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“Once de molleja” de D.U.H.A.L.D.E.

DUHALDE_ENTRADA
Relato bizarro de la generación que creció en la crisis de 2001, el primer LP del quinteto de Lomas de Zamora pasea por el jet set aceitoso, la política y el fútbol.     .

Por Mario Yannoulas

Libertad, rebeldía, entretenimiento, escapismo. Si el rock alguna vez pretendió ser vehículo de cualquiera de esos estados, leer “Duhalde” —separado por puntos, pero dicho al fin— en el reproductor puede ser una manera poco ortodoxa de empezar. Así y todo, D.U.H.A.L.D.E. es una banda de rock. ¿Provocación? Probablemente. Pero al terminar de escuchar Once de molleja, álbum debut del quinteto, lo que se devela es el relato bizarro y amoral de una generación: la que creció en el caldo de la debacle de 2001, la que abrazó el ridículo con Todo X 2 pesos, la que se mofa de la fauna televisiva a través de programas de archivo. Política (“Eduardo Luis Duhalde”), jet set aceitoso (“Intrusos”) y fútbol (“Me hago la paja dub”) son algunas de las manijas desde las que se puede agarrar la placa, que desestima las charlas de claustro y se inclina por ésas que se dan cualquier noche entre un par de porros y un fernet. Un espionaje cannábico de la realidad, que permite absorber los detalles más inútiles hasta transformarlos en una contraseña generacional tan divertida como descartable.

La declamación sucia y en clave teatral de Lady Marian, sobre una base densa pero clara, redunda en una cierta violencia simpática con reminiscencias del Merde de Triciclosclos. Algún flirteo moderado con el hardcore, otro tanto con la psicodelia, pero siempre como soporte para la lírica, que opina acerca de comentaristas (“Julio Ricardo es un viejo travesti con olor a bolas”), sobre los mitos de Felipe Pigna (“Después, llegó el sambayón y Perón, ¡y nació Don Ramón!/ Política popular, a rabiar, a cagar, ¡en todo el país!”) y hasta recuerda que Bernardo Neustadt insistía con cambiarle el nombre al fallecido hijo de Blumberg (“¡Soy Alex Blumbeeerg! —Axel—”). Cagándose por igual en la sensiblería indie, el rock panfletario y cualquier moralina, Once de Molleja —que se escucha gratis desde www.duhalde.bandcamp.com— dibuja un sujeto híper-real: un filo-treintañero en shorts que, envuelto en flores, exprime su tiempo de ocio frente al televisor de algún hogar conurbano y recauda chatarra para la reunión con los pibes.