
Por Hernán “Mantu” Mantoani
Nuestro ingreso al circuito under de Buenos Aires se dio por medio del compilado Sick Boys Records VOL. I (1993), que tenía entre sus filas a Sin Ley, Flema, Penadas Por La Ley, Desakato, Comando Suicida y nosotros, Bulldog. A partir de la salida de ese disco, empezamos a tocar y a conocernos entre las bandas. Resultó que, además de hacer muy buenas migas, Flema, Sin Ley y nosotros logramos un poco más de repercusión. Hasta nos llegaron a denominar “la trilogía del punk”. Cuando ellos tenían una fecha, nos invitaban, y nosotros devolvíamos la gentileza y los traíamos a Rosario. Se generó una gran onda que mantenemos hasta ahora. Particularmente, Flema nos dio un gran empujón en la escena de Buenos Aires. A partir de ahí empieza nuestra relación con este gran personaje del punk rock argentino: Ricky. Era, sin duda, la persona con más carisma entre nosotros y arrastre entre sus seguidores. Era muy inteligente, tenía un vocabulario muy rico y era un buen lector. Era muy desenfadado para moverse y para hablar. Pero era bipolar: a veces era muy tranquilo y otras muy extremo.
Tengo muchas anécdotas con Ricky. No puedo olvidar las largas noches de drogas y rock & roll: terminábamos con los cuerpos más que averiados y buscando algún lugar donde caer. Una vez Ricky lo invitó al Rata (Ramiro España, bajista de Bulldog) a dormir a su casa (vivió toda la vida en Gerli pero en ese tiempo alquilaba en Hudson) y le dijo que lo acompañara a su cuarto, que quedaba “arriba”. Empezaron a subir y… ¡terminaron en la terraza! “Ésta es mi habitación, acá vivo yo”, le dijo Ricky aquella vez. Si bien él era así, también sabía que se salía de las reglas y muchas veces lo hacía adrede. Es que cuando tenía actitudes extremas, el público se volvía loco y lo seguía. La gente esperaba que escupiera o puteara a alguien o hiciera un fondo blanco de cerveza. Pero el verdadero espíritu punk rock lo demostraba de otra forma. Si le preguntabas cuál era su banda favorita, él te mencionaba a los Rolling Stones. En un show, en el medio de un tema de Flema, se puso a tocar un riff de los Stones y lo empezaron a chiflar. Mientras más le gritaban, más la cantaba y tocaba. ¿Qué quiere decir punk rock? Que hacés las cosas porque tenés ganas y no pensás en el qué dirán. Musicalmente hablando, es hacer lo que querés. Si quiero hacer una chacarera, la hago. Creo que esa era un poco la mentalidad de Ricky. De todas formas, en la parte musical siguió una línea punk; aunque le gustaba mucho el heavy metal y hasta tuvo una banda de rock & roll. Hasta podría decir que punk era lo que menos escuchaba.
Lo recuerdo como una persona que demostró que con ganas y autenticidad se puede llegar lejos. Como alguien que dejó un puñado de canciones interesantes, cánticos de guerra, que hoy le siguen gustando a la juventud en cualquier punto de la Argentina. Y como alguien con una visión clara acerca de cómo manejarse ante la independencia. Era muy frontal: lo que pensaba, lo decía y lo hacía. Cuando un artista hace algo honesto, logra trascender. Al contrario, lo inflado, lo inventado, en algún momento se diluye. El punk y Ricky no van a morir porque nunca estuvieron de moda. Son legados que quedan eternamente. Fue el último punk argentino, un amigo, un sorete, un genio, un asesino de su herencia.
Fuente: NaN #6 (marzo-abril 2012)