Por Sergio Sánchez
Buenos Aires, noviembre 13 (Agencia NAN-2008).‑ Nominalmente, la revista ya provoca una sonrisa. “¿Qué significa Lule Le Lele?” podría llegar a ser la pregunta automática que se hace la persona que pasa por delante de un puesto de diarios y se topa con este engendro de humor. Y la respuesta es tan delirante como las historietas que la integran. “Debe pronunciarse como la frase ‘dulce de leche’ pero cambiando las consonantes por la letra L. Este idioma fue inventado por un vecino nuestro, que, con toda naturalidad, decía: ‘¡Quiero mi Lule Le Lele! ¡Quiero mi Lule Le Lele!’”, explicaron a Agencia NAN dos de sus creadores, Gastón Souto y Damián “Polako” Scalerandi.
La idea nació a fines de la década de 1990 de la mano de un grupo de amigos de la Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón que siempre renegó del mundo banal que se gestaba en torno a las galerías de arte. “Buscábamos generar un espacio alternativo donde poder desarrollarnos como artistas, ya que era imposible entrar en el circuito de galerías y en el cómic no había ninguna revista vigente. La Fierro había cerrado hacía algunos años y la Sex Humor también, entonces estábamos medio en banda”, detalló Souto. “Éramos como parias desorientados y la revista nos unió mucho, nos encauzó. Fue una excusa para expresar lo que veníamos haciendo sin publicar”, completó Scalerandi.
Pero la presentación oficial, en formato fanzine, recién se concretó en agosto de 2001 en un centro cultural de Avellaneda, donde se realizó una kermesse con juegos, animaciones, videos, música y diapositivas. Actualmente, la publicación se exhibe en formato revista y ya hay 14 números en circulación.
– ¿Intentaron crear lo que faltaba en ese momento y lo que buscaban como lectores?
– Scalerandi: Es muy pretencioso afirmar que nos salía lo que queríamos leer, pero sí que nos divertíamos a full y de a poco se convirtió en algo que daba ganas de leer. Combinábamos la creación con la diversión personal.
– Souto: Además, concretar la revista significó compartir con otros lo que hacíamos, es decir, para que no quedara sólo en un circuito cerrado.
– Scalerandi: Las distintas épocas de la revista lo muestran, te das cuenta que la pasábamos bien haciéndola, por más que el resultado por momentos no era el óptimo. Pero no queríamos quedar en el limbo, ya que en ese entonces no había tecnología para difundir lo que hacíamos. Era el papel o el cajón, y a nadie le gusta terminar en un cajón. Después nos dimos cuenta de que una revista también era otra cosa, era pensar un poco en el lector, aunque sea un poco.
– Souto: Sí, en esa época andábamos en cualquiera, creo que en algunos casos los efectos de las drogas (no en todos) potenciaron un poco el humor absurdo que teníamos, hasta el nivel de ser ininteligibles para cualquiera. Hacíamos chistes que tenían sentido si los leías fumado.
– ¿Apuntan a un público determinado o cualquiera puede leer Lule Le Lele?
– Scalerandi: Es casi una revista nicho, que se cierra un poco, pero no porque lo pensemos así. A esta altura, por más que corrijamos errores y diseñemos, sale natural. El público no lo elegimos, nos toca. En las muestras, los pendejos se quedan mirando las tapas donde un chancho sale del orto de un elefante porque es hipnótico. Pero, por lo general, nuestros lectores son adolescentes medio traumaditos como nosotros que se ríen de muchas boludeces.
– Souto: El público que lee la revista tiene una cierta apertura, ya que el material que mostramos toca siempre lo bizarro y lo absurdo. El que se ríe del humor no tan sofisticado podría ser el público que entiende la Lule Le Lele.
Las páginas de Lule Le Lele son como los huevitos Kinder: se puede intuir el contenido pero jamás podrá adivinarse con qué historias absurdas, ácidas y negras se encontrará. Un sinfín de personajes irreverentes e irrespetuosos están encerrados entre las viñetas, pidiendo a gritos ser comprendidos. Apolo; Juanete, el dragón que siempre la mete; el autobiográfico Gordo Sémola; Capitán Cortesía; y el torpe antihéroe Súper Tipo son sólo algunos de los personajes que integran el heterogéneo zoológico de papel.
– ¿De dónde surgen las ideas para personajes como Súper Tipo o el Capitán Cortesía?
– Scalerandi: En cuanto al Capitán Cortesía, que es mi personaje, las ideas surgen de situaciones vividas, anécdotas, pero matizadas con la personalidad del personaje, que es medio facho, tiene una madre trola y no tiene padre. Todo el tiempo sufre por esa ausencia, odia a los negros, porque los considera una amenaza. Es un forro, pero inocente al mismo tiempo. Entonces yo busco una idea y la paso por el filtro del Capitán Cortesía. A veces las ideas vienen de la nada, cuando menos lo esperás. Una vez que tengo el crudo, viene la parte más compleja que consiste en armar los guiones y depurar. Apolo, que es el personaje de Basabe, tiene mucho de lo que le pasa en su ámbito de trabajo (un bar), entonces de ahí saca infinitas anécdotas. Con Súper Tipo, el personaje de Santos, la idea es ridiculizar a un súper héroe. El tipo es un boludo pero se la re cree. Por eso, cuando quiera ayudar siempre deja todo peor de lo que estaba.
– Souto: Mi personaje, el Gordo Sémola, surge de mi lado más destruido pero con una apariencia infantil. Sémola son todas mis deformidades sin límites, es un retrato híperrealista. Como no se me ocurren guiones tomo nota de lo que me sucede, siempre transformándolo un poquito para que el lector lo cace.
– Scalerandi: En general, las historias de la vida personal y tener un poco la mente podrida, infantilizada, nos dan la clave para el humor que hacemos.
Por supuesto, como suele sucederle a todo artista, recibieron influencias de una extensa lista de dibujantes, series animadas y hasta tiras de televisión. “Inicial y fundamentalmente Robert Crum fue un dios en la adolescencia. También Los Simpson, aunque nuestro humor no se parezca, nos dio mucha data y apertura”, detalló Scalerandi. Entre la larga lista de influencias, los creadores mencionaron a La Pantera Rosa, Los Pitufos, Ren y Stimpy, He-Man, los personajes de Disney, La vida moderna de Rocko, Cha Cha Chá, Benny Hill, Landrú, Patoruzú, las revistas Satiricón y Humor, las películas de Sandro. Y Pipo Cipolatti.
Además del staff estable de dibujantes, conformado por Martín Santos, Gerardo Basabe, Martín Sánchez, Scalerandi, Souto y Diego Segovia, en la revista colaboran dibujantes noveles y reconocidos como El Bruno, Scuzzo, Fantoni, Ariel LV, Sergio Langer, Diego Parés y Gustavo Sala. Y para los próximos números tienen prevista una colaboración del ya célebre dibujante Liniers.
– ¿Cómo llegaron a contactarse con dibujantes de la talla de Diego Parés, Sergio Langer y Gustavo Sala?
– Souto: Para promocionar la revista íbamos a todos los eventos y exposiciones del género, entonces empezamos a pegar onda con algunos dibujantes. En cambio, a Sergio Langer lo conocimos en un taller de guión dictado por el escritor Rubén Mira, de La Nelly (historieta diaria publicada en Clarín).
– Scalerandi: La historia con Sergio fue distinta porque nos conocíamos con Mira antes de crear la revista y él siempre nos impulsó. Son dos tipazos re macanudos, por eso los números diez y once vienen con entrevistas a ellos, que ya son amigos. Por otro lado, a Parés lo conocimos en una presentación de su personaje Rispo. Ahora también es un amigo. Lo mismo pasó con Gustavo Sala y Dani The O (fallecido en marzo pasado), que siempre aportaron un montón.
– Ahora bien, en cuanto al humor que manejan ¿Hay algún límite para hacerlo?
– Scalerandi: No existe un límite, porque la idea es que no lo tenga. El único límite seria que no fuera humorístico lo que hacemos, que no provoque gracia. Tratamos de crear como nos sale, por momentos desacralizamos, ridiculizamos y tiramos palos; y por otros somos unos boludos que no hacen nada de eso. Pero estamos seguros de que no queremos hacer humor “tinellezco”. Básicamente, la idea es hacer lo que no te dejan en otro medio y los límites los pone cada uno.
– Souto: La premisa es que nos dé gracia a nosotros, ése es el verdadero filtro.
– Scalerandi: A veces nuestros personajes son forros, fascistas o boludos y no necesariamente nosotros somos así, salvo por la excepción de lo último, pero la gente no entiende que los personajes tienen voz propia. En cambio, creen que uno es un forro cuando tu personaje, por ejemplo, habla a favor de los militares. Si razonás te das cuenta de que estamos en contra de los milicos, pero el que habla en ese caso es el personaje y no tu pensamiento.
– ¿Todo lo que publican se debate previamente?
– Scalerandi: Sí, hacemos una especie de mesa de debate para mostrarnos los guiones y bocetos. Además, para que cada uno se sienta seguro a la hora de laburar, pero lo empezamos a implementar hace poco y dio buenos resultados.
– Souto: En el caso de que alguna tira no agote las posibilidades, solemos sugerir alternativas para que el que la hizo pueda resolverla. Siempre desde un punto constructivo, porque nuestra intención es progresar. Además, todos estamos en la misma y el trabajo creativo es tortuoso. Por eso la mirada del otro es positiva para crecer, creo que todos estamos abiertos a escucharnos para mejorar. Nunca olvidamos que además de socios en un proyecto somos amigos.
– ¿Cómo realizan la distribución de la revista?
– Souto: Las revistas se reparten en kioscos y puestos de diarios por medio de una distribuidora, pero a las librerías llevamos el material nosotros. Lo mismo hacemos cuando vamos a buscar auspiciantes, nos caminamos todos los negocios de Corrientes, Cabildo, Santa Fe, es muy agotador. Y después viene la difícil tarea de ir a cobrar. A veces estamos un día para cobrar cinco pesos o te dicen que vengas en otro momento.
– Scalerandi: Hacer una revista independiente te quita mucho tiempo para dibujar remunerativamente, pero le damos para adelante y seguimos dibujando y publicando lo que se nos canta.
– Souto: O también es más rentable quedarte en tu casa sacando un laburo de dibujo que hacés para algún lugar, que salir todo el día por monedas. Nosotros estamos a full todo el tiempo, el rubro del dibujante es muy difícil, tenés que arañar laburos de todos lados y terminás esclavizado.
– No se puede tener un trabajo fijo, ¿no? Es un complemento de varios trabajos…
– Souto: Pan para hoy y hambre para mañana. Si en esta profesión no te movés, quedás afuera. Nosotros coloreamos páginas porno para Estados Unidos, hacemos dibujos para revistas y cómics para otros lados. Todo eso es laburo que no se ve y que no aporta mucho de artístico a tu curriculum, pero es laburo al fin. Por eso, para despegar de esa esclavitud, en Lule Le Lele encontramos el aire para no morir alienados.
Blog:
http://www.lulelelelecomics.blogspot.com