Fotografía gentileza de Otras mujeres
Buenos aires, marzo 8 (Agencia NAN-2011).- En Otras mujeres, pieza teatral que se muestra los viernes a las 23 en La Tertulia (Gallo 826, Ciudad de Buenos Aires), el medio de comunicación a través del que las hermanas interpretadas por las jóvenes Delfina Danelotti y Soledad Siri dan con un galán de citas a ciegas es un aviso en una publicación en papel, y basta ese apunte para consignar que esta obra que une los textos Dos mujeres y La otra, ambos del dramaturgo Javier Daulte, no fue aggiornada por la debutante directora Aldana Contrera a los tiempos en que buena parte de ese tipo de encuentros se gesta en la red 2.0. No es condición de necesariedad, más bien esa falta de actualización vuelve la atención sobre la presumible capacidad del arte para tratar temas esenciales, con textos de significados limitados y no obstante reconocimientos ilimitados.
Aquí el eje es la soledad, o sus enfermizos derivados, y es notorio que sea sobre la base de un trabajo colectivo de un grupo de estudiantes de puesta en escena de la Escuela Metropolitana de Arte Dramático. No es la primera vez que a alguien se le ocurre jugar con estas dos dramaturgias del guionista y director del “teatro como acto de celebración” (que la elección algo forzada de este axioma sirva a modo de brindis de Agencia NAN para con ustedes, lectores, por los gratos feriados de carnaval de ayer y hoy en la Argentina): Martín Ortiz lo había hecho en el mismo espacio teatral en 2007 bajo el título de Mujeres, con actuaciones de Cecilia Bruza y Magalí Melia. Empero, la originalidad aquí es formal, estética, antes que de contenido, y en ello la riqueza de la puesta.
Al comienzo, bajo el texto de Dos mujeres, Danelotti y Siri –de buenas performances– se visten como muñecas, viven en una habitación de muñecas y se mueven como muñecas, hieráticas. Hasta hablan como muñecas, en un español neutro sobre todo exclamativo, que no va en detrimento de los giros lingüísticos y términos propiamente vernáculos, y que le abre la puerta a la comicidad. Van a toda máquina, con la velocidad que sus lenguas les permiten y que los cerebros de los espectadores logran absorber más tarde que pronto, si se atiende a la brevedad de la obra.
En términos argumentativos, la espera de ese encuentro pactado con un desconocido desvela en ellas sus contradicciones y temores, pero lo que aparece como un intento de concordancia con las subjetividades del público queda en orsai. Momentos oníricos mediante, la elipsis es posible, aunque no demasiado certera como estrategia discursiva. Lo mismo ocurre en la segunda parte, correspondiente a La otra, en la que una de ellas recibe a la restante con un cadáver en el baño y la resolución se agota en una conclusión que coincide con el punto de partida: lo dice la gacetilla con que se promociona el espectáculo, estas mujeres “no son capaces de dar ni recibir”.
El final es anunciado por una luz que se agota tenue sobre los cuerpos de las protagonistas, y el espectador se queda con ganas de verter más contenido en una forma que indudablemente cautiva.