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Marcelo Leguiza: “El cine bizarro tiene más público porque ahora los freaks estamos bien vistos”.-

El director de Marihuana radioactiva interplanetaria, segundo largometraje de la productora Mutazion, contesta por qué hace “cine punk”, cómo filmar cortos con 25 pesos, quiénes nunca estudiaron y hoy la rompen, cuáles son las dificultades con que deben lidiar los realizadores para conseguir un subsidio del INCAA y qué del proyecto de Menem para mandar naves a la estratosfera podría volverse realidad.

Por Facundo Gari

Fotografía de Cecilia Villegas (1) y gentileza de MRI (2)

Buenos Aires, diciembre 24 (Agencia NAN-2010).- Marcelo Leguiza se resguarda a la sombra de un toldo de San Telmo, a metros del bar Británico, donde luego será la entrevista con Agencia NAN. A través de sus lentes negros, el cineasta de 29 años mira la hora en su celular mientras se despega la remera roja con la estampa de un soldado de asalto de Star Wars, pesada por la transpiración aunque no tanto como el disfraz de alienígena de uno de los protagonistas de –vaya nombre– Marihuana radioactiva interplanetaria (MRI), su más reciente largometraje. La Ciudad de Buenos Aires tiene el letargo que le imprime el calor del mediodía, y sin embargo él llega en bicicleta, su transporte por elección. Cierto carácter orgánico reside en ese atisbo de buena salud: para llegar, hay que pedalear, como hace doce años lo hace su productora de “cine punk”, Mutazion. “La denominación ‘cine independiente’ no me gusta. ¿Lo hago porque queda lindo decirlo? Los miembros de la productora venimos del punk y esa es la estética de las películas”, zanja luego de una sesión de fotos para la cual se presta a posar con garras de cotillón. Las guarda como obsequio. Y acepta utilizarlas en alguna filmación.

Googleo mediante, el nombre del film conduce a The Internet Movie Database (IMDb), una de las mayores bases de información on-line sobre cine, televisión y videojuegos. Los datos son apenas los de los actores del reparto, y un curioso logaritmo lleva a la recomendación Mr. & Mrs. Smith (2004), comedia romántica protagonizada por Brad Pitt y Angelina Jolie. Váyase a saber qué tendrán en común para los digitadores del sitio, pero sin lugar a dudas no una coincidencia presupuestaria. Mientras el film dirigido por Doug Liman contó con apenas 110 millones de dólares, MRI fue realizada con ¡2 mil pesos!, que provinieron de los aguinaldos de otros trabajos de Leguiza (camarógrafo en América 2) y el sonidista de Mutazion, Oscar Pata. “Hay veces que hacemos cortos con 25 pesos. Tenemos ese ritmo y fuimos levantando la calidad. De hecho, para MRI varios piensan que gastamos 10 mil pesos”, cuenta el director.
Tampoco tienen ambas películas trama cercana. La de MRI toma como punto de partida un hito en los discursos públicos: el lamentable trip del ex presidente Carlos Menem, que en 1996 prometió instalar en Córdoba una “plataforma” para “naves espaciales” con destino a “Japón, Corea o cualquier parte”. En la película, la promesa es realidad, pero aquellas embarcaciones llevan al hombre argentino hacia su evolución definitiva, un reptil que surca las galaxias con una camiseta de Racing y una envidiable provisión de faso. Antes de concretar un asado con Alf, este horripilante ser intenta realizar unos estudios en un espécimen porteño y rapta por eso a un dealer distraído, que finalmente roba de la nave una gran provisión de THC. Se adivina el porvenir: el dealer y sus amigos –devenidos en una suerte de banda “onda Scooby Doo”– deben escapar de las garras del fumón espacial, dispuesto a todo por recuperar su yerba. “MRI es una película muy especial porque es un festejo. Y el rodaje fue eso: mucho porro y mucha cerveza. En otros rodajes, nos quedamos careta para no irnos a la mierda, pero esta vez, como cumplimos doce años, fue todo lo contrario”, admite Leguiza en la charla con esta agencia.
— Recientemente, en un diario argentino salieron dos noticias vinculadas a la marihuana. “Dicen que afecta más al inicio de la adolescencia” y “EEUU está preocupado por la droga en el GBA”. ¿Por qué cree que hay sectores que insisten en una mirada negativa sobre el consumo de sustancias recreativas?
–Para mí, todo el mundo se fumó un porro. Hay desinformación. MRI no es apológica sino flashera. Y se nota que estábamos fumados, que no era un rodaje careta, porque incluso nos potenciamos. De la productora es la segunda película, y la hicimos para festejar los doce años. De hecho, actúo yo, que por lo general no lo hago. No es muy rigurosa actoralmente.
— Sí lo es en términos técnicos. Con un presupuesto tan bajo, ¿cómo se resuelven los escollos en busca de mejor calidad?
— Es el laburo el que hace que todo salga mejor. Además, el color, la posproducción. Si te ponés a fijar sueldos y trabajos de posproducción, se te van cuatro mil pesos. Es lo que tiene la película. La idea fue hacer una bizarra, pero no hacerla mal bajo esa excusa. MRI tiene técnica, puestas, música, pero es bizarra. El trabajo final respeta lo bizarro pero no está mal hecha.
— ¿Es que lo clase B y lo “mal hecho” van siempre a la par?
— Hay películas bizarras en las que si sale un tipo atrás, se excusa: “Si total, es bizarra”. Hay un preconcepto que incluye el no hacer cine bien en lo bizarro. Ese es un problema. Nosotros laburamos como profesionales. Hay gente que dice: “Vamos a usar cualquier cámara, total es bizarro.” Antes, hicimos Mutazombie y caímos en ese error. Ahora la vemos y decimos: “Un garrón.” Nos molesta ver esa película.

— ¿De dónde proviene la denominación “cine punk”?
— El “cine punk” viene con otra productora, Sarna, una con la que trabajamos en conjunto muy seguido. Hace poco fui productor asociado de una película que hicimos y que se llama Trash, que tiene 3 mil cortes en 60 minutos. Hay que verla porque cambia la forma de ver cine en Argentina. De hecho, ganó como “mejor película iberoamericana” en el festival Buenos Aires Rojo Sangre 2010. La denominación “cine independiente” no nos gusta, porque es como lo bizarro. Cuando era más pibe, tenía dos bandas, Peligro y Rabioso, y cuando no teníamos ganas de ensayar, agarrábamos la cámara y hacíamos cualquier cosa. Así llegamos a los 60 cortos. Muchos no están en Internet porque no da. En la primaria hacía cortos y no sabía qué eran. Era más o menos 1994, porque recuerdo que hicimos uno cuando Argentina quedó fuera del Mundial. Era el menemato, y el padre de un compañero compró una cámara. Se la robábamos e íbamos a filmar. De ese grupo, el único que terminó estudiando cine fui yo.
— ¿Dónde?
— Hice un año en la Enerc (Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica) y dos años de CIC (Centro de Investigación Cinematográfica). Nunca terminé la carrera. A partir del segundo año de CIC, empecé a trabajar. Empecé a darme cuenta de que no servía estudiar. Sentía que estaba tirando la plata. La carrera tendría que ser de un año de teoría y uno de práctica. Entonces, empecé a hacer una pasantía en TyC Sports y a ver que sacaba plata entre eso y otro laburo, como repartidor de pizzas, plata que podía usar para filmar. Así empecé a autogestionar Mutazion. A veces hablo con gente y este tipo de comentarios cae mal.
— ¿Por qué?
— Hay gente muy rigurosa que dice que hay que hacer los tres años de escuela. Tarantino y Robert Rodríguez nunca se recibieron; y si alguien me pregunta, yo le digo que no termine: que estudie un año, que se preocupe por aprender y que empiece a buscar laburo. Incluso hay estudiantes que dicen “si no tengo tal cámara, no filmo”. Te meten ese dogma… Y es muy raro que habiendo 30 mil estudiantes de cine por año no haya en ese tiempo ni cerca de 30 mil películas…
— ¿Cuáles son los espacios de distribución para las alrededor de diez que sí se producen?
— Ahora se abrió una pequeña industria en donde no hay ninguna. Está la industria comercial, subsidiada por el INCAA (Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales) y que no incluye al cine bizarro. Si querés hacer una película subvencionada por el INCAA, tenés que poner la escritura de tu casa. Y encima siempre tenés que trabajar con gente del Sindicato de la Industria Cinematográfica, y eso es un problema. Ninguno de nosotros está afiliado. Tenés que laburar con ellos, no podés con tu director de fotografía. Nosotros preferimos laburar con un presupuesto límitado y hacer lo mismo.
— Pero sin cobrar sueldo…
— Cobramos nuestro laburo si pegamos con Mutazion publicidad, videoclips, dvds… Si tengo que ir a hacer cámara al INCAA, voy a ir, obvio. No estamos en contra de ganar guita. Si con Mutazion no pegamos laburo, tenemos que poner un pedacito de nuestros sueldos para pagar lo que queramos filmar. Así nos financiamos…
— ¿Y en cuanto a espacios de difusión? ¿El cine lo fi no tendrá nunca su INCAA TV?
— Había otro plan muy parecido, te compraban cortos. Pero era la misma burocracia: tenías que poner plata para que te lo pasen por el canal del INCAA. El medio de difusión más importante que tenemos es el Rojo Sangre. Nuestra carrera la hicimos ahí, entre cortos y películas. Para proyectar tenés espacios, pero en forma de ciclos. Luego no hay muchos. Habíamos pegado Artecinema para pasar MRI y Trash, onda grindhouse, durante un mes. Estaba muy buena la idea. Y se enteró el INCAA y le dijo que no, que allí sólo se podían proyectar películas suyas. Dieron de baja a todas las películas independientes. Ahora estamos en tratativas para hacer lo mismo en la sala Cosmos el año que viene. Se abren espacios porque dejaron de ser tres películas las de la movida.
— ¿Y eso con qué tiene que ver?
— No es una explosión, pero en el Rojo Sangre estuvieron todas las salas llenas. Hay dos distribuidoras laburando con este tipo de cine: SRN, que nos distribuye a nosotros, y hay otra que se llama Videofilms. Ambas laburan con catálogos en Internet. De a poquito se abren bares o centros culturales donde exclusivamente se proyecta este tipo de cine. Nosotros trabajamos tercerizados con productoras más grandes, a nivel industrial. Nos van conociendo. “Ah, mirá, estos tipos hacen este cine con el mínimo presupuesto.” Y nos dan laburo. Porque no pueden entender que hagamos una película con 2 mil pesos. Pájaros volando, la última de Capusotto, está subsidiada por el INCAA, y cuando la vimos, pensamos: “Nosotros podemos hacerla mejor.” Técnicamente, algo raro hay ahí. Después hay productoras que ya están en la industria, a las que las grandes empresas les piden trabajos. Nos miran desde arriba como diciendo qué está pasando acá. Algo estamos haciendo bien o ellos están haciendo algo mal. Además, hay un público que busca otro cine. Suena raro, pero hay más freaks. Hace unos años, el tipo que coleccionaba muñequitos o comics era más atípico, pero ahora somos una generación de freaks, y somos más los interesados en estas películas. El cine bizarro tiene más público porque ahora el freak está bien visto.
* En la actualidad, Mutazion rueda su tercer largometraje, Mocosis, en la ciudad bonaerense de Lanús. Se trata de una historia surgida a partir del corto Baba de caracol (diarrea bucal) y que será estrenada en mayo del próximo año.