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“Él Mató y Bestia Bebé son influencias”

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Lo dice Mariano Di Césare, cantante del sexteto mendocino afincado en la Ciudad de Buenos Aires. “Allá nos llegó tarde el under. De guachos no conocíamos Pavement.”   Fotografía: Martina Trlik (Flickr)

Por Nahuel Gomez
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El Congreso de la Nación es bicameral: está formado por una Cámara de Diputados de doscientos cincuenta y siete escaños y una de Senadores, que contiene otros setenta y dos. Cada una de las provincias federadas elige sus representantes por votación directa de los pobladores de cada distrito. El Senado está integrado por tres representantes de cada provincia y otros tres de la Ciudad de Buenos Aires. En Diputados, el número se establece de acuerdo a un algoritmo que deduce la cantidad de representantes que corresponde a cada provincia en función de su número de habitantes. Es así como, por ejemplo, la provincia de Mendoza posee tres representantes nacionales en Cámara alta y otros diez la baja.

La escena musical independiente de la Argentina es un bardo: está integrada por un sinnúmero de bandas con estilos que van del rock-psicho-tribal-dubstep al folk-punk-shoegaze-caribeño. Desde cualquier punto del país, cada una de ellas sube su música a plataformas web como Bandcamp o Soundcloud y, en medio de un contexto tan fructífero como anárquico, sólo unas pocas logran convertir descargas en público de recitales. Es así como, por ejemplo, desde Mendoza, el grupo Mi Amigo Invencible (MAI) logró trascender el rumor virtual para convertirse en uno de los representantes, a nivel nacional, de la escena independiente provincial, aquélla que el periodista Yumber Vera Rojas dio en llamar “manso indie” (“manso” como equivalente cuyano del “alto”, utilizado en Capital Federal y el Gran Buenos Aires).

MAI surge en Mendoza, durante 2007, como el proyecto solista de Mariano Di Césare, actual cantante y guitarrista de la banda, quien con el tiempo fue invitando a sus amigos a tocar. Mariano Castro en voces y Nicolás Voloschin en guitarras fueron sus laderos al principio; Arturo Martín en batería y Leonardo Gudiño en percusiones le siguieron a partir del segundo disco. En 2008, Di Césare vino a estudiar a la Universidad de Buenos Aires y fue allí donde conoció a Juan Quatrini, el actual bajista del grupo. Entre idas y venidas de integrantes, MAI ya lleva cuatro discos de larga duración: Guaper la terraza que corta el alambre del corral (2007), Las cuatro canciones del viaje (2010), Relatos de un incendio (2011) y La Nostalgia Soundsystem (2013). Pero recién con el último la banda logró trascender decididamente las fronteras de su provincia de orígen. “Creo que la gente sigue una banda porque lleva años laburando o porque tiene un manager o un sello discográfico que la mueve. Uno, por más bueno que sea, se tiene que dedicar a tocar siempre porque se necesita tiempo para escuchar las cosas. Es una cuestión de perseverancia: no es lo mismo ser buenísimo y tener tres años de carrera que ser igual de bueno y llevar diez. El público no se enamora a primera vista, por más bueno que seas. No nos despreocupamos en ese sentido, no decimos ‘tenemos la suerte de que nos vaya bien y ya está’. Laburamos a full para ayudar a la suerte y ser felices haciendo esto”, confiesa Di Césare en la charla con NaN.

La Nostalgia Soundsytem difiere respecto a los discos anteriores: parece más melancólico y suena más prolijo. ¿Creen que, más allá del empeño que pusieron durante años, ahí también pueden estar las claves del salto que dieron?
Mariano Di Césare: —Puede ser. Siempre fuimos melancólicos, aunque siempre mechamos cosas más alegres. Pero sí, es verdad que La Nostalgia… es prácticamente todo melancólico, salvo dos temas. Ahora queremos retomar el estilo de Relatos de un incendio, que es un disco más rockero y rabioso, aspectos que habíamos perdido con la prolijidad del último disco.

—Si bien se mueven en una escena que se puede entender como“indie”, ustedes tocan bien distinto a la mayoría de las bandas con las que comparten fechas. No respetan la base rítmica del kraut, por dar un ejemplo. ¿Por qué están ahí, entonces?
Mariano Castro: —En los ‘80 era el new wave, en los ‘90 era la música alternativa y ahora lo mismo. Si te ponés a ver las bandas indie, no se parecen. El Mató a un Policía Motorizado y Los Reyes del Falsete no tienen mucho que ver. ¿Qué banda no es indie en la actualidad? Ninguna, a menos que hagas punk, metal o reggae, que son estilos bien marcados. Lo que nos parece bueno del indie, lo que nos aglutina ahí, es que está por fuera del sonido establecido y del mercado convencional. Ese sentido romántico, que también tiene que ver con desestructurar las canciones, con darles una vuelta de tuerca. Ahí encontramos lo “indie”.
M.D.C.: —Pasa que las influencias comunes dentro del grupo son cinematográficas o literarias. A la música no le damos mucha bola porque no le ponemos los ingredientes que estamos escuchando. Es algo que sale de cada uno: en la guitarra Nicolás (Voloschin) usa elementos de bandas con mucho de delay, para la percusiones pensamos en Fela Kuti, en el bajo Juan (Quatrini) tiene una influencia más del rock de los ‘70. Si no fuera por Mariano (Castro) haríamos todo instrumental. Él es el que hace hincapié principalmente en que intentemos hacer canciones. A mí me parece que está bueno, es necesario, te conecta más con la gente.

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“Lo que nos aglutina en el indie es que está por fuera del sonido establecido y del mercado convencional”, observa Mariano Castro. Fotografía: Martina Trlik (Flickr)

—¿Es más fuerte lo individual en el grupo dirían?
M.D.C.: —Escuchamos lo mismo. La única influencia común pueden llegar a ser las bandas con las que tocamos. Él Mató y Bestia Bebé, que son bandas amigas, son influencia para casi todos. Aunque Nirvana nos marcó a todos, la data que bajó Sumo y las bandas que salieron después también.

—¿Cómo influye el origen mendocino en su sonido?
M.D.C.: —En Mendoza nos llegó tarde el under, porque había una sola disquería que traía bandas alternativas. Estábamos acostumbrados a la música de MTV, nos llegaba el mainstream. De guachos no conocíamos Pavement, por darte un ejemplo. Una vez acá, aprendimos mucho de lo alternativo. Además, no sé si suena directamente en la música, pero la forma de componer y de tocar es de afuera de la ciudad.
M.C.: —Igual hay sonidos que escuchábamos en Mendoza que no se escuchaban en Buenos Aires. Por ejemplo, una banda mendocina que se llama Miles de Años, que es increíble y que acá no se conoce. Además el folklore siempre estuvo. No se busca rescatar ese sonido, pero se termina filtrando. No es la idea revalorizar el folklore o cambiar algo en ese sentido: nos sale y es bienvenido.

—Son notorios los juegos de voces que emplean. ¿De dónde viene ese elemento distintivo?
M.D.C.: —Puede venir por Simon & Garfunkel, aunque también por Los Reyes del Falsete. Usamos voces porque las tenemos. Nos gusta que lo vean como algo distintivo, pero la realidad es que somos varios y a veces es como que no nos queda otra que cantar (risas).

—Varios músicos independientes mendocinos han venido a tocar a Buenos Aires en este último tiempo. ¿Existe realmente una escena que pretende traspasar fronteras?
M.C.: —Creo que se da más lo contrario. El under porteño en los últimos años está incorporando a Mendoza en su circuito, antes no pasaba eso. Hace poco estuvo Sue Mon Mont, también Viva Elástico y Él Mató. Igual la escena mendocina se mantiene como algo irreal. Es conmovedora, la gente labura mucho, hay un montón de bandas que tocan, que se exigen mucho, ensayan tres veces o más por semana, pero quizá no haya tanto público para esas bandas.
M.D.C.: —Para generar una escena necesitás un corpus de seis o siete bandas con un estilo similar. Eso en Mendoza no existe porque, salvo excepciones, como por ejemplo cuando tocábamos con nuestros amigos de Limón, las bandas se mueven más individualmente. El público no es tanto y es compartido: quizás el que va a ver a Karamelo Santo también está para Mi Amigo Invencible.