
Por Nicolás Lantos
Las bandas buenas son las bandas que avanzan, disco a disco, ensayo a ensayo y show a show, en la búsqueda de un lenguaje, un timbre, cierto grado de madurez. Es algo muy difícil de lograr, aunque por suerte hoy la escena cuenta con más que un puñado de ésas. Pero después están las bandas enormes. En algunos casos se trata de buenas bandas que eventualmente encuentran ese nivel óptimo y logran asentarse ahí, dejar de avanzar para comenzar, sobre ese punto preciso, a crecer y construirse. Y hay algunas pocas, muy contadas, que desde un primer momento tienen muy en claro qué quieren hacer y cómo quieren hacerlo, y se dedican, show tras show, ensayo tras ensayo, disco tras disco, a afianzarse hasta volverse gigantes con pies de plomo bien plantados en el suelo. El Perrodiablo es una de ésas.
En Cacería (Oui Oui, 2014) no hay nada que no se advirtiera cuando, hace seis años, editaban de forma autogestionada su primer disco, La bomba sucia; o cuando tocaban en antros poco recomendables para una audiencia que cabía en dos autos medianos (hoy siguen tocando en los mismos antros no recomendables pero los llenan de gente que canta todas las canciones y se prende en el pogo y en el juego que propone Doma, probablemente el mejor frontman que haya dado el rock argentino desde Pity de Viejas Locas). Y lo que pasa en los discos y encima del escenario sigue siendo más o menos lo mismo: no hay más instrumentos, ni más acordes, ni más parafernalia que hace tres álbumes. No hay, me atrevería a asegurar, ni siquiera más efectos para las guitarras que los que usaban Lea y Chaume hace más de media década (esto habría que chequearlo con ellos). El Perrodiablo nació convencido y ejerce esa convicción de forma intensa y sostenida (“No es mi negocio, no es mi trabajo/ no estoy acá por un pedazo./ No me arrastré por un contacto/ para pertenecer a este teatro./ Cuando me pidan que experimente/ miren al resto de la gente/ que se extravió en el camino/ por no estar convencidos”, aúlla Doma en “Medicina”. No más preguntas, señor juez).
Eso no significa que lleven todo este tiempo haciendo lo mismo: por el contrario, es una banda que se agiganta paso a paso, suena, compone e interpreta cada vez mejor. El Perrodiablo madura sin aggiornarse, se profesionaliza sin perder espontaneidad. No es que las canciones de Cacería sean superiores a las que venían haciendo. Es que todo está un poco más en su lugar. Cacería es a El espíritu lo que El espíritu fue, en su momento, a Orgía políticamente correcta. Lo mismo pero más ajustado, más fuerte, más caliente.
Y por eso, porque tengo miedo de quedarme sin adjetivos para el próximo, voy a evitar terminar esta reseña calificando de forma grandilocuente a Cacería, un disco que sin dudas se lo merecería. Sólo basta decir que si te gusta el rock and roll y no escuchás El Perrodiablo, se te está escapando la tortuga sobre cuyo caparazón viajan cuatro elefantes que sostienen el planeta. Dale, despertate, que “el resto del viaje es turismo de voltaje”.
* El Perrodiablo tocará junto a Pez y Acorazado Potemkin el sábado 25 de octubre desde las 23 en Refugio Guernica (Tillard 115, Córdoba), en el marco del FestiPez.