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Lucio Mantel y Tomi Lebrero en el Club Atlético Fernández Fierro.-

Ambos artesanos de las melodías compartieron escenario y público el pasado miércoles para presentar sus recientes y muy logrados discos, donde uno revisa la canción de autor y el otro la música popular. Repetirán el formato el miércoles 20, en el mismo espacio, ideal para reunir artistas de la movida independiente. El clímax de la noche ocurrió cuando juntos, uno desde la guitarra y otro desde el bandoneón, le dieron forma a un estreno de Mantel.

Por Sergio Sánchez
Fotografía gentileza de Lula Bauer

Buenos Aires, mayo 19 (Agencia NAN).- Lucio Mantel y Tomás Lebrero son la combinación perfecta para acompañar una noche relajada con amigos o en pareja. Porque estos dos músicos generan el clima ideal para el diálogo, la reflexión y el cuelgue. Y así lo hicieron el pasado miércoles en el Club Atlético Fernández Fierro (CAFF), un sitio ideal para reunir a artistas –y a sus adeptos– de la escena independiente. Encontrar el club es tarea difícil para los distraídos, ya que la fachada aún aparenta ser el taller mecánico que alguna vez fue. Ojo, porque lejos de ser un defecto, esa particularidad es una virtud, ya que refuerza el concepto de espacio cultural alternativo sin fines netamente comerciales. No por nada Mantel y Lebrero compartieron sus canciones en un sitio de estas características para presentar sus recientes discos Nictógrafo y Cosas de Tomi, respectivamente, dos producciones muy bien logradas dignas de ocupar un lugar privilegiado en la discoteca propia.

Para llegar a la sala había que atravesar un pasillo largo y una puerta angosta. Y una vez adentro, la ambientación intimista con mesas pequeñas y poca luz adelantaban la esencia del show que vendría. En ese marco, los concurrentes tampoco parecían estar ahí por una cuestión azarosa. De hecho, la mayoría parecía conocerse entre sí. Tal es así que antes del show, los besos y los abrazos no pasaban desapercibidos.

El primero en subir al escenario, pasadas las 23, fue el bandoneonísta y guitarrista Tomás Lebrero, quien demostró que su sentido del humor no se encuentra únicamente en sus composiciones. Junto a su grupo El Puchero Misterioso interpretó canciones de sus dos álbumes como solista, que transitan desde el tango hasta la chacarera, pero que tienen su sello propio. Por ejemplo, el tercer tema que sonó, “El artista en Buenos Aires”, es una clara muestra de esa mezcla de ritmos populares que le interesan a Lebrero.

Mientras los vasos de cerveza y los tragos pasaban por las bocas de las más de cien personas que asistieron, el músico multiinstrumentista cantaba sus canciones que relatan anécdotas de viajes y amores frustrados: “Tilcara es un pueblo en una quebrada, con historias por siglos guardadas y un sol tan radiante que a los cerros convierte en poemas”, describió en “Tilcara”, localidad jujeña donde grabó la mitad de su último trabajo discográfico, publicado este año. Luego, la nostalgia de “Gualeguay” creció gracias al violín de Ramiro Miranda y al contrabajo de Cristhian Ludueña, músicos que también grabaron en el disco.

Y el que no quiso esperar para salir a escena fue Mantel, que se calzó la acústica y salió a tocar junto al bandoneonista: “Este tema de Lucio lo aprendí ayer, vamos a ver cómo sale”, confesó antes de arrancar con los acordes del inédito “En el siguiente suspiro”. El que no improvisaron fue el tango instrumental “Armando Discépolo”, que combinó la guitarra serena de Mantel con el bandoneón arrabalero de Lebrero. Sin duda, el momento que más alimentó al aplausómetro fue cuando conformaron una dupla sobre el escenario. Casi tanto como las ingeniosas y disparatadas letras de Tomi, como se lo conoce más en el circuito under.

Ya es la medianoche y nadie parece tener prisa para llegar a su casa. Mientras Mantel se prepara para su set, algunos se levantan de sus sillas, pero para saludar a los impuntuales que acaban de llegar o comprar un trago. Nadie se retira. Las relaciones entre ellos es muy amistosa, el sitio es conocido por muchos y los músicos se pierden entre los espectadores, como si fueran parte del público y no las “estrellas” de la noche. No hay lugar para el cholulismo.

En ese ambiente sube el pequeño Lucio. Pequeño de estatura, pero con una voz gigante, hipnótica; acompañada de unos músicos ajustadísimos. Es que la banda suena como en el disco: prolija, limpia y sin acoples. Y eso se sintió con el primer tema, “Vapor”, compuesto con un clarinete que tranquilamente podría encantar serpientes. Pero, en este caso, los encantados no fueron reptiles.

Después, en “Lunar”, el artista mostró su excelsa capacidad para componer canciones que respetan rigurosamente ciertas escalas musicales. Lucio pareciera tener la fórmula para crear temas que cierran desde la perspectiva que se los mire: letra, música y concepto. “Afuera o adentro”, “Luminosa Sombra”, “Respirar”, todos de su disco debut, Nictógrafo, dan cuenta de ello.

Como si no alcanzara con los anfitriones, fue invitada la cantante de música popular Mariana Baraj. Preciosa y talentosa, como siempre, aportó su voz aguda en “Zamba desnuda”. Y a pedido del público, como suele suceder, cantaron a dúo una más: la clásica “Zamba soltera”. El final llegó con “Refugio”. ¿O acaso no fue lo que todos fueron a buscar? Un escape, un sitio alejado de los problemas, un refugio para contrarrestar el cansancio mental, viajar a otra dimensión y olvidarse que aún restan la mitad de los días para el fin de semana.

* Lucio Mantel y Tomi Lebrero repetirán su recital conjunto el miércoles 20 de mayo a las 22 en el Club Atlético Fernández Fierro, Sánchez de Bustamante 764, Buenos Aires.

Tomi Lebrero: http://www.myspace.com/tomilebrero
Lucio Mantel: http://www.myspace.com/luciomantel