La historia transcurre en Puerto Madryn, «el Far West» patagónico. Allí, un congreso de cultura y un cadáver encontrado en la arena son las excusas que devuelven a Jorge Lucantis, un personaje ya conocido en las historias de los autores, al ruedo de la investigación.
Por Esteban Vera
Buenos Aires, septiembre 26 (Agencia NAN-2011).- La dupla de narradores y periodistas (Elvio) Gandolfo & (Gabriel) Sosa cumple la promesa de su primera novela, El doble Berni: “Negro Absoluto asegura que Jorge Lucantis volverá.” Y Lucantis regresa, de la mano de la colección dirigida por Juan Sasturain, en Los muertos de la arena: otra historia que lo tiene de investigador accidental, más bien inconsciente, en una serie de crímenes seriales en Puerto Madryn. Asesinatos que rozan a un amigo eventual (sí, todo es una peripecia en la desdichada existencia de Lucantis). El libro termina con una advertencia que da pie a una tercera entrega del dúo.
En la precuela, la trama comienza con la muerte de un pintor que admira a Antonio Berni, que empuja a Lucantis –amigo del artista finado– a cobrar una deuda y enredar en una intriga. Algo parecido le vuelve a suceder en Los muertos de la arena. Ahora, la historia inicia con el hallazgo de un cadáver en las arenas de Madryn. Pero las peripecias de Lucantis empiezan cuando decide viajar a la Patagonia, seducido por las ballenas e invitado a un congreso de cultura. Involuntariamente –incluso, sin saberlo– queda enredado en una conspiración. Inclusive, de ribetes internacionales.
Y si la historia tiene lugar en la Patagonia, es imposible no evocar a Osvaldo Bayer. Quizá por ello, el autor de la ineludible La Patagonia rebelde sea uno de los blancos del serial killer, un genio en sistemas e Internet, un asesino 2.0, perfilado con a las tecnologías actuales. Nota: no se acaba de deschavar al homicida, en la novela lo menos importante es el quién.
Aunque se promete una novela negra, el episodio 2 de Sosa & Gandolfo no encaja con la etiqueta: la trama no transcurre en una ciudad extenuada por sus miserias, una brutal desconfianza hacia las instituciones y una sociedad violenta y turbulenta. Transcurre en una ciudad que semeja al Far West, pero sin sus notas esenciales. No hay un detective que investigue en base a la acción y por dinero, como Philip Marlowe.
Sin embargo, tampoco es una novela deductiva, dado que el protagonista no se dedica a resolver un crimen en base a la lógica y la razón, como Auguste Dupin y Sherlock Holmes. Más bien, es un doctor Watson con rasgos de Remo Augusto Erdosain y la apariencia de David Byrne que vende productos new age. Es decir, un perdedor y poco brillante. En resumen, queda a medio camino y quizá sea una novela de aventuras. Aunque, vale destacar que sí se inscribe en una tendencia de policiales vernáculos que intentan romper las cláusulas para adaptar el género a los avatares argentinos.