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Libros: “Sueños con lavadoras y otros poemas” (Nicolás Domínguez Bedini, 2013).-

Las construcciones del segundo poemario de Domínguez Bedini remiten a un universo melódico, celebratorio y juvenil; dialogan sobre lo/el inconsciente y la interpretación de los sueños. 

Por Facundo Gari

Buenos Aires, octubre 21 (Agencia NaN–2013).- Si Decirte al oído (Monte Análogo), debut editorial del poeta, narrador y juglar contemporáneo Nicolás Domínguez Bedini, es una autobiografía material, Sueño con lavadoras y otros poemas(BajoLaLuna) es una onírica, una aproximación a su imaginario más imaginario, una evolución hacia la intimidad y el caos de lo ilegible pos lectura de la intimidad y el caos de sus aprendizajes hogareños, de su paso por la Facultad de Medicina, de las esperas en estaciones de trenes y sanatorios, de su experiencia como “DJ sordo que hace bailar a las suegras”.  

El apartado inicial se llama “Sueños domésticos” y arranca con el “Sueño con lavadoras” del título del libro. Es posible imaginarlo a lo Sheldon Cooper, el personaje de The Big Bang Theory, cuando dice: “Tengo días soñando que lavo ropa/ que separo colores y que son muchas prendas/ y nunca termino de lavar/ muchas lavadoras y mucha ropa sucia”. Habrá espacio para las pesadillas, pero éste no es el caso. La valoración es positiva: es un sueño en el que se limpia de civilización, una puesta en crisis como punto de partida, aunque el ejercicio le dé miedo.
                                                                             

Luego vendrá un primer poema de estética “canción pop”, que es una etiqueta que se le adosa a sus versos y que es tan poco rigurosa como demasiado lo son otras en el periodismo musical: no se termina de comprender en qué punto son como una “canción pop”, si es un paragón con la lírica de Babasónicos, de Vicentico, de Onda Vaga o de The Hojas Secas. Dicho que tiene aires de “canción pop” habría que avanzar en qué sentido. Se da por sentado el kafkiano link que tiene Domínguez Bedini desde pequeño con la música (era una especie de terapia para su sordera) o su cercanía para con una movida de músicos autogestivos que problematizan el rock, el pop y el folk; incluso como miembro de PAAR, que recientemente editó su primer disco, Símbolo de fósforo.

En general son poemas que remiten de forma explícita a un universo melódico, celebratorio y juvenil. “Una linda canción lo es todo” es un caso. Otro, “No me quise despertar”, en la que dice que “estaba soñando con una canción pop perfecta”. Ahí aparece un segundo elemento de su poética y se percibe ya un pulso característico. Ese segundo elemento es la recurrencia a huellas de época, reservorios de sentido que tienen primordialmente carga de nostalgia. “Todo el mundo tarareaba Manon, Manon…/ y sonreía con dulzura”.

En cuanto al pulso, fue descripto con tino por el poeta y narrador Osvaldo Bossi en la presentación del libro, a mediados de septiembre en el Centro Cultural de España en Buenos Aires: la poesía de Domínguez Bedini es una “conversación afectuosa, entrañable, con cada uno de sus lectores, más allá del silencio y de la soledad, de las dificultades, de los temores, que atraviesan tanto su vida como la nuestra”. Decirte al oído es así una charla sobre el mundo, un aguafuerte poética; Sueño con lavadoras y otros poemas es una sobre lo/el inconsciente, interpretación de los sueños mediante un lenguaje intrínseco. 

(Tip: el ritmo de esta conservación está determinado por si se ha escuchado o no al poeta en alguno de los ciclos en los que toma el micrófono, pues entre la hipoacusia y el ingenio ha pulido su calidad de relator hasta lograr imantar su voz.)

Domínguez Bedini sigue siendo el personaje central de sus versos, o haciendo de sí mismo una caricatura a través de la que percibe el mundo, uno más surrealista que el de Decirte al oído, de paisajes (con)urbanos concretos (de Muñíz a Turdera). Aflora, por eso, cierto carácter narrativo y confesional en su prosa. “Soñé que en otra vida fui mudo/ pero podía escuchar los sonidos del agua” (“Esencial dream”); “Soñé que me escondía en la luna/ para tomar perspectiva/ de los días vividos en el planeta Tierra” (“Soñé que me escondía en la luna”); “Soñé con relojes de pared/ que habían pertenecido a mis tías longevas” (“Soñé con relojes de pared”).

El segundo apartado es “Astrónomo en su habitación”, en el que se desmarca definitivamente del carácter visual y administrativo de la poesía en versos. Quizás sea un atisbo de su primera novela, Médanos de oro, aún inédita. Microrrelatos como: “Veo a alguien asomándose. Alguien que camina erguido entre las rocas llevando mucho peso sobre su espalda. Alguien que regresa todo magullado con uno ojo abierto y el otro cerrado”. Observaciones como: “Aquellas nubes son como ballenas en el cielo. Ballenas tontas y rimbombantes, que lo acaparan todo”. Y conclusiones como: “A partir de cierta edad uno se encoge. Inclusive de oídos”.

El tercer capítulo, “Nuestro padre dormía su último sueño” (título que le adjudica en las notas finales al entrerriano Arnaldo Calveyra), comprende cuatro poemas –más extensos que los primeros– de sello familiar, acaso un aparte de homenajes privados en una obra pública, porque transmiten un dejo de cariño y añoranza. Cierra el libro “Raro, excepcional y hermoso”, relectura de los Bee Gees que bien podría servir a una adjetivación de la obra del autor. El criterio de la sección parece ser esa sencillez y simpatía, nótese mediante este par de títulos: “Las pesadillas de Leonardo Di Caprio” y “Poema quichua encontrado en un sueño” (rémix).

Blog:nicolasdominguezbedini.blogspot.com.ar