/Archivo

Noticias de ayer (de hoy, de siempre).-

Una hoja en blanco no le sirvió. Unos pinceles como herramienta para transformar esa hoja, tampoco. La artista plástica Mariana Etchegoyhen encontró en las páginas de los diarios el elemento preciso para hablar de ellos y de la relación que la sociedad entabla con la realidad que crean.

Por Paula Sabatés
Fotografía gentileza Marina Etchegoyhen

Buenos Aires, septiembre 30 (Agencia NAN-2011).- Un diario puede tener múltiples lecturas. Más aun en estos tiempos, en los cuales los medios de comunicación están en el centro de debates académico-sociales. Algunos son tildados de panfletos opositores, otros de amiguitos del gobierno. Algunos son objeto de risa –pareciera que eso buscan (“Sofía-Gala-Porro”)- y otros demasiado elitistas para ser leídos por la gran masa. Todos despiertan sensaciones diversas y por eso las lecturas del mapa mediático son tan variadas como lectores hay. “Los diarios permiten ver un contexto y elaborar un pensamiento crítico”, dice a Agencia NAN la artista visual Marina Etchegoyhen. Y ella lo sabe bien: desde hace cinco años realiza y expone instalaciones artísticas con los principales diarios nacionales (Clarín, Página/12 y La Nación) como materia prima conceptual, en el intento de “crear metáforas visuales que denoten algún aspecto crítico sobre los medios de comunicación masivos y lo cotidiano”.

Empezó pensando en que los diarios como soporte podían servirle para partir de algo que tuviera que ver con la realidad, y no de una hoja en blanco. Así, probó con pintar algunas noticias y armar con ellas relatos pintados. Pronto, de esta técnica surgieron otros formatos, como Germinaciones, su primera serie concreta con este material, que comenzó a armar en 2006. En ella probó plantar semillas de plantas en frascos de vidrio rellenos de papel de diario, para ver, metafóricamente, si lo que “germinaba” dentro de los diarios realmente crecía o no. El resultado fue positivo: las semillas crecieron como si hubieran sido plantadas en la mejor de las tierras fértiles. Frente a este éxito, la artista decidió ir por más y preguntarse qué pasaba con eso que crecía en los diarios. Fue así que, “probando un poco de casualidad”, pegó unos diarios con otros y estos empezaron a pudrirse, a generar hongos y largar olor a podrido. De esa experiencia surgió Paisaje Mediático. “Me gustó la idea y la fuerza que tenía esa metáfora: que la información, como todo lo que se pone viejo, se transforma y se pudre”, cuenta.

El problema de esas obras era cómo exhibirlas al público. De Germinaciones mostró algunas fotos sueltas, porque “obras así funcionan más como instalación que como obras para ser puestas de la misma manera siempre en una galería”. Y Paisaje Mediático fue temporalmente un mural de la muestra Papel Sujeto/Objeto del Palais de Glace, pero al tiempo se le complicó seguir mostrándolo porque ya empezaba a tener demasiado olor a podrido. Hoy, esa obra está guardada en un taper en el balcón de la casa de la artista, esperando encontrar algún formato o dispositivo para ver la luz de nuevo.

Pero esas obras no le bastaban a Etchegoyhen para entender y explicar la manera en que los medios estructuran el contenido de lo comunicado. En esa búsqueda, y también a partir de pruebas semi casuales de taller, surgió su última serie con diarios, a la que tituló Microacciones en bares y que expuso recientemente en la muestra Proyecto Circular III del Palais de Glace. Se trata de pequeñas grandes intervenciones en diarios: noticias cambiadas, fotos trucadas e información manipulada. “Fui probando, haciendo collages, pegando y cambiando cositas pequeñas. Pronto, todo eso se convirtió en una forma de saber si la gente se da cuenta de lo que lee o no”, afirma la artista, quien pronto se dio cuenta de que no tenía mucho sentido exhibir esa serie como objeto de galería porque la gente apenas hojeaba los diarios y decidió llevarlos a un espacio donde sí hubiera lectores de noticias. Fue a bares, robó los diarios que había y los cambió por los suyos. Fue sola, con una cámara, en grupo. Todas las veces obtuvo la misma conclusión.

–¿Qué pasaba?
–La gente no se daba cuenta. Y si se daba cuenta, pensaba que era un error del diario y se iba del bar pensando cualquier cosa de los medios de comunicación. Al principio mis intervenciones eran muy sutiles porque no quería que se note mucho y además porque lo hacía de manera mucho más artesanal. Fotocopiaba epígrafes de otros diarios y los transfería o pegaba pedacitos de notas arriba de otras. Pero como nadie se percataba de nada, empecé a exagerar todo, a poner cualquier cosa con cualquier cosa.

–¿Cómo qué?
–Y… llegué a cambiar toda la información. Lo más evidente fue poner que Néstor (Kirchner) estaba vivo o que (Gustavo) Cerati, cantando. Cosas de mal gusto, quizás, pero necesarias de seguro para llamar la atención de la gente, para generarle algún tipo de pensamiento crítico. Y aún así muchos miraban el diario y si me conocían me preguntaban: “¿qué cambiaste, che? No lo encuentro”. Eso tiene que ver con la forma en que se lee. Muchas veces sólo se ven los titulares y no se le presta atención a lo demás. Después de ver eso, mi trabajo se fue simplificando a medida de que entendía qué era lo que daba resultado y que no. Y una idea me fue llevando a otra y así traté de ver qué funcionaba con qué, dejando siempre de lado los prejuicios de si lo que estaba haciendo era arte o no.

–¿No creés que lo sea?
— Cuando hacía las acciones en los bares a nadie le importaba si eso era arte o no. A mí tampoco. Por eso fui trabajando y haciendo cosas por intuición y descartando, y así descubriendo qué es lo que me interesaba. El problema es que hoy todos los concursos te piden que escribas doscientas palabras sobre cosas concretas de las obras, y a veces no sabes qué escribir porque la obra es y ya. De todos modos, después de los bares volví a mostrarlos en el Palais de Glace, donde además llevé un video sobre lo que había filmado de los bares. Y así estoy: probando diferentes maneras de mostrarlo, buscando diferentes reacciones. Porque no hay que olvidar que los públicos también son muy distintos. Por eso no busco una legitimación de mi trabajo como obra de arte. Mi idea es que sucedan algo, no que eso sea solamente contemplado como arte. Después de todo, los diarios no son un hecho artístico en sí, sino que se transforman cuando son exhibidos en una galería o un museo.