
Por Loreta Neira Ocampo
La Selección chilena pasó a octavos de final y sus jugadores son constantemente elogiados por la garra que muestran en la cancha. Luego del triunfo ante España, las celebraciones en Santiago de Chile dejaron buses del transporte público en llamas. Mucho alcohol recorriendo el torrente sanguíneo de los hinchas de camiseta roja. El Mundial se vive de maneras curiosas en todos lados y parece tener el poder de hipnotizar a la masa y hacerla actuar desde los nunca bien ponderados bajos instintos. Sin embargo, esta pasión con la que los vecinos trasandinos están viviendo el campeonato de fútbol en Brasil no es la única que causa revuelo y que conmueve a los coterráneos de Alexis Sánchez, pues hace algunos años una joven generación está dando que hablar.
Los nacidos después de 1980 en Chile vivieron una juventud marcada por una democracia a medias, una democracia que tiene deudas por donde se la mire y que genera los grandes movimientos sociales que van desde las manifestaciones encabezadas por adolescentes en pos de una educación gratuita y de calidad, pasando por las barricadas y tomas de terreno en reclamo de la devolución de tierras indígenas usurpadas, hasta movidas de índole artística, como la búsqueda incesante de fondos y leyes que den apoyo a la creación y la cultura. Son diversas e incontables las movidas que toman las calles del largo país diariamente pidiendo soluciones concretas. El pueblo, nostálgico de una alegría que se prometió y que nunca llegó del todo, hace escuchar sus necesidades.
En ese sentido, la música no es tema aparte. La generación de músicos chilenos que suenan constantemente en las radios y que cada día expanden más sus horizontes es mayormente orgullosa heredera de un estilo de canción nacido bajo el turbio contexto de la represión. Las coordenadas desencadenaron una creativa y valiente búsqueda por romper las restricciones impuestas por un modelo político y social injusto y, créalo o no, legal. Dentro de esta empoderada nueva generación que abarca desde escolares hasta eternos jóvenes de espíritu, nos encontramos con dos personajes que, a través de su música y su poesía, han colaborado sin cansancio en el levantamiento de un renovado movimiento musical, cargado de fuerza y coraje. Nano Stern y Chinoy, cada uno con un estilo propio y fresco en el que la palabra es convertida en un hermoso arma de construcción masiva, llegan nuevamente a la Argentina, guitarras en mano, para dar comienzo a una aventura que los llevará a recorrer juntos, en menos de una semana, escenarios de La Plata, Ciudad de Buenos Aires y Córdoba.
Cuatro días y cinco fechas (las dos primeras realizadas ayer en la ciudad de las diagonales), una agenda algo ocupada como para tener tiempo de dar entrevistas. Así y todo, ambos músicos se dan el tiempo para charlar de buena gana acerca de lo que hacen y de sus experiencias como nuevas voces amplificadas.
* Nano Stern y Chinoy se presentarán hoy en ND/Ateneo (Paraguay 918, Ciudad de Buenos Aires), junto a Bruno Arias; mañana en Cocina de Culturas (Julio A. Roca 491, Barrio Güemes, Córdoba capital), junto a Raly Barrionuevo; y pasado mañana en Río Arriba (Agua de Oro, Costanera Arriba), nuevamente junto a Barrionuevo.