Por Facundo Gari
Buenos Aires, abril 11 (Agencia NAN-2009).‑ La única historia sobre hongos que Xuan Pablo González no contó en Psicodelianarkocorrida (Colectivo Ediciones) fue la de Mario Bross y su fungi alucinógeno. El resto está todo. Entre citas incontables de referentes chamánicos y otros tantos, el autor de Rompecabezas de la ciudad perdida de Esteco, Alucinaciones salvajes proyectadas y Leyendasurevolción recorre un prontuario de anécdotas personales y ajenas, enlista la terminología utilizada y detalla la bibliografía consultada con la lucidez de quien ha experimentado lo que dice que sus personajes también. Eso, amenizado por las bellas ilustraciones de Leo Occhipinti y María Tabakman.
El recorrido comienza con “Fiesta de soles en El Shinkal”, que narra en primera persona una excursión por la ciudad precolombina de la provincia de Catamarca, que derivó en un encuentro con los Otorongos y sus ceremonias. Luego, en “Los viajes de Isidoro Ducasse”, el Conde de Lautréamont se manda unos cucumelos que lo hacen alucinar. En “Peronismo psicodéliko” se debaten las contradicciones terminológicas de un fulano que se postula bajo ese rótulo y se recuerdan unos cartoncitos con la cara de Evita y del Che. “¿Ácidos con la cara de Evita?”, dice uno. “Sí, yo los probé, ¡¡son revolucionarios!! […] Está Evita ahí relisérgika sonriendo entre espirales… me dijeron que eran bien flasheros… que con esos sí o sí te hacés peronista”, le contesta otro.
Una conferencia nacional sobre políticas de droga en el Congreso le sirvió a González para rescatar algunas declaraciones de Antonio Ambrosetti, yerbero experimentado, en “Lecciones en el Congreso”. “El orgullo del moralista es patético –toma nota el autor-cronista–. No me drogo para no enviciarme, dicen algunos. Es el triunfo del moralista, el triunfo de la Iglesia… Prohibir el éxtasis como sentimiento extremo, como emoción de la vida, prohibir el sí es prohibir la embriaguez mística de plantas y drogas”. “La inédita del Petersburgués” narra la historia de la creación de “El drogado”, obra de Dostoievski, y brinda algunos detalles de la trama del libro del novelista ruso.
En fin, es claro hacia dónde se dirige el resto de los cuentos: “El ladrón de alfombras voladoras”, “Narkocarretas marroquíes”, “Arlt en Áfrika”, “Lugones, el hashishino”, “El mesías de San Pedro”, “De las moskas y su fascinación por la mota y la milonga”, “Noches de coca en Matawasi”, “La noche mágika de la selva”, “El retorno de los cucumelos kósmicos”, “La mota maya… natural…”, “Visiones martxicanas” y la lista sigue. Sí, definitivamente no es un libro para leer de corrido, sino, más bien, para el dedo caprichoso y la lectura fugaz de los viajes cortos. De lo contrario, lo divertido e interesante, se hace regla. Una de las duras.
Lo que no resulta pesado pero sí complejo es el juego de variantes morfológicas que el autor realiza en numerosos pasajes de sus relatos. Son de este estilo: “Canta el cordobés-comechingón merkeado la canción de las Manos de Filippi no las de Perón… Peronismo psicogardéliko… Remixado piensasonriendo dientedeoro… Lluvia chisporroteante en el balcón ácido… Remixado piensasonriendo dientedeoro… Lluvia chisporroteante en el balcón ácido… Remixado piensasonriendo… Puebloocumbiandoalucinadoensucesosargentosolarizados… Remixao…”. ¡Qué loco lindo!
Una curiosidad: En la página 104 sucede algo raro. Si uno da un paso más hacia la siguiente carilla, se percata de que todo está escrito de cabeza y se ve obligado a dar vuelta el libro. Al hacerlo, el lector halla una segunda tapa, incluso con otra ilustración. La numeración arranca de 1 y se va hasta la 63. De aquí, algunos relatos más, enmarcados en la mitología “argenta”, un completo glosario con algunas definiciones –algo antojadizas– de la cultura drogona y la extensa bibliografía consultada para la empresa. Y en ese punto, la encrucijada: ¿se trata del final o habrá que darlo vuelta de nuevo?