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Stephen King Kong

gorila 045
Alquila un monoambiente en Balvanera con lo que saca de la venta de sus libros: La fuga del tiempo, Huellas de discordia, y la novela El narrador. Encuentro con una bestia militante de las letras, la calle y las redes sociales. Fotografía: Barbú

Por Facundo Gari

Uaa a á. Riii riii. Blushhh. Foooo. Los sonidos de la selva despiertan la veta exploradora del cronista que, machete en mano, avanza con su vestimenta a la Indiana Jones. Semanas atrás le encomendaron entrevistar a un gorila de montaña parlanchín y escritor: la exclusiva de su vida, damas y caballeros. Ahora va corriendo grandes plantas radioactivas, va olisqueando la flora vegetal e intestinal a su paso, va esquivando serpientes colgantes y jabalíes en apuros. Sí, alta aventura. Chupala, Sigourney Weaver. Antes, la prudencia obliga a un llamadito confirmativo.

―Barbú, ¿en qué amazónico, exótico, peligroso escenario te parece encontrarnos?
―En el McDonald’s del Alto Palermo. A las 18.

Mierda.

Ya son las 18. Los niños corren con sus cajitas de felicidad para idiotas. Los adultos ingieren cheddar sintético y sonríen como drogados de clonazepam. Uaa a á, riii riii, blushhh y foooo son los ruidos del capitalismo salvaje.

En eso llega Barbú. Nos reconocemos. Él me reconoce. Lo mío es fácil. Nos sentamos. Huele a champú.

―Bueno, dale, sacate la máscara.
―¿Qué máscara?
―Dale, che, quiero verte la cara.
―Uh, otro que cree que soy un loco disfrazado.

Mejor le sigo la corriente. ¡Mirá si es como Menganno!
―No, no. Sólo verificaba que fueras el auténtico gorila escritor. Con tanto tití falso dando vuelta, uno nunca sabe.
―Muchos piensan que soy un escritor fracasado vestido de gorila con fines publicitarios. Generalmente son otros escritores los que lo dicen. No tienen los huevos para hacer lo que creen que hago. Pero soy posta un gorila.
―Claro, sí. Bancame que no puedo meterle la cola al Pikachu de mi cajita feliz. Ahí está, quedó joya. Bueno, contame, ¿cómo se aproxima un psemmm gorila a la escritura?
―Empezamos con los gestos y ustedes nos imitaron. Nos costó, sin embargo, evolucionar; salvo a mí, soy la excepción, un eslabón perdido contemporáneo. En La fuga del tiempo cuento cómo vi masacrada a mi familia, terminé en un zoológico del que escapé y vine a Buenos Aires.
―¿Hacés relatos autobiográficos? ¿Narrás alguna experiencia con “la gorila”?
―No hace falta que me guiñes un ojo, se entendió la pregunta. Pero no, no son autobiográficos, menos pornográficos.
―¡Amnistía para Animal Planet!
―Mi objetivo es aportarle una reflexión al hombre, que intenta dominar la naturaleza a pesar de las advertencias que son los tsunamis y terremotos. El hombre gobierna a las demás especies y las destruye. Trato de sumar un punto de vista desde el realismo mágico.
―¿Pero quién te publica? Si es difícil para los artistas independientes humanos, imagino que para un chimpancé autogestivo debe ser dificilísimo.
―Gorila. Y sí, existe el rechazo, pero también la curiosidad: “A ver qué dice el mono. Si escribió con sus heces, no importa”. La idea es hacer ruido. Ahora obtengo el dinero que necesito de mis libros. Los vendo por la calle y me saco fotos con mis amigos. En Facebook tengo cuatro mil, que no son de “agregar a mansalva”. Tengo veinte mil fotos, promedio de tres personas por cada una. Lleno una cancha de fútbol.
―Bluf, no me asombra: otros “gorilas” lo han hecho.
―¿Sabés? Es cansador que “gorila” se use peyorativamente. Por lo que entiendo, sirve para describir al que destruye sin proponer algo nuevo. No es ser facho, pero mucha gente lo usa así. Entonces, ser gorila es ser genocida. ¿Y quién es el genocida, si gorilas de montaña quedan doscientos? El genocida sos vos, el humano lo es, hacete cargo.
―¡No me increpés, critter hiperdesarrollado!
―He ido a Puán y me han dicho que con gorilas no se sacan fotos. “Mis compañeros me van a cargar.” Entendiste mal, flaco. ¿No viste King Kong por eso?
―¿Fuiste a Puán? Ah, te la das de “mi universidad ha sido este zoo” y te comés la banana.
―Los gorilas no comemos mucha banana. Más follaje.
―Follaje, jijiji.
―Hojas verdes. Y fui a Puán a sacarme fotos. No tengo formación académica, sólo imaginación.
―¿Podríamos imaginar que estamos en la selva? Es mi fantasía. ¡Vení, monito, monito! ¡Sólo quiero acariciarte, monitooo!
―Bueh, ya fue, me voy. Ni Anabela Ascar me trató tan mal.
―¡No, Barbú! ¡Volvé, por favor! ¡Es el efecto del cheddar! ¡Barbuuuuú!

La Guarida de Barbú: laguaridadebarbu.com.ar
Facebook: /barbu.gorila

Fuente: NAN #11 (2013). Conseguila en nuestra Tienda Virtual.