Por Ailín Bullentini
Fotografías de María Luz Carmona
Buenos Aires, abril 16 (Agencia NAN-2010).- No es un cuerpo que pierde el control de sus movimientos a partir de un estado de fatiga crónica. Tampoco la prestación de un grupo de cuerpos –específicamente tres– a una fiesta sexual en la que la pérdida del control es, sino necesaria, satisfactoria. Surmenage a Trois es, definitivamente, una mezcla de ambos estados: un espectáculo de tres cuadros que, desde la fusión de la danza y el teatro, obligan a los cuerpos de los protagonistas a despojarse del control de la mente, que los obliga a moverse al son que impone la rutina cotidiana, para brillar con la luz de la dinámica del movimiento y la interpretación dramática. Arriba del escenario, los cuerpos de los nueve artistas que participan de la obra, miembros de la compañía de teatro y danza independiente ProyectoDos, interpretan los anhelos de los coreógrafos Alejandro Ibarra –director de la compañía–, Karina K y Gustavo Wons desde el cumplimiento de las reglas que imponen las dos disciplinas mixturadas, y obligan a estallar de excitación a quien los mire hacer lo suyo. Tras el clímax, y con la calma del deseo consumado, Agencia NAN dialogó con los tres coreógrafos acerca de las características específicas de la danza-teatro, “algo nuevo desde la fusión de disciplinas que siguen siendo independientes”, y de los desafíos de emprender viajes creativos a bordo de la nave de la autogestión que ofrece “libertad extrema”.
— ¿Con qué debe contar un espectáculo como Surmenage a Trois?
Alejandro Ibarra: — El material principal son los artistas. No se podrían llevar a cabo obras de teatro y danza con cualquier bailarín, actor o cantante. Y las posibilidades que abren los chicos de ProyectoDos con sus capacidades, es lo que da la libertad de probar y que el espectro de chances creativas sea amplísimo. Son parte de una generación de artistas surgidos del boom de las escuelas de Comedia Musical de fines de los ‘90, que apostaron a ellas porque querían aprender a cantar, bailar y actuar con el mismo compromiso y dedicación.
Karina K: — Es una generación muy conciente de las capacidades que tiene, de la importancia del estudio y la preparación. Hice mi obra probando, experimentando con los chicos y sus capacidades. El nivel de talentos con los que cuenta ProyectoDos es impresionante. Son actores, bailarines y cantantes muy completos que captan perfectamente lo que uno busca, cosa que siempre hace el camino más corto hacia el producto terminado. Llegar a una compañía de teatro independiente, que cuenta con tiempos limitados de ensayo porque todos trabajan, estudian, dan clases, y que pese a eso se haya llegado al nivel con el que se llegó al estreno es brillante, y eso tiene que ver con el compromiso y el grado de conciencia y de concentración de cada uno de los integrantes.
Los coreógrafos y artistas de Surmenage a Trois se conocieron en pasillos, camarines y escenarios de teatros donde se presentan los espectáculos más destacados de la escena de Comedia Musical de Buenos Aires. Ibarra integra el elenco de Pour la Gallerie, el espectáculo dirigido por el mediático Aníbal Pachano. En julio de 2009, cuando finalizó su ópera prima Feliz, decidió junto con el elenco fundar la compañía independiente ProyectoDos: “Buscábamos un espacio donde explotar al máximo nuestras capacidades, donde investigar y donde cada uno de los intérpretes sea protagonista“, apuntó. Surmenage… es el primer espectáculo de la compañía, para el que invitó a dos coreógrafos. Wons, ampliamente distinguido por su ultimo trabajo, la dirección coreográfica del musical Caravan, y Karina K, que encarnó a Florence Foster Jenkins, “la peor cantante de ópera de la historia”, en la reconocida Souvenir. Sin embargo, los tres coincidieron en que la apuesta independiente es «el reencuentro con la pasión que todos sentimos por esto».
— ¿Qué es lo que el ámbito independiente les ofrece?
A.I.: — Todo es más chico, más íntimo, y es otro el vértigo que se siente. Es tirarse de una cornisa mucho más alta porque la responsabilidad es completamente tuya. Al tener menos recursos técnicos, es todo más casero; está todo mucho más expuesto y el riesgo es más grande, pero la satisfacción también. Toda la guita para armar Surmenage salió de nosotros. Ya sea con el dictado de clases, o de nuestro bolsillo directamente, hasta juntar para que alcance para el programa, la prensa, el vestuario, el alquiler de la sala…
G.W.: — Yo siempre laburé en producciones musicales grandes, donde lo único que tenía que hacer era seguir una línea artística. Ale me ofreció un espacio en el que el único que decidía qué exponer era yo. Todo pasaba por mi cabeza, es una responsabilidad que nunca tuve. Lo sentí como una tesis. Es que nosotros tenemos una basta experiencia, laburamos mucho, pero en este punto es donde se aprende más y uno puede reconectarse con la pasión. Los tres somos muy pasionales y elegimos esto porque no podríamos hacer otra cosa. Pero a veces nos olvidamos de esa pasión. Entonces, esto es conectarse con lo real, con el pulmón, con la pasión, con la expresión.
K.K.: — Lo interesante es la propuesta creativa. Ale me invitó a poner sobre un escenario lo que no pude hacer nunca en ningún otro lado. No sé si hubiera tenido oportunidad de hacer Tres episodios insistenciales tres en otro lado. Es esa libertad, es esa gran libertad…
— ¿Qué consideran que le otorga al espectáculo la mixtura de disciplinas?
A.I.: — Lo que a mí me falta cuando voy a ver obras de danza o de teatro por separado. Hay algo que siempre falta: a los bailarines y bailarinas, mucho desde interpretación; a los actores, algo desde lo físico. Eso aporta. El plus, justamente, es la suma de las partes.
— ¿Qué diferencia hay entre eso que sucede en Surmenage… y el género de Comedia musical?
A.I.: — El caso de las comedias musicales es diferente. Generalmente el lugar central y protagónico es para el famoso, mientras que el ensamble de baile y canto queda atrás. Se trata de gente ocho veces más talentosa que el protagonista, capaz, pero no importa. Están atrás. Lo que buscamos con Surmenage… es que no suceda eso. Que el protagonista haga todo, y que su rol no sea condicionado por las disciplinas que desarrolla. Al ser producciones importantes en cuanto a inversión, las del mainstream van por lo seguro. Pensar en elencos sin figuras da mucho miedo a los productores. Por otro lado no hay muchos directores de comedia musical.
G.W.: — La mixtura entre disciplinas sin el protagonismo de una sobre la otra, en la comedia musical, no es algo que suceda asiduamente. Por lo general, la parte musical está relegada, escondida detrás de la dramática. Y no está bueno. Un espectáculo no puede sufrir su partición en dos.
K.K.: –Desde la escena independiente, quizá por la presión del no fracaso de la que hablaba Ale, se puede dar mejor esa fusión. Ahora se están formando de a poco equipos de dirección, que desde cada una de las disciplinas, apuntan a un mismo objetivo. Dejan de profundizar en una sola área, para buscar la excelencia en todas, con un solo destino. En esos casos, el resultado es brutal.
— ¿Cómo enriquece al espectáculo la mixtura de disciplina?
A.I.: –La danza aporta lo musical, el movimiento, el dinamismo. Por más de que no se trate de coreografías, el baile agrega movimiento a la obra. Por otro lado, esa disciplina en un contexto teatral es algo muy distinto a la danza propiamente dicha. No lo puede hacer cualquiera, tiene que ser alguien que pueda bailar, pero que tenga cabeza de actor, entrenamiento de actor.
G.W.: — Los espectáculos que fusionan disciplinas son complejos. Pese a que no es comedia musical, Surmenage tiene mucho que ver con el musical, género que nosotros amamos y consideramos un código completamente rico. Es mucho más complejo que cualquiera de las disciplinas solas.
— ¿En qué consiste esa complejidad?
A.I.: — En técnicas. El intérprete tiene que poder agarrar herramientas de donde sea para interpretar esas obras: su cuerpo, su mente, su alma, su cabeza, su actor ser actor, su ser bailarín. Todo.
— ¿El teatro acerca la danza a lo social, le facilita el camino hacia una emisión más directa y clara del mensaje?
A.I.: — Sí, definitivamente. Esto de que esté en un contexto teatral, y que los actores sientan que al bailar están contando, hace que mi papa, por ejemplo, que no viene a apreciar las cuestiones técnicas de la danza, pueda entender una historia y se vaya con algo, más allá de lo quinético.
G.W.: — La idea de esta clase de obras es contar historias. Entonces, más allá de qué disciplina esté en siendo interpretada, lo importante es que la historia se siga contando. Para mí, ambas disciplinas aportan a lo que está pasando, por más de que el centro del escenario sea baile y lo de atrás actuación, o al revés.
Y es ahí, en las historias que cuentan, o en la mantra en que las cuentan, el otro punto en común de los cuadros que componen Surmenage…: la contundencia de su contenido social.
A.I.: –Fueron como una especie de gritos nuestros, propios de cada uno. Catárquicos.
K.K.: –Cada creación proviene de la experiencia personal. Y esa sinceridad hace que llegue a la gente no desde y a lo intelectual, sino directo al corazón.
— ¿El mensaje directo es algo que tiene que tener sí o sí el trabajo independiente?
K.K.: — Es coyuntural. Cuando vino Alejandro el año pasado con la propuesta, lo único que me dijo fue que iba a contar con determinados artistas. Ahí empecé mi viaje creativo. Fue una expansión, fue un desafío. Me dio vértigo, después me animé. Pero cuando empecé los ensayos me di cuenta de que estaba cumpliendo un sueño.
G.W.: –Es el extremo de libertad que uno siempre pide y nunca tiene. El “hacé lo que quieras. Tenés 20 minutos de escenario y estos artistas”. ¡Es un regalo! Yo vivo quejándome de que no me dejan y no me entienden, pero en Surmenage… tuve libertad absoluta. Me entusiasmé, me dio miedo, y después volví a conectarme con eso que tenía guardado y siempre a punto de salir. De tanta libertad, siempre sale algo que uno quiera contar.