/Archivo

Segundo Encuentro Sudamericano de Mujeres: para celebrar a la Madre de todos, de todo.-

En el mes de la Pachamama, miembros de etnias y culturas argentinas, andinas y amazónicas se congregaron durante tres días en un pueblito cordobés para participar de una feria de justos intercambios de comidas, bebidas y vestiduras; charlar sobre terapias alternativas y espiritualidad, exponer las expresiones artísticas de América del Sur e intercambiar vivencias culturales, modelos de producción no alienantes y todo un modo de vivir honrando a la Tierra, porque somos todos hijos de la misma madre, “somos todos hermanos y hermanas, estamos todos unidos en el todo”.

Por Sergio Sánchez
Fotografía de María Luz Carmona

Córdoba, agosto 26 (Agencia NAN 2009).- Según la concepción incaica, la Madre Tierra no es sólo el suelo geológico, sino todos los seres que habitan el mundo en armonía e integran la totalidad. Por tanto, los pueblos indígenas de los Andes Centrales de América del Sur la consideran una divinidad protectora y sustentadora (como toda madre), que tiene la capacidad para dar vida y alimentos. Por eso, es necesario preservarla y venerarla. Con ese fin se celebró en San Marcos Sierras (Córdoba) y en el propio mes de la Pachamama, el Segundo Encuentro Sudamericano de Mujeres, un heterogéneo encuentro multicultural que en tres jornadas –14, 15 y 16 de agosto– contó con una feria de alimentos orgánicos y naturales, productos artesanales (ropa, instrumentos, bijouterie), disertaciones sobre terapias alternativas y espiritualidad, disciplinas artísticas (danzas sagradas, cantos ancestrales, pintura) e intercambio de experiencias culturales.

“Este encuentro tiene como objetivo celebrar agosto, el mes de la Pacha, con talleres dictados por mujeres que despierten conciencia para sanarla. De esta manera, todas las actividades tienen que respetar a la Pachamama y a la sanidad”, le explicó a Agencia NAN Stella Maris Furfaro, una de las creadoras y coordinadoras del encuentro, que está organizado conjuntamente con el área Cultura de la municipalidad de San Marcos y pretende “la integración de los pueblos latinoamericanos a través del espíritu amoroso de la mujer”. Y si bien es cierto que la iniciativa brinda un espacio de expresión de mujeres, es para ellas y para ellos, lo que quedó demostrado en la gran cantidad de hombres que asistieron y participaron con sus puestos.

En un amplio espacio rodeado de árboles se acomodaban las mesas con dulces de una gran variedad de gustos. Desde tomate hasta cayote, como las que ofertaba la Familia Tulián, artesanos de la localidad. Siguiendo con el rubro gastronómico, la gente podía consumir empanadas vegetarianas, tortas de cacao y limón, pan integral, tartas de espinaca y de cebolla, pasas de uva e higos, dulce de leche de cabra, arrope y la exquisita miel que producen en San Marcos, considerada la capital de ese producto.

Este pueblo está ubicado en el Valle de Punilla, a 150 km de la ciudad de Córdoba, en el departamento Cruz del Eje. Y es un sitio no contaminado por los hábitos de ciudad e ideal para los que buscan tranquilidad y contacto con la naturaleza. Tal es así, que su mixtura de habitantes –desde hippies hasta ecologistas– se opuso a la instalación de semáforos, estaciones de servicio y shoppings y al pavimentado. Hasta tienen una ordenanza municipal que prohíbe whiskerías, cabarets o boliches bailables; y otra la utilización e introducción de transgénicos.

Mientras el sol pegaba con fuerza sobre el valle, en el espacio “Mujer Luna Llena”, Olga Marina Salgado, del pueblo vecino de Capilla del Monte, expuso sus predicciones acerca del futuro de la Humanidad, según el calendario maya: “Hay que aprender a dar y a recibir. La semilla consiste en estar atento y tener preparados los terrenos del corazón, en el momento justo, para sembrar la nueva Humanidad. Tenemos que dejar el egoísmo y hacernos cargo del entorno”, recomendó ante una sala llena de miradas atentas. Luego, propuso: “Los invito a seguir viajando sin retorno”.

Sin duda, uno de los momentos más significativos de la jornada fue el relato de miembros de la comunidad Q’ero de Perú sobre sus tradiciones, valores y costumbres. Esta vez los cientos de oyentes se ubicaron sobre el piso y algunas sillas que se encontraban distribuidas por el predio. En frente de ellos, un grupo de mujeres y hombres de la región andina peruana, que habían viajado durante cuatro días para participar del encuentro, generaron un clima de calidez, hermandad y profundo respeto. “La cultura de nuestra nación Q’eros es la última cultura incaica”, iniciaron el diálogo en quechua y español. “Hoy somos un solo cuerpo, una sola familia. Los árboles, los ríos y los animales son la vida. Porque de la Pachamama comemos y bebemos. Es el todo, vivimos del fruto de ella”, explicó Patricia Phacsi Apaza, una lúcida mujer que no parecía estar lejos de su tierra.

Luego, con total naturalidad detalló las costumbres de la cosmovisión andina que marcan claramente la diferencia con el sistema “civilizado”: “Trabajamos la tierra, pero no usamos químicos para fortalecerla, sino cosas naturales, como por ejemplo, el abono de oveja. Y también tenemos nuestra propia medicina y nadie se enferma”. Además, “tanto el hombre como la mujer trabajan por igual”. Por eso, dentro de la su cosmovisión no existe diferenciación de sexos, como en la sociedad occidental, teñida por la discriminación y el rechazo al diferente. No por nada, después de sorprender a más de uno con los cantos tradicionales de su cultura, Phacsi Apaza cerró con un pedido sincero: “Les suplico que haya interés por la cultura andina”.

De manera similar, Asencia, integrante de la etnia Shipibo-conibo, ubicada en la selva amazónica de Perú, describió las particularidades de la medicina y el arte de su cultura. En diálogo con Agencia NAN, Alejandro Trevisan, que trabaja con las comunidades indígenas de Perú, explicó: “Tenía ganas de traer a mujeres con las que trabajamos habitualmente para que compartan sus conocimientos con la gente de San Marcos, que está en esa búsqueda de recuperar raíces y conocimientos”.

“A medida de que las culturas van recuperando sus valores y tradiciones se produce su integración, porque en cuanto se fortalecen empiezan a contactarse entre sí”, amplió Trevisan, que es parte de una asociación de Ayllus (comunidades campesinas) que genera proyectos para potenciar el arte, reutilizar los tintes naturales para teñir la lana de los tejidos, producir alimentos orgánicos y medicinas naturales “con el objetivo de recuperar costumbres y unir a las comunidades”.

Para este encuentro, también se acercaron miembros de la cultura amazónica y la andina “que viven muy lejos unos de otros, pero, sin embargo, tienen muchos puntos en común”, enfatizó el especialista argentino, que tiene incorporado en su voz una mezcla del acento de Perú y México.
Y luego, anheló: “En el futuro, esta hermandad se dará en todo América y finalmente con toda la gente del mundo que se identifica. Somos todos hermanos y hermanas, estamos todos unidos en el todo”.

Sitio: http://www.encuentrodemujeres.com.ar