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Pánico y locura en La Feria.-

La 34ª edición de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires estuvo marcada por la participación de un nuevo público: el preadolescente usuario de Fotolog, convocado en masa por la presencia de la joven y atractiva Cielo Latini, ex anoréxica, fotologuera y autora del best seller Abzurdah. Pero entre los gritos histéricos de los más jóvenes, un griterío menos obvio también se alzó: el del adicto a los libros dos semanas al año. El predio ferial de La Rural recibió fauna nueva y a los conocidos de siempre, unificados por el malestar colectivo que desata el saber que no se llegará a recorrer todos los stands en sólo un día. Agencia NAN se dio un baño de muchedumbre y recorrió lo que pudo de la Feria, días antes de su finalización, para recoger imágenes y testimonios de los amantes fugaces de la literatura.

Por Esteban Vera.

Buenos Aires, mayo 13 (Agencia NAN).- La pausada caminata por la alfombra roja que conduce al centro de la 34ª Feria Internacional del Libro de Buenos Aires expone al visitante a las primeras impresiones de multitud e histeria. Y, también, a cientos de publicidades. Ya sobre el final de la pasarela, la mayoría de los visitantes se aventura en el laberinto de los libros. Otros dudan y se acercan a Informes. “¿Cómo llegó hasta el Pabellón Verde, al de Planeta, al stand de Cielo Latini?”, pregunta con emocionada acentuación un fotologuero. “Es fácil: seguís derecho, pasas el acceso peatonal y seguís derecho, por esa calle que es la 19, hasta la 14, ahí está el stand”, señala una de las jóvenes de Informes. Al final del recorrido, cientos de adolescentes y preadolescentes esperan ansiosos e histéricos la presencia de la escritora Cielo Latini, ex anoréxica y autora del best seller Abzurdah.

“Leí el libro hace un año. Tenía ganas de conocerla, pero como no vivo en Buenos Aires nunca pude. Y ahora que estoy acá, busqué un evento donde estuviera ella. Hace dos meses que sé que iba a estar acá, así que estuve esperando el día y al fin llegó”, le cuenta un chico de pantalón chupín amarillo a una admiradora de Latini, mientras esperan por su escritora fetiche, que hasta les hizo un guiño cómplice con el fotologueril nombre de su libro. “Lo leí porque me identifiqué mucho con ella, está bien escrito y Cielo es hermosa. La conocí mirando el programa de Mirta Legrand, en un programa en el que hablaron de la anorexia, nada más. Después me di cuenta de que firmaba su fotolog y no sabía quién era. Me tenía en sus favoritos y me dije ‘¡wow!’”, le relata el joven, con su flequillo peinado hacia el costado, tapándole la cara, y un pearcing sobre el labio superior. A su alrededor, las devotas de Latini llorisquean emocionadas.

Otro fotologuero sintetiza su devoción por la joven y atractiva autora de Abzurdah: “Es una diosa”, sentencia frente a Agencia NAN. Mientras tanto, chicas de chupines blancos de la misma marca que el amarillo, remeras unisex desbocadas y diminutas camperas se toman algunas fotos cerca del puesto del Grupo Planeta, que Latini visita por segunda vez en 14 días, para firmar ejemplares, tomarse fotos o darle besos a sus histéricos devotos.

A unos metros del epicentro de la devoción, en el stand de Ediciones Corregidor, un muchacho hojea Relato, cuentos, poemas y misceláneas, de Macedonio Fernández. “¿Cuál es el precio?”, pregunta. “Veintinueve pesos, pero con tarjeta de debito o crédito tenés un descuento del diez por ciento”, recita de memoria una de las vendedoras del espacio. El muchacho duda. Finalmente, abandona a Macedonio y a su reeditada obra.

A la izquierda, en el pabellón contiguo, el Azul, un joven escucha música en su MP3, aislado del resto, sosteniendo en sus manos las Narraciones extraordinarias de Edgar Allan Poe, en el espacio de Aleph. Lo hojea y se detiene unos minutos a leer el relato “Corazón delator”. Luego espera su turno en una larga fila, pero no de compradores, sino de preguntadores de precios. “Quinces pesos”, la respuesta. Vuelve la mirada al libro y decide llevarlo. A su lado, unos nenes de pochoclo en mano hojean libros en el stand de las ofertas de tres ejemplares por diez pesos. Allí, los grandes títulos de la literatura universal, en ediciones baratas, se compran en masa por no más de veinte pesos.

Entretanto, en el Pabellón Azul, una joven marxista desdeña contra una recopilación de ensayos que abordan los hechos nefastos del 19 y 20 de diciembre de 2001. “Un tipo que salió a las calles a golpear las puertas de los bancos, a golpear cacerolas no necesita que esos libros (los que apunta, ofrecidos en el puesto de Prometeo Libros) le cuenten qué paso, sino que se profundice en la cuestión con teoría”, trata de convencer a un padre y, de paso, a su pequeña hija. “Esa persona, como usted, no se puede perder la oportunidad de leer sobre la plusvalía y la lucha de clases”, recomienda, mientras lo invita a llevarse El Capital, o cualquier libro del filósofo alemán Karl Marx.

Por los laberintos de la Feria, una de las frases más escuchadas es “cómo llego hasta tal o cual stand, sala o la salida”. Los que no vienen por primera vez, en cambio, reclaman porque “antes cada pabellón tenía un color de alfombra distinto”. “El Pabellón Amarillo, ¿no tenía una alfombra amarilla?”, tratan de recordar. Ahora, una alfombra roja cubre el piso de la exposición. Así, se dificulta llegar al espacio o sala de conferencia buscados, al libro, al autor.

A la salida de la Feria, por el túnel de circulación y conexión del acceso de Plaza Italia, varias jóvenes promotoras ofrecen probar la variedad menta de la más reconocida marca de Fernet. Por esa salida, la caminata del laberinto de 45 mil metros cuadrados lleva a la misma lentitud en los pasos que la entrada.