
Por Juan Ignacio Sapia
Si existiera algo parecido a un currículum vitae artístico, el de Rosario Bléfari sería largo y variado, alejado de las concesiones y más cercano a la diversidad de expresiones, multidisciplinario. Desde sus comienzos con Suárez, banda precursora del rock indie argentino, o su paso por el cine, de la mano de Martín Rejtman en Silvia Prieto, antecedente del Nuevo Cine Argentino, Bléfari cultiva unos modos artísticos en los que el método de creación y difusión tiene casi tanto peso como la propia obra. Y en los que la autonomía del autor tiene un lugar primordial.
El cuerpo mártir es una nueva muestra de la capacidad de atravesar los formatos que tiene Bléfari: un cuento largo incluido en el proyecto editorial Exposición de la Actual Narrativa Rioplatense. Si bien la cantante ya tiene publicados dos libros de poesía (Poemas en prosa y La música equivocada) es la primera vez que se le anima a la ficción. “Soy del escribir. Escribo primero y de ahí las canciones. Con posibles letras me pongo a tocar la guitarra y a buscarles el espíritu, el movimiento que esas letras tienen”, dice. En diálogo con NaN, explica su relación con la escritura, su método creativo y sus abundantes proyectos a futuro.
—¿De qué manera aparece la escritura en tu vida?
—Desde chica, como compañía y como invención de algo, también como imitación y como un llenar el blanco de las hojas. Como una manera de tener algo de uno: tengo estas hojas escritas, tengo estas anotaciones, estos poemas, cuentos o lo que sea, el diario incluso. Querrá decir que pasé por acá, que no me olvido, que hago algo. Y si no estoy, están mis cosas escritas ocupando espacio.
—Al momento de escribir o componer, ¿tenés un plan sistemático o se decide en el momento de qué manera va a salir, si canción, poema o prosa?
—A veces tengo un plan muy delimitado, un argumento de canción. Otras veces el final se decide en determinado momento como una idea que aparece en medio de lo que voy haciendo. Y a veces empiezo en la vaguedad como en medio de una tiniebla que se ilumina paso a paso, y ahí recién veo y sigo.
—También sos bailarina y actriz. ¿De qué manera elegís tus proyectos?
—Por mis ganas generalmente. Son ocurrencias, deseos de reunirme con alguien. Pocas veces vienen de afuera. Se agradece una propuesta, se agradece ser invitada a participar. Es lindo estar del otro lado y hacer el trabajo con pasión mientras otros guían el emprender.
“Conocí el proyecto por Vanesa Magnetto, una amiga. Luego conocí a los editores y tiempo después me propusieron editar”, cuenta Bléfari su llegada a la Exposición de la Actual Narrativa Rioplatense. Los creadores de este proyecto mezclan en cada una de las tandas autores jóvenes con otros más establecidos. En ésta, la tercera de la colección, acompañan a Bléfari nombres como Juan José Burzi, Cristian Godoy y hasta César Aira. En La música equivocada (Mansalva, 2009) hay unas líneas que pueden leerse como un prólogo de El cuerpo mártir: “Entro en su baño y me pongo su perfume/ y en secreto apoyo mi cabeza en su almohada desnuda/ hay hechizos, gualichos, trampas de todo tipo/ para encadenar, para atrapar y domesticar”. El cuerpo mártir reconstruye el proceso de seducción, la manera en que la amistad se convierte en amor, en que adquiere pulsión sexual.
Sandro es un escritor cuarentón y separado, obsesionado con Esteban, un compañero de trabajo. A lo largo de las páginas, Bléfari narra con notable exactitud el sometimiento del que ama. Pero también la trampa que a veces puede ser el amor, esa herramienta de erosión constante y perseverante. Pero el verdadero acierto del texto es la manera en que la autora narra el cuerpo, como un laboratorio desde donde se despliega la sensualidad. Bléfari enumera olores, superficies, temperaturas: su prosa está llena de detalles anatómicos, somáticos. Se muestra como una narradora sensible y precisa.
—El cuerpo mártir tiene el mismo tono que tus poesías, que abordan lo cotidiano, y en ambos hay una descripción bastante detallada de lo sensorial. ¿Qué relación encontrás entre una y otra escrituras?
—No encuentro relaciones. Escribo las canciones desde un lugar muy diferente, retaceando mucho la información en la canción, encriptando de manera bastante disimulada, pero encriptando al fin. En el relato, al contrario, trato de ir con una especie de cámara de rayos X mirando detalles y estados que hacen a la historia. No me di cuenta que tuviera el mismo tono de las poesías para nada. Tal vez porque lo escribí como una ficción sin ponerme en ese modo poético que para mí es una entonación diferente.
—Tuviste un taller de composición de canciones y un proyecto de creación de canciones a pedido. ¿Qué reflexión hacés sobre tu propio proceso compositivo?
—Siempre hago algún taller. Ahí siempre hay que aprender cosas y trato de crear nuevas, pero es difícil. A veces me estanco, otras hay saltos, cambios; a veces me canso y de pronto aparecen de nuevo las ganas de hacer canciones a otros. Dependo mucho de la respuesta de los que vienen. A veces la respuesta es superior e inmediata: ahí ya casi no hago nada y sólo disfruto de los logros ajenos. Cuando tengo que hacer un esfuerzo me aburro y me termino cansando. Suelo entonces abandonar hasta que el viento sople a favor. A veces abandono cuando ya veo que andan solos.
Del casete al MP3: Suárez fue, sin saberlo, antecesor en eso de cultivar un espíritu DIY. Cultores involuntarios del indie y el lo-fi, concibieron uno de los primeros sellos autogestionados de los ‘90, luego de ser ignorados por la industria. Años después, se convertirían en referentes absolutos para agrupaciones independientes, sellos emergentes y cualquiera que tuviese un proyecto cultural. Además, Bléfari protagonizó Silvia Prieto, la segunda película de Rejtman, director fundamental del Nuevo Cine Argentino, que privilegiaba la independencia en los modos de producción cinematográficos.
—¿Qué diferencias y similitudes encontrás entre las movidas independientes de ahora y de tus inicios?
—La gran diferencia es la vida en línea, las redes, Internet, las distancias que se achican, la gratuidad y la velocidad. Hoy hay muchos referentes de la autogestión. A esta altura todo es autogestión, o al menos ya vivo en un mundo donde ni conozco a los que no son automóviles.