Por Esteban Vera.
Buenos Aires, agosto 28 (Agencia NAN).‑ Con una estructura expositiva coral, la misma que utilizó la dupla creativa que formaron el director Alejandro González Iñárritu y el guionista Guillermo Arraiga en Amores perros, 21 gramos y Babel, el escritor Andrés Rivera narra en El profundo Sur una escena de la Semana Trágica de 1919, cruzando cuatro historias ante la represión militar y parapolicial (a cargo de la Liga Patriótica) de aquellos días sangrientos. Cuatro personas con distintas ideologías y orígenes que se cruzan en un punto de Buenos Aires, unidos por la violencia y la política.
Esta novela, publicada por primera vez en 1999 por Alfaguara y reeditada dos años atrás por Seix Barral, despliega múltiples líneas narrativas, a partir de las historias particulares de cuatro personajes, unificadas por un episodio que se supone trascendental y profundo. Las voces están, por lo general, entrecruzadas por el azar o el destino (lo que el lector prefiera). De hecho, el autor reconoció en varias entrevistas que el título de la nouvelle bien podría haber sido El profundo azar.
Roberto Bertini, Eduardo Pizarro, Jean Dupuy y Enrique Warning convergen en una plaza de la ciudad de Buenos Aires rodeada de negocios judíos. Quizá sea Plaza Miserere, ya que durante la Semana Trágica hubo una cacería antisemita en Once; pero ni Rivera ni Marcos Ribak (tal su nombre verdadero) lo explicitan. Cada personaje representa política e ideológicamente a un sector de la sociedad durante esa época. Roberto Bertini nació en «el profundo Sur”, la Patagonia, en una familia italiana. Tuvo un padre rígido, austero, estricto y abusador. Un día de enero de 1919, en la caja de un camión, escucha la orden: «Tiren, tiren». Baja del vehículo, apunta y mata a alguien. ¿Un judío, un bolchevique o un bolchevique‑judío? Da lo mismo para el parapolicial que da la orden de asesinar a sangre fría a quienes corren por ese lugar.
Eduardo Pizarro es un terrateniente bonaerense. Por azar está en la plaza. Jean Dupuy es un inmigrante francés que participó de la Comuna de París. Pretende ser un hombre elegante y culto. También llega a la plaza en ese día fatídico. Dupuy simboliza la influencia gala en las clases dominantes de la ciudad de Buenos Aires. Enrique Warning también es de la Patagonia. Su destino se cruza con el de Bertini, Pizarro y Dupuy en la Plaza Once, durante esa mañana gris.
La masacre fue pergeñada entre el 7 y el 14 de enero de 1919 contra obreros que reclamaban al gobierno del radical Hipólito Irigoyen reivindicaciones sociales hoy naturalizadas, como la posibilidad de tener descanso los domingos y la reducción de la jornada de trabajo a ochos horas diarias. La represión fue liderada por el teniente Luis Dellepiane. Mientras hoy Dellepiane tiene una autopista que honra su nombre, el saldo de la Semana Trágica fue de 700 muertos y tres mil heridos.
Rivera, también autor de la premiada novela La revolución es un sueño eterno, hilvana en los cuatro capítulos las características de los personajes, cómo llegan a ese punto de Buenos Aires y cómo seguirán. Claro, salvo por el que no sobrevive. La obra deja un gran interrogante abierto: ¿habrá otra víctima inocente o morirá el que tenga que morir?
Esta obra forma parte de los relatos históricos ficcionalizados por Rivera, nacido en Villa Crespo hace 80 años y radicado, junto a su compañera Susana Fiorito, en un barrio marginal de Córdoba, donde levantaron una biblioteca y un comedor popular. Rivera, ex obrero textil y periodista, comenzó a publicar en 1957 y es considerado unos de los mejores escritores argentinos vivos. Es autor de, entre otros, Una lectura de la historia, En esta dulce tierra, Cría de asesinos y Ese manco Paz. En 1992 obtuvo el Premio Nacional de Literatura por el La revolución es un sueño eterno.