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Libros: “Ganar es de perdedores” (Ariel Magnus, 2010).-

Con ingredientes que lo aproximan al estilo Fontanarrosa, el autor de la novela Un chino en bicicleta otorga ahora un puñado de cuentos inteligentes sobre fútbol, con momentos notables y personajes pintorescos.

Por Andrés Valenzuela

Buenos Aires, junio 29 (Agencia NAN-2010).- La literatura argentina suele sentir un placer culposo ante los cuentos de fútbol. El deporte rey no suele ser tema de las letras locales, y cuando lo es, tampoco da mucho prestigio. Acaso porque –como sucede cada cuatro años, Mundial mediante– se señala a la cancha de 11 como un entretenimiento alienante, un productor de violencia, una cosa alejada de la cultura. Sin embargo, una serie de autores e intelectuales argentinos abordaron “la número 5” con mucho éxito: Osvaldo Soriano, Juan Sasturain, Roberto Fontanarrosa y otros. Ahora se suma a la lista Ariel Magnus. El autor de la novela Un chino en bicicleta, con la que ganó el premio La Otra Orilla, del grupo editorial Norma, sale ahora a la cancha con un puñado de cuentos inteligentes en los que se adivina la influencia decisiva de precitado rosarino.

Ganar es de perdedores (y otros cuentos de fútbol) es un libro desparejo. Siempre bien escrito, incluye relatos hilarantes y otros más bien olvidables. Se destacan algunos, como “La cama no se mancha”, que abre el tomo con una historia planteada desde la mirada de una mujer que quiere sexo cuando Boca define el paso a la siguiente ronda de Copa Libertadores. Obviamente, el único momento en que a su marido las sábanas le interesan poco y nada.

“Tribulaciones de un intelectual en offside” lleva al extremo esa costumbre tan futbolera de adaptar los términos del balonpié a la vida cotidiana. De desarrollo notable, quizás lo único en lo que falla este cuento es en la puntada final, donde pierde algo de fuerza. Cosa similar sucede en “Nace antes”, donde un grupito de aficionados analiza un gol del clásico del barrio.

“Cristolín” es el cuento más emotivo del conjunto. Gira en torno a Metodo Severino Morales, un fanático de Huracán que “congela” su vida en 1973, año en que este equipo ganó –con un plantel legendario– su último torneo. Metodio lleva una vida notable: se niega a utilizar artefactos inventados después del logro quemero, tampoco utiliza colectivos nacidos después de esa fecha ni presta atención a las nuevas modas del vestir. Tan fiel a su ensimismamiento es que ni siquiera acepta un medicamento para el asma que lo acosa, porque ha sido patentado en 1974, año que se niega a reconocer como existente. Magnus lleva la acción a julio de 2009, el preciso domingo en que Huracán definió –azares del destino– con el escolta Vélez Sarfield el torneo en la última fecha.

Por lo demás, el autor presenta una galería de personajes más bien curiosos: un arquero “veterano” que se niega a retirarse, la semblanza de un empresario del ambiente y un técnico preocupado sólo por la belleza del juego.

En todos los cuentos puede verse la influencia de Fontanarrosa. Un poco en el ritmo. Otro tanto en el tono. El rosarino, además, acostumbraba escribir cuentos relacionados con el fútbol y apelaba a recursos como la exageración de rasgos del folklore de la pelota, personajes risibles y pintorescos y el extrañamiento de términos. Magnus explota las mismas fórmulas, al punto que algunos cuentos (“Tribulaciones” y “Filosofía para todos”, que hace un guiño a Ética demostrada según el orden geómetrico, de Spinoza), hasta guiña las burlas del Negro a la excesiva intelectualización del fútbol.

Sin ser perfecto ni brillante, Ganar es de perdedores es una muy buena recopilación de cuentos. Tiene momentos notables que pueden encantar a los amantes del fútbol y, sobre todo, paliar la espera entre partido y partido de Sudáfrica 2010.