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¿Qué culpa tiene la lechuga?

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¿Quiénes andan detrás de las cuevas? ¿Qué podría hacer el Gobierno para cerrarlas? ¿Lo hace? ¿Es el problema? ¿Cuál es el problema con la moneda norteamericana?  Ilustración: Cristian Kocak

Por Nahuel Lag

“Lechuga”, “rúcula”, “blue”. El dólar (palabra repetida en la economía argentina, que tiene más billetes verdes per cápita que en ningún otro país, a excepción Estados Unidos) sumó nuevos compañeros de ruta desde noviembre de 2011, cuando el Gobierno decidió implementar un nuevo régimen de administración y control de divisas. Las razones son conocidas: corridas financieras impulsadas a partir de 2007 por grupos económicos concentrados; el Banco Central (BC) liquidando sus reservas para mantener el valor del peso; fuga de capitales, que entre 2008 y mediados de 2012 alcanzó los 80 mil millones de dólares y que se estima en 150 mil millones en total. Por si fuera poco, la balanza de pagos, dependiente de la venta de granos, comenzó a declinar, agravada por la crisis económica internacional y energética local, mientras se afrontan los vencimientos de la deuda externa. Como respuesta directa, tras las elecciones de 2011, el Ejecutivo decidió enfrentar las corridas especulativas y la fuga de capitales mediante el cepo cambiario, a través de la AFIP y de un mayor control de las operaciones por parte de la Comisión Nacional de Valores (CNV) y el BC.

La medida, en principio, prometía no afectar a los ciudadanos de a pie que, con cuentas claras, solicitaran divisas para viajar al exterior o comprar un inmueble, entre otras operaciones. Sin embargo, la práctica mostró trabas burocráticas, producto de un sistema de administración sin reglas claras, que se tradujo en la restricción del acceso a los dólares oficiales y engordó, rápidamente, un mercado paralelo que desde los despachos de la Rosada se minimiza por tratarse de una masa minoritaria de divisas (se calcula que mueve alrededor de 30 millones de dólares por día; mientras en el mercado oficial circulan 400 millones). La última medida del Ejecutivo en la que se otorgan beneficios para quienes decidan blanquear los dólares no declarados —guardados bajo el colchón— o directamente fugados a paraísos fiscales en el exterior trajo más complejidad a la escena del dólar.

Es que desde que el Gobierno canceló la posibilidad de ahorrar en divisas, práctica de larga data, y solicitó poner fin a la “cultura del dólar”, no consiguió ofrecer formas de ahorro alternativas a los pequeños contribuyentes. Y la medida de blanqueo es más beneficiosa para quien escondió o fugó y cuenta con divisa en su poder por fuera de las normas que para el trabajador que quiere proteger sus ahorros. Esto podría ampliar aún más la presión sobre el mercado paralelo y la diferencia entre oficial y blue que en la corrida de fines de abril y principios de mayo rozó el 100 por ciento. “El problema es que el Gobierno intenta que se ahorre en pesos, pero la señal que da es que, en el último año, el que apostó al dólar paralelo ganó. ¿Cómo convencés a alguien de que lo haga, aunque sea desde un interés genuino de recuperar una moneda local, si como mucho conseguís el 15 por ciento con un plazo fijo o un 19 por ciento con el bono YPF?”, apunta el economista y periodista Alejandro Bercovich. Esto sin tener en cuenta en la ecuación una inflación del 25 por ciento, de acuerdo a la medición de Cifra, organismo de la CTA. “El reflejo de la gente es defensivo, de no perder la plata, y estamos hablando de laburantes, no golpistas ni empresarios fugadores de divisas”.

¿Quién sigue beneficiándose en este juego? ¿Quién está detrás de las cuevas? ¿Quién está detrás de las subas de la cotización? “En el negocio del paralelo juegan bancos —con sus ventanillas laterales o cuevas—, joyerías, hoteles, agencias de turismo, entre otros, como canales de financiamiento. El negocio es redondo porque los responsables de las firmas consiguen los dólares del Central y luego los vuelcan al mercado negro. Paradójicamente, éstos —en sus casas formales— acostumbraban a poner trabas para la adquisición de divisas, obligando al ahorrista a volcarse a su segundo negocio”, explica el periodista especialista en economía Cristian Carrillo.

¿Y sería difícil iniciar una investigación para detener a estos actores del mercado ilegal? Basta caminar por la City porteña para encontrarse con un bosque frondoso de “arbolitos”, puntas de lanza de las cuevas, y cerca de ellos policías de la Federal o la Metropolitana. Supongamos que los agentes no sepan de la existencia de las cuevas… Entonces, bastaría que la Justicia actuara de oficio a partir de algunas páginas de Internet en las que se señalan con mapas interactivos la ubicación de los lugares donde encontrar la “lechuga”. Esto no es nuevo, el mercado paralelo existe desde antes que el cepo. Pero, según los especialistas, reprimir la compra lo único que haría sería impulsar más la brecha entre el oficial y el blue, que antes de 2011 no alcanzaba el 6 por ciento.

En las dos últimas grandes corridas, el Gobierno afirmó que detrás estuvieron grandes grupos económicos que presionan para forzar una “megadevaluación” que les permita hacer diferencias exorbitantes con el dinero fugado o, en el caso de los “sojeros”, con los granos acopiados.

Desde 2008, la jueza federal María Servini de Cubría mantiene abierta una investigación sobre los titulares de las agencias París Cambio, Transatlántica, Italtur, Cambio Perseo y Banco Piano, y encontró más de un millón de operaciones informales. El primer día de aplicación de las fiscalizaciones, el ex ministro de Economía y actual vicepresidente, Amado Boudou, señaló que la medida buscaba desmantelar el entramado de “cuatro o cinco empresas que explican el 80 por ciento de las compras al Banco Central”. Un año y medio después, en el primer trimestre de este año el BC tomó la primera medida concreta y sancionó a diez casas de cambio por reiteradas infracciones en lavado de activos y materia cambiaria. Eso ocurrió después de un supuesto llamado del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, al titular del Banco Piano para que enfríe la suba del blue y comunique la misma orden al sector y a las cuevas. El llamado supuesto se confirmó a viva voz cuando Piano lo dijo a los medios luego de la última corrida y agregó que Moreno le pidió un dólar ilegal a 6,50, cuando se apruebe la ley de blanqueo.

“Este es un capitalismo del ‘no future’, de aquí y ahora, de plasma y cuotas, en el que la redistribución del ingreso que ocurre no se traduce nunca en una distribución de la riqueza”, analiza Alejandro Bercovich.

“Moreno prefiere reunirse con cambistas y cueveros para que bajen el blue, habilitándoles dólares en negro de exportaciones subfacturadas, antes que formalizar el desdoblamiento”, apunta Bercovich respecto de los distintos tipos de cambio —oficial, blue, turista, liquid, ladrillo— que circulan de facto en la economía por los errores con los que se aplica la medida fiscal, generando “cuantiosas ganancias para unos pocos”. “Podría intentarse apuntar a los grandes grupos económicos, pero se hizo tan mal el control que lo único que hay que pensar es cómo salir con el menor costo posible. Incluso, manteniendo el control del cambio. No está mal que el Estado intervenga frente a un bien estratégico que empieza a escasear, pero explicando cómo funciona, sin tanta opacidad”, resume el columnista de Crisis.

Para el profesor de Economía e investigador de la UBA José Castillo “el gobierno conoce a los actores”. De hecho, sostiene que “es un aliado fundamental de las grandes exportadoras de soja y aceite, de las que están esperando que ingresen los dólares necesarios”. Frente a estas contradicciones, figura que “el Gobierno intenta matar un elefante con un balín” con la medida del cepo, ya que se necesita “un cambio estructural del comercio exterior y de las entidades financieras”.

La ley de entidades financieras fue una medida presentada por el diputado oficialista y presidente del Banco Credicoop, Carlos Heller, para reorientar los bancos hacia una función social, pero fue descartada por la presidenta Cristina Kirchner. Experiencias en comercio exterior como el IAPI, aplicado por el propio Juan Perón para el control estatal de la venta de granos, no aparecen en el horizonte actual.

En los últimos años, el Gobierno avanzó con medidas como la tomada por la CNV que impulsa a los fondos comunes de inversión a invertir en activos locales, mientras la ley de reforma del mercado de capitales se estrenará con los bonos de inversión surgidos del blanqueo. También fue interesante la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central para tener más capacidad de maniobra sobre los bancos. Sin embargo, Castillo destacó que “la ley con la que aún operan los bancos es la reformada en 1977, que reemplazó a la ley peronista del 1973 y anuló la nacionalización de los depósitos, a partir de la que el Central autorizaba los movimientos”.

Mientras las sancionadas casas de cambio avanzan en una reconfiguración de sus negocios para ordenarse como simples abastecedoras de las compras aprobadas por la AFIP, la matriz de fondo sigue firme. Por ejemplo, las operaciones financieras continúan sin pagar impuestos a las ganancias. “Evidentemente hay presiones de los grupos concentrados y hay temor del Gobierno en ir más profundo en una reforma de la ley de entidades financieras”, analiza Bercovich.

En 2012, los bancos fueron el sector de la economía que más ganó, con ganancias de más de 20 mil millones de pesos. Otro dato que muestra las fallas u omisiones ante el control sobre los grandes grupos económicos se refleja en los volúmenes de fuga de capital: “Tanto en la década de 1990 (hasta 2003) como en la de 2000 (de 2003 a 2011) llevan acumulados 100 mil millones”, señaló Bercovich.

“Este es un capitalismo del ‘no future’, de aquí y ahora, de plasma y cuotas, en el que la redistribución del ingreso que ocurre no se traduce nunca en una distribución de la riqueza. El que pudo comprar inmuebles y dólares es cada vez más rico, y el laburante que la peleó y, gracias a algunas políticas del Gobierno, progresó y, en muchos casos, mejoró sus condiciones de vida, se va a encontrar con que al final del proceso sigue alquilando”, analiza el economista.

* Fuente: NaN #12 (mayo-junio 2012)