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Libros: “La ruta del beso” (Julián Gorodischer, 2007).-

Escritor y una de las plumas más interesantes de la nueva generación de cronistas, Gorodischer ofrece una recopilación de crónicas con la sexualidad, la fraternidad, la obligación y la urgencia del beso como eje y sin ningún final feliz ni receta para solitarios: una composición sobre el arte del besar desde el lugar del forajido, del border, del wanna-be.

Por Esteban Vera.

Buenos Aires, 24 de junio (Agencia NAN-2008).- Con Roland Barthes como brújula, el escritor y periodista Julián Gorodischer es un cronista sufriente que desanda el camino del romanticismo para apropiarse de los besos verdaderos. Ese camino que llama La ruta del beso y que los incluye a todos: “El beso robado al ídolo por la fan atribulada, el exhibido en Internet como refundación del contacto, el trabajado por las aprendices de heroína de telenovela, el reivindicado por la nueva militancia GLTTB –Gays, Lesbianas, Travestis, Transexuales y Bisexuales–, el entregado por cualquier devoto al altar pagano, el compulsivo que se derrocha en la matinée como prueba a superar o el rememorado tras un encuentro de tercer tipo”. Pero atención: en la novela no habrá historias de amor con final feliz, ni recetas para solitarios.

Durante la preparación del proyecto y cuando recorre La ruta del beso, especialmente cuando siente que su proyecto “estaba a punto de declinar definitivamente”, el cronista “sufriente” acude a los Fragmentos de un discurso amoroso y a La preparación de la novela de Barthes, tanto como consulta Amor líquido, un ensayo del sociólogo polaco y referente del pensamiento posmoderno Zygmunt Bauman que sostiene que la Modernidad está definida por relaciones líquidas (o, en realidad, de contenidos líquidos que se adaptan a continentes sólidos) de las que es fácil escurrirse.

Si bien Gorodischer recurre a Barthes y Bauman, también revisita a Stendhal, Kafka, Salinger, Capote y Cortazar, entre otros, además de hacer referencia a películas de Alfred Hitchcock, a Fame, de Alan Parker, a Moulin Rouge y a la serie Los expedientes secretos X, de Chris Carter, entre otras alusiones a la cultura popular de masas. Allí es donde se evidencia que Gorodischer es un periodista especializado en televisión y cultura popular, actualmente en el diario Página/12.

Con ese acervo cultural, el cronista apuesta fuerte a su subjetividad para narrar cómo los devotos de Gilda besan las estampitas de Santa Gilda en su altar en busca de milagros, cómo las adolescentes del fans club «Corazón partío» van a la caza del beso de Alejandro Sanz, cómo es el (no) beso de una película pornográfica, el de los exhibicionistas de Internet, el chupón de un “stripper piquetero” a una mujer durante su show de nudismo, el de aspirantes a galán o heroína de telenovela, el piquito entre vedettes en Mar del Plata o los besos del tercer tipo de los extraterrestres en Capilla del Monte, Córdoba, que de por sí es tan extravagante que le sirve al cronista para finalizar su aventura.

En cada uno de los once capítulos que integran el viaje, Julián Gorodischer –autor también de Golpeando las puertas de la TV: crónicas de la fama repentina— se inmiscuye, indaga, husmea, se mete en chats, locutorios, matinées, santuarios, bares, en los estudios de Televisa México, para hallar historias que tengan como protagonista al beso. Siempre lo hace interviniendo en la acción. En «Porno star (la muñeca, la bestia y un eyaculador precoz)» asiste al rodaje de un film XXX y se entrega a un maquillaje en su pene: “Hasta ahí”, avisa, ya que no le da incursionar como actor porno. O en «Temporada de caza (fanáticas en la plaza de la guardia eterna)», las fans lo convierten en un Alejandro Sanz señuelo: le pegan el rostro recortado de un póster del ídolo, para participar de una estrategia que les permita arrebatarle un beso al músico.

La ruta del beso es, entonces, una biografía sexual colectiva que encuentra su cauce en la realidad. Y sin dudas es una novela muy bien escrita y bien llevada en su estructura, aunque a simple vista no parezca ser una novela sino una serie de crónicas: hay un personaje principal –el cronista– que atraviesa todo el texto, que participa en todas las historias. Así hay una estructura dramática, con introducción, desarrollo y desenlace, en la que Gorodischer se propone emprender un viaje para contar estas historias, afronta obstáculos y los supera, finalizando con resto la aventura de narrar esos besos.