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Libros: “Extranjeras” (Pía Bouzas, 2011).-

Virtuosos, sensibles y profundos, los siete relatos que componen el segundo libro de esta autora retratan las historias de mujeres que tienen en común el universo de lo “ajeno”. Cuentos en los que lo extranjero se manifiesta en sentido político-territorial y otros en los que aparece de forma “más humana” componen este libro que supone un bien logrado retorno a la riqueza de la lengua.
Por Nicolás Alonso
Buenos Aires, marzo 12 (Agencia NAN-2011).- La lengua es un ser vivo, un devenir permanente en el que nada es estático, quieto, petrificado. La lengua fluye y es permanentemente redefinida, resignificada, transmutada, violada. Y si se piensa en la literatura posmoderna (si es que hubiera tal cosa), la conciencia de ese carácter dinámico del idioma, en este caso el castellano, tiene como resultado un juego de experimentación que fascina, de la mano de las vanguardias e “ismos” del siglo XX. Y esta introducción para decir precisamente lo contrario. Porque el libro que aquí se reseña entraña un bello retorno a la riqueza, a la pluralidad de esta lengua tan llena de símbolos y de hermosas complejidades. Y es que Extranjeras (El fin de la noche, 2011) es una especie de manantial de agua dulce que se encuentra en alguna travesía exótica.
Quizá sea injusta la comparación, pero este conjunto de relatos de Pía Bouzas – autora también del libro de cuentos El mundo era un lugar maravilloso (Simung)- expresa una habilidad en el uso del idioma que evoca inevitablemente la figura de Borges. No en sus argumentos, por cierto originales y de una notable autenticidad, sino más bien en la particular conciencia a la hora del relato, en la selección cuidada y consciente de cada palabra al momento de construir una imagen, de transmitir una sensación o de simplemente narrar los hechos de la historia.
El libro se compone de siete relatos cuyas protagonistas son mujeres. Una niña, una treintañera, una mujer, una anciana, una joven, una madre ya adulta. Múltiples edades que mantienen un tronco común, su vinculo con la palabra que titula el texto: “Extranjeras”. Hay algo en ellas, todas, que interroga el universo de lo extranjero.
En el relato Amigas, por caso, dos ex compañeras de facultad se reencuentran después de años de separación. Una de ellas se quedó en la Argentina, mientras que la otra se fue a recorrer el mundo (obviamente el anhelado mundo Europeo) junto a su exitoso marido. Berlín, París, New York, un viejo Fiat, Ezeiza, las Villas argentinas, Acassuso, un lujoso apart-Hotel, Gucci, son elementos que se entremezclan, se mixturan en una suerte de reactualización viciada de ese anhelo de ciertos sectores de la elite argentina por ser la París de Latinoamérica. “Fui caminando por las calles empedradas, sin oír los ruidos, sin oír las voces, sin ver los semáforos: extranjera en un país que alguna vez fue mío.”
Pero en la pluma de Bouzas lo extranjero adquiere una doble faceta. No sólo en un sentido político-territorial, sino lo que es más fundamental, en un sentido profundamente humano. Extranjero respecto de un afecto, de un sentimiento que supo ser de uno. Ajeno a una persona o a un ser que se sabía como propio, como constitutivo de la propia subjetividad pero que de un momento a otro se descubre que ya no. Que se convierte en un elemento ajeno, extraño. O bien que uno se convierte en un extraño.
El otro país, tercer cuento de la serie, es uno de los puntos más altos del relato. La historia de una niña que, por diferentes circunstancias familiares se halla viviendo en otro país. Aquí, otra vez, no se trata tanto de estar literalmente en el extranjero (aunque lo está, por cierto) sino de todo el universo de sensaciones, angustias, miedos y frustraciones que se esconden detrás de la frase “otro país”. Escrito en primera persona, el relato de Bouza invita a una comunión entre la ternura protectora que despierta esta niña, y la cruel identificación con su universo.
El libro se completa con El miedo a las vacas, también escrito en primera persona (recurso exquisitamente utilizado por la autora). Narra la historia de una pareja de campo cuya hija emigró a La Plata para realizar sus estudios. El nudo está en la relación de la madre con su hija, reavivado por el regreso de esta última y la aparición de un extraño empleado de la familia. “Solos, así nos quedamos. Otra vez Juan Pablo y yo, como al principio, a merced de nosotros mismos y del tiempo que insistía en sucederse a sí mismo.”
Virtuosismo, profundidad, sensibilidad, imágenes, momentos, sensaciones, historias, personajes, sorpresas. Absolutamente todos los condimentos que requiere un buen cuento. No caben más que elogios para este segundo título de Pía Bouzas, en el que, como se dijo, el idioma se hace un festín.