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Patricia Pietrafesa: muchacha y punk.-

Es música. También fue escritora en los 80s, disciplina que comenzó a recuperar hace un tiempo en formato blog. Artista es la categoría que mejor define a esta mujer que, desde que descubrió el punk en la revista Pelo y el diario Crónica, apuntó a un solo destino: la caída sincrónica de todas las estructuras de poder, opresión, marginación y desigualdad. La supuesta supremacía del hombre por sobre la mujer, claro, entre ellas.

Por Luis Paz
Fotografía de Rotmi Enciso

“Me agarraron haciendo
lo que esperaban que hiciera
en el lugar indicado.”

[She-Devils – Inconforme e inapropiado]

Buenos Aires, marzo 12 (Agencia NAN-2010).- Patricia Pietrafesa ha estado más de una vez en el lugar apropiado. Y también en el menos recomendable. Artista y comunicadora central del brote underground de los 80s, siempre involucrada en bandas y publicaciones que sentaron las bases del modo de crear contracultura y –tal vez lo más difícil– llevarla a la confrontación con la oficial, Patricia volvió a cobrar notoriedad musical en los últimos años, como participante de Kumbia Queers. Pero así como con ellas ahora propone la libertad de elecciones sexuales y la igualdad, durante doce años supo alertar desde She-Devils sobre la igualdad de género y el final de la violencia, cualquiera sea ella, doméstica, sexual o simbólica. Porque cada vez que Patricia da una nota, escribe en su blog o mantiene una charla informal, esgrime una clara y firme coherencia entre sus convicciones y aquello por lo que siempre ha combatido desde su pluma, boca o bajo: la libertad de pensamiento, acción y elección. Y como miembro de ese selecto grupo que sabe estar en el lugar y momento indicado para generar un cambio, una base o, al menos, un testimonio, esta semana que comenzó con la pantomima del día de la mujer y trascurrió entre informes y debates sobre el aborto, a raíz de un nuevo hecho lamentable, vuelve a necesitarla como fuente, mente y palabra. Así que ella habla…

“Toqué mucho con hombres y con mujeres y nunca hubo problemas con ellos, pero no se me escapan episodios que denotan un machismo muy grande. Uno propio, en los 80s. Con Cadáveres de Niños tocamos en La Manzana de las Luces y nos tiraron tantas cosas que hubo que dejar el escenario. Era, evidentemente, una cuestión de machismo. Había mucha furia machista en esa época y, aunque creo que algunas cosas fueron cambiando y eso casi no sucede, siempre hay momentos en los que el machismo renace”, empieza a contar. El otro episodio, el ajeno, la tuvo entre el público: Nirvana llegaba a Argentina y las Calamity Jane eran las teloneras importadas. El soporte argentino fueron Los Brujos y el año,1992. Tal vez en ese show haya nacido la leyenda de que Kurt Cobain robó “Smell Like Teen Spirit” del “Kanishka” de Los Brujos. Cuando la banda argentina terminó su presentación, las Calamity Jane subieron y “las cagaron a piedrazos”, recuerda Patricia.

“Pero no solo se escapa esa violencia machista y tiene rebrotes, también pasa cuando uno propone un hecho artístico que es reaccionario o cuando escribe cosas, digamos, progres. Resulta que cambió el mundo, pero es así, se sigue pensando así, con violencia”, lamenta Pietrafesa, y bastan dos experiencias para demostrar su buen carácter para la convivencia. El primero, aquella cooperativa de músicos independientes que ideó durante los 80s y tuvo un desgraciado final por culpa de un desgraciado: un músico olvidable que hacía las veces de tesorero se fugó con la recaudación de los festivales autogestionados que solían organizar. El segundo, los festivales Belladona que durante una década organizó estando en She-Devils: allí se presentaban preferentemente bandas de mujeres, “pero si algún hombre quería tocar, más que bien”. En los Belladona, además de música en vivo, se pusieron en práctica iniciativas de género, como charlas, debates, lecturas y proyecciones; muestras artísticas, puestas teatrales y todos aquellos elementos que, ulteriormente, son el concepto de cualquier obra: la libertad. “Practicamos muchos acercamientos a problemáticas sociales, económicas, ecológicas, de arte, de género. Lo hicimos durante diez años y considero que ofrecía muchas oportunidades. Trajimos bandas de afuera y fuimos bandas de acá a tocar al exterior. Y los festivales eran acústicos para que el volumen no tapase las demás iniciativas”, recuerda Patricia, muchacha y punk. En los Belladona, aunque no lo mencione por su desconfianza sobre la fecha “celebrada” el lunes, se debatía con ahínco hardcore la existencia del día institucionalizado de la mujer.

De vuelta en el espiral sincrónico, vale comentar que She-Devils publicó hace una década el EP El aborto ilegal asesina mi libertad, junto a Fun People. “Fue el primer disco del sello de ellos, Ugly Records, un maxisimple original en vinilo, de un lado nosotras y del otro ellos. El disco fue editado a favor de la despenalización del aborto. No a favor del aborto, ojo, sino a favor de su despenalización”, aclara quien durante muchos años, en el fulgor efervescente de una movida que encabezaron el Don Cornelio y La Zona de Palo Pandolfo, el Todos Tus Muertos de Fidel Nadal y Gamexane y el Cadáveres de Niños de Marcelo Pocavida y Patricia (Pat, para los amigos y conocidos), no debió aclarar nada. “En la escena under de entonces el tema de la despenalización del aborto era entendido como una opinión compartida y casi obvia, lo mismo que muchos otros conceptos que tienen que ver con la familia, la tradición y la propiedad”. Pero volviendo al disco compartido con la banda de Boom Boom Kid (entonces Nekro), la bajista y cantante recupera la presentación: “Pero claro, ¿qué pasaba? Veníamos las bandas con una propuesta y capaz muchos pibes estaban muy dentro de esas estructuras de la familia, la tradición y la propiedad; y bardearon”.

Nekro, con el Hardcore Gay Antifascista que mantiene, ya como juglar adulto; y Pat, con She-Devils y Kumbia Queers, siguieron prestando oposición a aquellas estructuras y fortaleciendo otras tradiciones: las libertades y la comunicación familiar, la autogestión del arte y la cultura. “Creo que la autogestión y la ‘independencia’ se han convertido en valores más económicos que políticos. No sé si es algo necesariamente malo, es admisible hoy por hoy, porque hay muchas herramientas que hacen que la independencia se convierta en una opción más que en una posición. Si podés armar un disco en tu casa, parece no faltar un contenido ideológico en esa creación independiente ni un discurso, simplemente estás usando herramientas para lo que querés. Lo que sí lamento es el vacío de sentido y la falta de atractivo en las cosas que suceden. No sé qué falta para que me gusten, pero de todos modos rescato que estén haciendo las cosas por sí mismos”, se cuelga Patricia; y ese “hacelo vos mismo”, tan caro a la generación punk argentina una década después de haberlo sido para la anglosajona, es el que lleva a Kumbia Queers a estar a punto de publicar su segundo disco (tras Kumbia Nena, de 2007), producido por Pablo Lescano, tecladista del disco, y de viajar a México para tocar en el Vive Latino, el segundo festival más importante de Latinoamérica para la música alternativa.

Claro, ser punk en el 84, en el 97 y en 2010 no ha sido lo mismo. “El punk rock de acá surgió a finales de la dictadura y se expandió durante los primeros años de la democracia. Veníamos de la absoluta oscuridad y fuimos peleando, cada uno con sus convicciones, por los espacios. No éramos todos de la misma tribu, como se dice ahora, pero teníamos un mismo fin todos: los marginados, los alternativos, los darks, los heavies, las trabajadoras del sexo, las lesbianas”. En aquellos años en que descubrió el punk en una revista Pelo y se topó con una nota sobre los Sex Pistols ¡en Crónica!, Patricia estaba en plenitud adolescente y solía ver a bandas entonces ignotas: Los Violadores y Los Laxantes, donde Marcelo Pocavida provocaba terror. Tras la disolución de su banda Sentimiento Incontrolable, armó con él Cadáveres de Niños (en realidad, el nombre era Miles de Millones de Cadáveres de Niños Negros Muertos de Hambre y de Frío) mientras daba forma a los fanzines Kien Sirve La Kausa Del Kaos? y Resistencia.

Participaba de todo y los participaba a todos: sus amigos, compañeros, público. “Estaba altamente involucrada en organizar manifestaciones por la derogación de los edictos policiales y apasionadamente activa en la cooperativa de músicos independientes. Creía en formar un sello independiente, que las bandas nos organicemos para sacar discos y hacer giras, quería crear una escena paralela a la existente e independencia y autogestión eran los términos que usábamos. Lamentablemente, después se convirtió en una iniciativa de individuos más que en una cooperativa y estuvo ese hecho repudiable del robo de la recaudación”.

En la salida de la dictadura, la cosa no era demasiado mejor, en términos de libertades, para aquella catarata de freaks que convirtió a Cemento, La Manzana de las Luces y Die Schule en Niágaras de arte y (contra)cultura, en sincronía con Sumo, Cadillacs y Redondos. “Un periodo muy rico en anécdotas fue aquel. Nos llevaban presos a todos juntos en las cercanías del boliche Container. Punks, skinheads, skaters y darks, todos en el mismo calabozo”. Muchos de esos momentos aparecen recuperados ahora en Resistenciazinepunk, el blog que Patricia acaba de abrir para reunir y volver a hacer hablar a aquellos textos fundacionales de Resistencia y Kien Sirve la Kausa del Kaos?, donde, entre otros, Fidel Nadal publicó textos tiempo antes de armar Todos Tus Muertos. Es más, un cuarto de siglo antes de “International Love”. Revisionismo punk antropológico llama Patricia a aquellos textos. “Mi visión del mundo en ese momento”, resume. ¿Cuál? Esa postura orientada a la gran y única revolución: la caída sincrónica de todas las estructuras de poder, opresión, marginación y desigualdad.

Blog: http://www.resistenciazinepunk.blogspot.com/