” o “tumbero” o simplemente un “personaje social”, un “producto” fabricado por la corrección política de los “progres”. Y sólo hacen hincapié en lo testimonial de Blajaquis. Pero además hay tensiones estéticas que se suelen expresar con virulencia o peor aún, invisibilizando, sobre todo cuando se habla de poesías sin grandes pretensiones, hechas para “vomitar” una visión de la cárcel, la cultura y la sociedad. Así se deja de lado su obra. En fin, si es bueno o malo no importa. Pero sus dos libros y poesías publicadas en su blog muestran que hay algo allí, mucho más que un “testimonio”. Crónica de una libertad condicional –publicado por el colectivo ¿Todo Piola? y Tinta Limón Ediciones– es una compilación de poemas ásperos y bien críticos que cristalizan sentimientos generacionales de pibes excluidos. “El estereotipo se lo meten en el culo/ soy poeta a pesar del miedo a la inseguridad.”
Con un registro que va de lo coloquial a la jerga, su poesía no entiende de moral (“ciudadana”), pero sí de otra, lumpen, y de libertad (intelectual). En “Sinfonía sobre la opresión”, ejerce un talento singular para ser poeta, pero sintiéndose sociólogo de la sociedad de consumo y sus mecanismos de represión, que desprecia y martilla:
Jesuscristos mueren todos los días
con la diferencia que los romanos de ahora
tienen Blackberry, residen en countrys
y son pánico puro.
El látigo ahora se llama medios de comunicación
y la cruz del calvario es un espectáculo televisivo
conducido por Mirta Legrand y Susana Giménez.
Esa mirada también la ejerce en algunas crónicas, en primera persona, mechadas en el libro. Por ejemplo, “Alzas y bajas en la bolsa del porro”: “Le pregunto a unos de los guachos qué onda y me contesta eufórico, realmente enojado: ‘Los transas tan re zarpados, la bolsita que ayer te vendían a 7 pesos ahora te la venden a 10’. Alto malestar en los rostros de la banda. No se trata de un simple detalle particular, sino de una ruptura que puede generar tensión dentro de los códigos sociales y de convivencia que gobiernan la cotidianidad del barrio”.
El libro –ilustrado por Rocambole, hacedor de la iconografía ricotera– también incluye una serie de poesías de amor sin sobresaltos para enamorar. “Si no tengo tu boca/ me pierdo en este camino/ como un ciego en laberinto/ soy la ruta sin destino/ un borracho sin su tinto”. Así, en sus poesías hay una delgada línea entre lo social y lo privado, desde las críticas a la sociedad al amor.
En resumen, este poemario, con una fuerte impronta realista, es una virtual caja de resonancia cuyo sentido es denunciar lo injusto, lo miserable, lo cruel de la sociedad. Pero no se trata de un libro de lamento por los sufrimientos ni fetichización de la
pobreza, sino todo lo contrario: un llamado de atención, a modo de advertencia poética.

*Entrevista a Camilo Blajaquis en revista NaN #8, julio/agosto 2012: http://issuu.com/revistanan2011/docs/nan_8