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Libros: “Melodías descarnadas” (Eric Thiemer, 2007).-

Una de las inquietudes del además saxofonista de Siddhartha Spiritual Project es la poesía. En su ópera prima, el joven entrega un conjunto de más de 60 composiciones entre reflexivas y románticas: se pregunta por los muertos en una ciudad que explota constante y si podrá bajar un cielo estrellado para su amor.
Por Esteban Vera

Buenos Aires, mayo 17 (Agencia NAN-2010).- El saxofonista Eric Thiemer (1983) es uno de los ocho inquietos de Siddhartha Spiritual Project (SSP), que cruzan su música con una multiplicidad de otras artes, desde las plásticas a la carpintería. Thiemer, además, es poeta, y Melodías descarnadas (De los cuatro vientos), su ópera prima. La tapa del delgado libro, una imagen abstracta, devela otra arista del saxo de SSP: la pintura. Lleno de simplezas y con pocos lirismos que edulcoren las más de 60 poesías del libro, el joven brinda un poemario cargado de romanticismo juvenil y reflexiones sociales.

Para empezar, en “La Danza del orbe”, el autor sabe que sólo es un número más en la maquinaria social. Con angustia, se reconoce alienado: “Sin opciones, mi cuerpo baila al son/ ¿Qué pasa?/ Mi cabeza va a estallar…/ ¿Qué pasa?/ Sigo en el baile/ No lo puedo evitar”. En “Me encuentro viendo al mundo”, Thiemer va un paso más adelante y ya no es introspectivo, mira su contexto: “Esta ciudad se quiebra/ el mundo explota/ los niños no comen”. Y cuestiona, atónito: “Quién puede divertirse hoy/ en este/ baño de sangre”. Y en “La medida justa de la libertad” se define como un río, que se defiende de los recipientes, es decir, de las normas, para proteger su libertad.

En Cartas a un joven poeta, el checo Rainer Maria Rilke considera que “una obra de arte es buena cuando surge de la necesidad de crearla”. Aparentemente, el autor de Melodías descarnadas encuentra su motivación en pagar “el cielo más estrellado, en la noche más oscura” a su amor. Y si bien este libro no innova, Thiemer confirma, en “Hay un poema”, que sus textos están escritos “sin adornos” y esboza un manifiesto estético: “No quiero leer jeroglíficos/ quiero que me tiren un corazón/ que lo escupan en la tela o en el libro”. De esta manera, retoma el viejo dictum de la musa inspiradora. “Mi mejor genialidad/ robarme la musa”, confiesa, humilde. En esencia, son poemas sin sobresaltos para leerle en voz alta a una persona que se quiere.

En “Hoy aquí en mi pueblo muere gente” cuestiona a los medios de comunicación, al confrontar el discurso mediatizado (Hoy oí en la radio,/ hay muerte en mi ciudad) con la “realidad” cotidiana (Hoy caminé por las calles de mi barrio:/ ¿aquí muere gente?/ Vi chicos reír,/ madres con sus hijos,/ el amor y su perfume no están ausentes). Para terminar, de todas ellas, hay una dedicada a la inclaudicable lucha de Madres de Plaza de Mayo, en la que el autor sostiene la indiferencia de la sociedad y reconoce el valor de la lucha del colectivo “en un mundo sórdido”.

Blog: http://ericthiemer.blogspot.com