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M. Gabriela Epumer (1963-2003)

EPUMER_ENTRADA
A los 16 ya era violera y corista de María Rosa Yorio y antes de su muerte lo era para Charly García, pero su proyecto fundamental fue Viuda e Hijas de Roque Enroll. Ilustración: Sebastián Scherman

Por Andrea Álvarez *

La primera vez que vi a María Gabriela fue en la revista Pelo: una hermosa chica tocando la guitarra junto a María Rosa Yorio, que ya era famosa. Yo seguía a cuanta mujer veía en la música y ahí me enteré que María era hermana de Lito Epumer. Tiempo después, me llaman para ser parte de Rouge en la segunda etapa de la banda, cuando empiezan a cantar temas propios en castellano. Y ahí nos juntamos, María, Claudia Sinesi y yo (más Ana Crotti, que era miembro original de la banda). A partir de ese momento nos hicimos un trío casi inseparable. Yo vivía en Burzaco, Claudita en Lugano y María en Villa del Parque. Nos las arreglábamos para vernos prácticamente todos los días. Era una época muy intensa. Estábamos muy comprometidas con la música y teníamos toda la vida por delante para recorrer este camino.

Las comidas en la casa de los Carballo (Dora, la mamá de María, es hermana de Celeste) eran históricas. Celeste cantaba, nosotras hacíamos coros, nos divertíamos y planeábamos estrategias a seguir con la banda. Otro de los mejores momentos lo pasamos en Mar del Plata, cuando nos fuimos con mis viejos de vacaciones y aprovechamos para tocar. Charlábamos sin parar del mismo tema, una y otra vez: novios y música. Yo me acuerdo de todo como si fuera una película en cámara lenta: María, cuando se compró su Gibson SG (nosotras la llamábamos MG), cantaba con Claudita: “Quisiera ver qué hay mas allá del sol…”.

También tengo recuerdos muy puntuales como la visita de Viuda e Hijas de Roque Enroll a Nueva York. Yo vivía ahí y en el interín ellas se habían hecho famosas. Me mostraban fotos de María bailando (siempre estudió danza) y de la cantidad de gente que habían metido en el Luna Park. Cuando decidí volver a la Argentina, Claudia y María me vinieron a buscar en auto a Ezeiza. Mis viejos me llevaban a Burzaco y ellas estaban atrás, riéndose. Yo me daba vuelta a cada rato para hacer contacto visual, casi como si el tiempo del medio no hubiera pasado nunca.

María me llamaba en cada cumple (yo también lo hacía), me dejaba mensajes en el contestador: “Sabés que te quiero mucho, ¿no?”. Y ya cuando mi hijo era bebé, en casa, charlábamos de nuevo las tres sobre la dificultad de ser mujer en el mundo de la música argentina. “¡A veces me dan ganas de largar todo y ponerme un kiosco!”, dijo esa vez María. Nos reíamos. En 1995, grabamos juntas con Ulises Butron (las tres éramos su banda en ese tiempo) el disco Viajero. Ahí volvimos a vernos más seguido.

La recuerdo dulce, controlada, discreta, observadora. Coqueta, suave, gatuna. Brillitos, corazones, plataformas, plumas, todo junto cuando nadie lo usaba. Excelente consejera musical e investigadora “de lo último de lo último de acá y afuera”. Hermana de la vida y de la música, coincidiendo, disintiendo. Juntas.

* Baterista, compositora, cantante. Integró Rouge y Viuda e Hijas de Roque Enroll.

Fuente: NaN #5 (noviembre-diciembre 2011)