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“hay mujeres haciendo historietas, somos un montón”

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Fotografía: Luli Fishbowl

Sole era una pequeña soñadora que amaba las historietas. Se entretenía con Mafalda o la Billiken, como tantas niñas de su edad. A veces se tentaba con alguna que otra historieta romántica –de esas que suelen aparecer en revistas de peluquería-, o se divertía con las aventuras de Astérix el Galo. Pero Sole no era una niña típica, y prueba de eso es que también se le animaba a Batman, el oscuro héroe creado exclusivamente para el género masculino, y admiraba al ilustrador rosarino Alejandro O’Keeffe, mejor conocido como O’Kif. Así, entre viñetas e ilustraciones, fue dándole forma a su identidad artística y cultural.

 

Sin embargo, a pesar del cariño que le tenía a los dibujos, lo que más disfrutaba Sole era la literatura, porque aquella niña no quería ser historietista ni ilustradora: “Yo quería ser escritora cuando era chica. Me gustaba encerrarme a leer, incluso cuando había invitados en casa. Mis papás no me querían comprar juguetes pero sí me compraban todos los libros que yo quería. Siempre me iba de la Feria del libro con un montón. Todavía tengo toda la colección de El barco de vapor y los de Elije tu propia aventura”, confiesa Otero.

 

A Sole también le gustaba dibujar, una actividad recreativa que la mayoría de los chicos encuentra divertida y desafiante. Pero cuando se enamoró de las letras y el sueño de ser escritora comenzó a ocupar todas sus fantasías infantiles, el dibujo pasó a un segundo plano y la literatura se transformó en el centro de su vida. Hasta que a los 15 años -y de manera casi inconsciente-  intentó copiar una tarjeta estilo manga y se sorprendió al ver que el resultado era más que aceptable. Entendió que tenía talento y comenzó a copiar ilustraciones de revistas y mangas para ejercitarse el noveno arte.

 

Un día cayó en sus manos la revista Lazer y entre sus páginas encontró un informe sobre el manga que la tiene enamorada hasta el día de hoy: Ranma ½, de la autora Rumiko Takahashi. Ese fue el punto de quiebre a partir del cual su relación con el dibujo y la historieta se transformaría en un romance. Su vuelta vino de la mano del manga, pero sin dudas el factor decisivo fue un folleto de la EAH (Escuela Argentina de Historieta) que le dieron en un festival Fantabaires. Sole recuerda que: “Ahí en el curso me terminé de enganchar con la historieta. Yo quería estudiar guión y dibujo al mismo tiempo pero por un tema de horarios solo estudié dibujo. Me acuerdo que en esa época mi hermano me escribía los guiones. Después me fui más para el lado de la ilustración y mantuve una especie de pelea con la historieta porque era como que por alguna razón me tiraba más, siempre que me llamaban para una entrevista era por mi trabajo de historietista y no por mi trabajo de ilustradora. Y me daba una especie de bronca porque yo le ponía más pilas a la ilustración”.

 

Mientras estudiaba diseño textil en la UBA, Sole le dio rienda suelta a su nuevo hobbie: ilustrar historietas para blogs. Fue en esos días cuando la invitaron a participar en el blog Historietas reales, colectivo del que formó parte durante un año.  Ahí conoció a Power Paola, quien la invitó a formar parte de Chicks on comics, un colectivo internacional de chicas historietistas integrado por Power Paola (Ecuador), Delius (Argentina), Clara Lagos (Argentina), Ana Bas Baker –que en realidad ya no es más Ana porque hizo una transición de género y ahora se llama Joris- (Holanda), Maartje Schalkx (Holanda) y Julia Hommersham (Nueva Zelanda). “Chicks on comics es un grupo que se formó hace como 8 años. La idea era conversar entre nosotras y a partir de eso ir armando historietas. Cada tanto armamos muestras. El año pasado, por ejemplo, presentamos un proyecto de mecenazgo y con ese proyecto nos estamos armando una página web y una muestra en PROA para diciembre, que va a estar expuesta durante tres meses, y en febrero habrá un encuentro de chicas historietistas dentro de la muestra, con la idea de visibilizar que hay mujeres haciendo historietas, somos un montón, a pesar de que todo el mundo tiende a decir que no hay mujeres. A las historietistas se las invisibiliza mucho porque no se les da espacio en las editoriales o en los encuentros”, asegura Sole Otero.

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Ilustración: Sole Otero

 

Sole tuvo que dejar de colaborar con Chicks on comics para poder terminar su carrera universitaria. Sacrificó su trabajo de historietista por los estudios y por su labor como ilustradora, que era su sostén económico. Nunca trabajó de diseñadora textil, pero como tantos jóvenes en busca de su camino terminó la carrera solo por cerrar un ciclo. “En realidad había empezó a estudiar imagen y sonido pensando en ser animadora, y por un par de talleres que hice me di cuenta que la carrera tenía muy poco de animación y que la animación era un mundo donde nunca iba a ser feliz, porque es un tipo de trabajo que no disfruto. Lo que en realidad me gusta de la historieta, más allá de que me gusta dibujar, es contar cosas, y en la animación llegar a contar algo es un proceso larguísimo y no tiene la velocidad que yo necesito para estar contando cosas constantemente. Encima requiere un trabajo en grupo que no va tanto conmigo.”

 

Cuando finalizó la carrera atravesó una crisis existencialista. No sabía qué hacer, sentía que el tren de las historietas se le había pasado, y el peso de la mala decisión que había tomado le rompía la espalda. Pero el tren dio marcha atrás y regresó a la estación donde Sole estaba anclada para sumarla al viaje. Todo comenzó con La pelusa de los días, el webcomic que hizo que volviese a amar el hacer historietas. “La pelusa arrancó porque yo me había abierto una cuenta de Twitter pero no terminaba de entender bien como era ese mundo, y cuando entendí que era contar lo que te está pasando o lo que estás haciendo de manera concisa y, por lo general graciosa, me dije ‘¿Por qué no estoy dibujando esto en vez de solo estar contándolo?’. Entonces busqué esta técnica de hacer el dibujo en lápiz, con la idea de tardar solo media hora por día, para después poder seguir trabajando. Lo hice durante 4 años, al principio todos los días y después solo los fines de semana. Fue evolucionando de algo súper autobiográfico en el primer año a algo un poco menos autobiográfico y más autorreferencial. Usaba anécdotas de otras personas, le ponía un poquito más de ficción. Fue una tira a la que nunca le fue mal, pero tampoco fue un hitazo”.

 

Estuvo mucho tiempo con el libro bajo el brazo a la caza de un editor, hasta que entendió que no tenía sentido buscar la aprobación de un tercero de esa obra que tanto le gustaba. Entonces decidió editarlo por su cuenta y mientras averiguaba la manera de autofinanciarse, apareció la editorial española La cúpula. “Me escribieron porque vieron mis cosas en internet y yo en mi blog había puesto que estaba trabajando en una novela gráfica. Me preguntaron por eso y les dije que no la tenía hecha, que tenía el guión y algunos capítulos, pero que lo que tenía armado era el libro de La pelusa de los días, y estaba buscando que me lo editen hace un montón. Me pidieron que se los mande, les gustó y lo editaron. Siento que al final cuando me relajé se dio todo solo”, relata orgullosa.

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Ilustración: Sole Otero

 

Nadie es profeta en su tierra dicen, y el primer libro de Sole Otero fue editado en España. Casi dos años después, en octubre de este 2016 agonizante, al fin pudo publicar su primera historieta en el país a través de una editorial nacional. La de las botas rojas es un retrato denso y realista sobre la violencia de género que enferma a nuestra sociedad y ejecuta –y justifica- el asesinato de mujeres a diario.

 

—¿Cómo nace La de las botas rojas?

La de las botas rojas empezó como un fanzine de 10 copias que hice el año pasado y dejé en la librería Punc. Juan Ángle Szama lo vio, le gustó y me pidió que le agregue un par de páginas más para que coincida con la colección que está sacando con (Fernando) Calvi y (Manuel) Depetris. Es una historia que me contaron y yo hice una adaptación, rellené los huecos como me parecía a mí. Pero es verdad que salió en los noticieros, aunque con otros nombres.

 

—¿Qué te llevó a elegir esa historia en particular?

A veces siento que las historias me eligen a mí. Me la contaron y me generó una angustia y una bronca horrible. Eso fue hace varios años. En un momento me acordé de la historia y dije “Esto lo tengo que contar. Tiene lo que se necesita para que sea una historia que esté bueno contar”.

 

—La historieta tiene un final oscuro, desesperanzador, muy lejos del clásico happy ending reconfortante. ¿Buscabas impactar al lector o simplemente fuiste fiel a la historia original?

Lo quería contar porque era algo que me daba bronca. Que pase eso de verdad me genera ira. Quería contarlo como había sido, no tenía ganas de ponerle un final feliz. Lo que sirve de este tipo de cosas es la concientización, que uno las vea, las lea y piense que eso no tiene que seguir pasando.

 

Sole Otero está subida al tren de los comics y por ahora no tiene intenciones de bajar. Hace un tiempo terminó Poncho fue, una novela gráfica que será editada por La cúpula en España y por Hotel de las ideas en nuestro país –o ambas en una coedición-. Poncho fue es una historia de violencia emocional que habla sobre esas relaciones desbalanceadas que pueden llegar a transformarse en algo nocivo. Mientras tanto sigue escribiendo sin descanso. Por un lado trabaja en una historia con tintes de realismo mágico basada en la vida de su abuela, y por el otro está craneando  una novela gráfica corta de ciencia ficción cómica. Además, si todo marcha bien, el año que viene se publicarán compiladas en un libro las tiras de su webcomic Siempre la misma historia.

 

—Hace un tiempo, mientras trabajabas en tus comics, te dedicaste a armar una base de datos de chicas historietistas ¿Cuál era la finalidad de recolectar esa información?

En el encuentro de chicas que se dará en el marco de la muestra Chicks on comics que comienza el 17 de diciembre en Fundación PROA, estamos armando una especie de fanzine que todavía no sabemos en qué formato lo vamos a editar, pero la idea es invitar a todas las historietistas que podamos rastrear de Argentina, y también a varias de afuera. Igual ya dejé de recolectar datos hace rato, aunque cada tanto aparece alguna que se quedó colgada. Ahora hay un poco más de trescientas de chicas

 

—Esa base de datos demuestra con pruebas fehacientes que historietistas y humoristas gráficas no faltan.

Sí. Siempre pasa que dicen “no hay humoristas gráficas”, y en realidad hay un montón de humoristas gráficas en internet pero como que no las están registrando. Queremos mostrar con trabajo que existen, que no se les puede seguir negando la existencia. También es una realidad que somos en proporción muchas menos que los hombres que hacen historietas, porque Argentina tiene una tradición muy larga en la historieta donde siempre se las dejó afuera a las mujeres.

 

—Y cuando se las incluye, en general se les intenta imponer las temáticas a tratar en sus historietas.

La idea es que las mujeres podamos hablar de cualquier cosa en las historietas, y hacer cosas que sean pensadas más desde la femineidad, o no. También veo que muchos hombres que hacen historietas empezaron a acercarse como a una sensibilidad más “femenina”, porque ahora también se puede, pero todavía se lucha contra el prejuicio de que si un hombre hace algo más sensible se lo tilda de “argolla friendly”, que es alguien que hace cosas sensibles para levantar minitas, porque un hombre no puede ser sensible porque sí ¿no? (risas).

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Ilustración: Sole Otero

 

—¿La historieta sigue siendo un medio muy machista?

Yo creo que sí. Le cuesta todavía. Veo que hay una intención general de que deje de serlo, pero le cuesta. Las mujeres estamos tratando de hacernos un lugar en este medio y hay ciertas situaciones donde una se da cuenta de que todavía es difícil. Acá estamos, dejen de ignorarnos o de decir “no editamos mujeres porque no hay ninguna”. La verdad es que también hay mucho fanzine y poca historieta gráfica hecha por mujeres, pero hay cosas. María Luque acaba de sacar una novela gráfica llamada La mano del pintor. Y no se si no es la primera novela gráfica a color hecha íntegramente por una chica acá en Argentina.

 

—¿La primera?

No sé, no estoy cien por ciento segura. Capaz que estoy chamuyando.

 

—Aunque sea la tercera, el número sigue siendo un espanto. ¿Hay algún sector de la historieta que sea más hostil con las mujeres?

El humor gráfico es un campo especialmente hostil. Primero porque los diarios quieren una mujer por contratapa para que cubra temas de mujeres. Siempre hubo una y nunca más de una por contratapa. ¿Cómo puede ser? Somos el cincuenta por ciento de la población y solo tenemos un espacio. Porque además alguien tiene que hablar de temas de mujer, y cuando hacemos humor gráfico siempre se espera que hagamos humor con temas de mujer.

 

—Siempre se está a la caza de la nueva Maitena.

Bueno, una vez me acuerdo que me habían hecho una nota con Clara (Lagos) y con Caro (Chinaski) hace 10 años, donde decían “¿Quién es la próxima Maitena?”. ¡Y nos enojamos! ¿Por qué yo debería querer ser la próxima Maitena? Ya existe Maitena.

 

—¿Cómo es trabajar en un medio donde todo se complica si sos mujer?

En el mundo de la historieta estoy un poco familiarizada porque siento de nuevo eso que sentí en séptimo grado cuando me pasaron a un colegio de hombres donde solo éramos tres chicas y los hombres eran todos púberes. No tenían ni idea de cómo lidiar con una mujer. Algunos nos peleaban, otro se hacían los seductores, pero es como que no sabían cómo integrarnos, y yo siento que en ese sentido es medio púber el ambiente de la historieta. Los hombres todavía no saben convivir con las mujeres como si fuera algo natural. Creo que es un ambiente que estuvo tanto tiempo lleno de hombres y dominado por hombres que todavía no saben en qué lugar tiene que poner a la mujer.

 

—Hace unos días en las redes sociales algunos usuarios se ensañaron con la historietista conocida como La Cope. Con la excusa de criticar sus tiras hubo ataques muy violentos y cargados de odio misógino ¿Qué pensás sobre esto?

Creo que es un signo de estos tiempos. Internet es la plataforma de una nueva Edad Media en cuanto a linchamientos públicos. Gran parte de los ataques que se le hicieron a Lia Copello tuvieron el típico tono misógino, pero en este caso creo que lo que pesa más no es el machismo, del que nacen buena parte de los insultos aplicables a hombres y mujeres en nuestra sociedad, sino de la libertad que adquiere el general de la gente de desquitar sus propias frustraciones tras el anonimato de Internet, de reírse a costa de alguien que existe, que siente y que sufre, olvidado eso por completo. De hecho, el punto parecía girar más respecto a un tema de clase social ¡incluso alguien la insulto por judía! Todos pueden opinar y muy pocos sienten empatía. En la semana también fueron víctimas de bullying Seba de Caro y Daniel Molina. No creo que sea un tema de género sino de que los usuarios de redes sociales, al verse acompañados por otros en sus opiniones desfavorables hacia esas personas, se sienten más encomendados a la tarea de atacarlas y reírse de ellas. Las críticas no son agresión, yo creo que debe haber libertad de opinar sobre el trabajo y sobre la opinión del otro, inclusive de reír, pero cuando empieza a aparecer agresión todo se desborda y se multiplica.

 

pulpa@lanan.com.ar
 

Nº de Edición: 1699

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