En el Zas, iluminado por tenues luces naranjas, Funes encara a las mesas, con un recipiente pequeño en mano, para retirar unas tiritas de papel. Unos momentos antes, el anfitrión los había invitado a escribir frases en esos papelitos para participar de sorteos de entradas para el ciclo de relato de terror del escritor Alberto Laiseca: libros, revistas, anotadores, poemas, cervezas y monedas de un peso. Incluso besos y un gorro piluso, que el orador llevaba puesto.
Entre tablas de quesos, empanadas y cerveza, el público escribe una frase en una de las tiras y la vuelve a escribir en otra para acreditar la autoría del enunciado. La primera frase en salir sorteada: “Todo lo que gane lo cambio por porro y birra”, lee Funes. Su autor ganó un pequeñísimo anotador. El segundo galardón de la noche fue para una joven que escribió “tanto que fuiste y será”. Se llevó un chocolatín. “Yo no sé si hay alguien que nunca fue a un ciclo de lecturas de poesía o narraciones, pero no se crean que son así, eh”, bromeaba Funes, a esa altura de la noche un showman extravagante, al que no le importa quedar en ridículo o parecer patético.
Funes es uno de los cinco integrantes de El quinteto de la Muerte, grupo de lectura de gran repercusión en los ciclos literarios porteños, junto a Leonardo “El Tigre” Oyola (Chamamé), Federico Levín (Igor), Ignacio Molina (Los estantes vacíos) y Ricardo Romero (Ninguna parte). Además, dirige junto a Juan Terranova (Mi nombre es Rufus) la Editorial Funesiana.
«En la casa todo es silencio. Deja la cama y va hasta la cocina. Camina descalzo, la frescura del piso encerado lo hace sentir bien. Repasa mentalmente cada paso: primero la parte inferior del arco del pie, por último los dedos…» lee Funes, mientras desde un rincón de la casona se escucha un amigable «¡lee bien!». El cuento narra una (no) siesta desde la mirada del hijo del hijo de una pareja, que se niega a dormir durante las tardes, como sí lo hacen sus padres. Lo de Funes es el preámbulo de las lecturas.Mientras se escucha de fondo a Nicole Neumann con su “déjate querer, te lo pido, no quiero otra tarde en soledad”, El Pony Infinito se prepara para subir al escenario por primera vez. Tras dos temas, bajan de las tablas y Funes, otra vez micrófono en mano, anuncia que en pocos minutos comenzara la lectura de narraciones. En esta ocasión, la escritora Natalí Tentori (Mil clavados) y Fernando Figueras leyeron un relato de su autoría.
“Furia que entra moviendo la cola, cuando lo pisó el camión…” comienza Tentori. Sus ojos permanecerán concentrados en las hojas del libro que sostiene, y que contiene la historia de una mascota y una dueña. Las luces han disminuido aún más su intensidad para crear una atmósfera que invite a escuchar la voz de la escritora relatando sus propias palabras. El público presta atención a la trama del cuento, que tiene varios versos en su estructura, y se oyen risas. A su turno, Figueras se ubica en el medio del escenario, con el telón a medio cerrar. A diferencia de Tentori, él trata de interpretar el texto. Y por momentos lo logra. Así, con su también extenso relato, de tipo fantástico, consigue conquistar aún más los oídos del público, que por esa hora ha comenzado a abandonar el centro cultural. Ambos reciben aplausos, muchos de escritores, como Levín.
El ciclo se lleva a cabo desde agosto de 2006. Y surge como una alternativa a la multitud de ciclos de lecturas de poesías. “Salvo las noches de poesía y cuentos del Grupo Alejandría, que ya no me divertían, no había otro espacio donde se leyeran narraciones. La narrativa no tenía muchos lugares y había escritores que no tenían un lugar para leer. Así, se me ocurrió hacer un ciclo de lecturas de relatos y que sea siempre jodón”, explica Funes a Agencia NAN.
Sin embargo, aún predominan los ciclos de poesía. “Yo pensaba que se debía a que es explosiva y más corta y que es difícil mantener la atención en la lectura de un cuento, pero después probamos que leer un cuento no es tan complicado y difícil como dicen, hay ganarse la atención del público. Por ejemplo, utilizando imágenes o proyecciones. Una vez Ricardo Romero repartió narices de payaso antes de leer y de esa forma logró la atención del público”, analizó el anfitrión de Los mudos.
Por el ciclo, que se lleva a cabo una vez por mes, ya pasaron más de 45 autores, como Mariana Enríquez, Marina Mariasch, Clara Anich, Juan Terranova y Valeria Tentoni, directora de la revista La Quetrófila. “Al principio venía más gente, pero ahora hay 25 ciclos en la ciudad, y eso me alegra por una parte, pero también me entristece porque no se puede competir con tantos, ya que al haber tanta oferta la gente va rotando. Igual, tenemos publico habitué”, comentó Funes, autor de Papel.
El escritor-organizador-anfitrión bizarro revela que no siempre el éxito de un ciclo depende de la asistencia de un escritor conocido. “Cuanto más conocido es el autor que lee, menos gente va a escucharlos, quizá se debe que en algunos casos no leen bien en público. Aparte, a veces te sentís re afortunado de tener el mail de un escritor reconocido, pero al final no viene nadie”, se asombra.
Ya en el final, alrededor de la 1.15, El Pony Infinito vuelve a subir al escenario de la casona para cerrar el encuentro, mientras Funes lleva a cabo los últimos sorteos de la noche. Agencia NAN no tuvo fortuna. El próximo ciclo tendrá lugar el 17 de septiembre en el mismo lugar. Y será como, en cada ocasión, gratis.
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