La reivindicación de la imaginación como categoría estética y ética para analizar las formas de pensar y narrar durante el siglo XX y su herencia en los tiempos de posautonomía que corren son el objeto de la obra que cierra un recorrido teórico iniciado en 2003.
Por Ezequiel Vila
Buenos Aires, noviembre 7 (Agencia NAN – 2011).- Daniel Link probablemente sea una de las figuras más sobresalientes surgidas de la carrera de Letras de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Afamado blogger, polemista desde sus columnas en Radar y Soy (suplementos del diario Página/12), el profesor titular de la cátedra Literatura del siglo XX completa con Fantasmas: imaginación y sociedad (Eterna Cadencia, 2009) un ciclo crítico iniciado por sus predecesores Cómo se lee (2003), Clases. Literatura y disidencia (2005), y Leyenda. Literatura argentina: cuatro cortes (2006).
La diva de este ensayo es la imaginación, una categoría estética que el crítico cordobés considera que ha sido vapuleada a lo largo del siglo pasado por los más grandes pensadores de la cultura: estructuralistas, marxistas, posmodernos, todos han desconfiado de la imaginación por considerarla madre de la ilusión y la mentira, como si la crítica hubiera rechazado la voluptuosidad de las ensoñaciones por la sed de lo real. Sin embargo, el libro no dejará de acudir a estos referentes del pensamiento contemporáneo (Foucault, Adorno, Deleuze, Barthes) para trazar sus recorridos. Aquí, la imaginación es leída como un punto ciego, un umbral desde el cual ingresar al siglo, no ya a través del discurso de la dominación sino a través de los ecos de la seducción de las sirenas.
El punto de partida para pensar la imaginación es sartreano (es decir, proviene de una fenomenología de tres órdenes: percepción, memoria e imaginación), según el que esta consciencia nos permite negar la realidad. No obstante, su teoría dispara hacia cosmovisiones más contemporáneas.
Para Link la imaginación es tanto una categoría estética como ética: los imaginarios también conducen nuestra forma de actuar. Se trata, entonces, de pensar en base a cuatro formas en que el siglo XX ha imaginado: la imaginación humanista, cuya lógica es la de la acumulación de sentido (esta tradición es heredada del humanismo renacentista y pervive en Thomas Mann o Saint Exupéry); la imaginación de la catástrofe, que proyecta la decadencia a las puertas de un final abrupto e inevitable (desde Louis-Ferdinand Céline hasta el cine de ciencia ficción); la imaginación dialéctica, que piensa al tiempo recortado por agudos procesos de reinicio mediante la negación de lo pasado (así a pensado el marxismo y el surrealismo); y la imaginación pop, que suspende el tiempo y piensa más bien en una serie sincrónica de cuya deriva incesante se desprende el sentido (no exclusivamente el pop art warholiano, sino también artistas variopintos como Manuel Puig, Madonna o Pedro Almodóvar).
A partir de esta formulación teórica desarrollada desde Cómo se lee, Fantasmas… se ocupa de analizar una serie de elementos a primera vista muy diferentes. El objeto de Link circula entre la literatura y las formas de vida. La literatura es entendida por él como experiencia, por lo tanto hay una continuidad entre los libros y la vida que se inserta en el complejo marco de lo que se llama, desde hace algunos años, posautonomía.
Fantasmas… analiza obras literarias, exposiciones plásticas, performances teatrales, películas, revistas culturales, comics, acontecimientos políticos y vivencias cotidianas en diversos ensayos que cruzan un fenómeno con otro. La potencia de lo imaginario justamente posibilita estos cruces, en tanto por fuera de la categorización podemos encontrar esos restos de vida que nos interpelan. Esta colección de ensayos juega a encontrar y torcer los límites de la cultura: de la anécdota a la formulación teórica, mediante un recorrido por los intersticios de la teoría.
El libro cuenta con puntos muy altos, en particular la relectura de Link sobre una obra muy cara a nuestra infancia (y la de todos): El principito. En “Infancia”, el análisis del fenómeno comercial alrededor del pequeño rubio y la biografía del propio Saint-Exupéry llevan hacia una formulación de la niñez y de la literatura infantil tan controversial como interesante. Otro de las piezas destacadas del libro, “Testigo”, particularmente lúcido e interesante versa alrededor de los juicios a represores y las distintas estrategias biopolíticas para la memoria.