Fotografía: Videogamo
Son las siete de la tarde de un frío sábado otoñal. En el bar del Centro Cultural Matienzo hay poca gente y el hall de entrada está tranquilo, pero apenas se abren las puertas del salón principal comienza la explosión sensorial: una pantalla gigante recibe a los visitantes con imágenes de videojuegos pixelados y un mash-up de música en 8 bits que obliga a mover la cabeza. Dispuestos en círculo hay ocho arcades que escupen luces fluorescentes en la oscuridad de la sala, y en el centro del círculo un DJ hace música con consolas portátiles (varios Game Boy y una PSP) mientras los jugadores esperan su turno en trance, frente a las pantallas, como en un ritual mágico, una verdadera fiesta pagana y electrónica. Hay tragos, comida, humo en el aire, caras sonrientes, abrazos y una buena onda que contagia e invita a pasarla de lujo.
Esto que parece el sueño húmedo del más excéntrico nerd es en realidad una fiesta gamer, el festejo de la presentación número 100 de la gira del videojuego itinerante más popular de nuestro país: Nave Arcade.
Nave nace en el seno de una compañía indie llamada Videogamo el día en que sus artífices, Hernán Sáez y Máximo Balestrini, decidieron transformar un videojuego pensado inicialmente para la web en un arcade tradicional. De esa manera, Nave se transformó en un objeto único, un videojuego de culto, disfrutable sólo de manera presencial, lo que obliga a sus fanáticos a seguirlo en cada parada de su gira infinita.
La primera presentación fue en una muestra de la galería Objeto A, pero su bautismo de fuego fue el 21 de diciembre en la Fiesta del Fin del Mundo, en Sick Club, organizada por Toronja Producciones, un evento clásico del nerdismo argentino. Gracias a la buena recepción que tuvo aquella noche, Hernán y Máximo resolvieron diseñar un logo y transformar cada presentación en una nueva fecha del Nave Arcade Tour, una gira que cuatro años más tarde es centenaria.
La fiesta en el Club Cultural Matienzo se pone intensa. A medida que aumenta el público las filas para jugar se hacen más largas. El ritual de mirar cómo juega el otro para robar algún truco o por el simple placer de observar el desarrollo del juego es común a todos los asistentes. Hay de todo esta noche, desde jugadores expertos que pugnan por batir récords hasta novatos que duran tan sólo algunos minutos. En la barra está Ignacio Suárez Rubio, el último ganador del Torneo Mundial Nave Arcade, cuyo primer campeón curiosamente se apoda NAN. “Vengo a viciar un rato”, confiesa con humildad mientras apura su trago para unirse al resto de los jugadores. Con cada minuto que pasa se hace más difícil conseguir un lugar para jugar. La clave es tener paciencia. La recompensa depende de tu pericia con la palanca y los botones.

Algunos fichines son más accesibles que otros. Sólo ciertos curiosos se les arriman y los prueban, lo que ofrece la chance de jugar sin apuros ni miradas que juzguen tus habilidades con la palanca y el botón. Pero hay un arcade que está rodeado de gamers y ostentará la fila más larga durante el resto de la noche; hablamos, por supuesto, de Nave. El caballito de batalla de Videogamo es la estrella de la velada pero, a diferencia de esos partidos despedida en los que todos conspiran para que el homenajeado haga un gol y si no puede, le inventan un penal que es defendido por un arquero inmóvil, el interés por jugar a Nave es completamente genuino. Este juego espacial de disparos se ganó cada fanático gracias a su alucinante estética retro y su jugabilidad sencilla y efectiva, que genera adicción.
Y como en un aniversario no pueden faltar los invitados del palo, se sumaron al festejo en el Matienzo todos los fichines de fabricación local: Capitán Menopausia, Súper proyecto Isaac, Tumba games, Argentron, The black heart, Juanito arcade mayhem y Jupitron, todos arcades nacionales y populares. “Es la primera vez que están todos juntos. Nos faltó el dios de los arcades argentinos, el primero de todos, el Truco. Lo invitaremos para la fecha 200”, asegura Sáez mientras se saca el traje de creador y oficia de fotógrafo en una velada histórica para el under gamer argentino.
“Ésta es una de las cosas más nerds que vi en mi vida, tanta gente junta hablando el mismo idioma. Hay como mucho amor por lo que se hace acá, y eso está buenísimo”, dice Andrés Borghi, creador de The black heart, el segundo arcade más solicitado de la noche. Andrés es mejor conocido por su faceta como realizador cinematográfico. Ganó el premio del concurso neozelandés Your Big Break con su cortomeraje Working day —seleccionado nada más y nada menos que por Peter Jackson— y estrenó su segundo largometraje, Nacido para morir (2014), a sala llena y con espectadores sentados en los pasillos del Buenos Aires Rojo Sangre. Borghi finalizó y lanzó The black heart en 2009 como videojuego para descargar, pero gracias a una sugerencia de Sáez y Balestrini se puso en contacto con los creadores de Tuarcade.com.ar, un emprendimiento que ayuda a cumplir el sueño de miles de nerds argentinos, y transformó su juego en un arcade hecho y derecho. “The black heart está hecho en base a un motor llamado M.U.G.E.N, que es para hacer juegos de pelea onda Street Fighter. Pero no fue un videojuego de entrada, eran más bien personajitos que iba armando, onda de terror, medio Tim Burton. Los dibujaba en papel y después los escaneaba y empezaba a armar todos los sprites. Seis años después me di cuenta de que tenía cinco personajes que eran bastante parecidos y podían pertenecer al mismo mundo. Hice uno más, un jefe final y una historia que los englobe a todos y listo, ahí tenía un videojuego. Hoy tiene una moderada fama en el mundo indie”, relata Borghi mientras procura no alejarse demasiado de su creación para observar de cerca las reacciones de los que se animan a probarla.
La noche continúa animada con la música de Bilpblop 8-bit, Co Mu, Cinematronic, Little Nando, Bad Boy Orange y Los Pats Moritas. Algunos jugadores comienzan a tomárselo demasiado en serio. Transpiran, putean, dejan el alma en cada ficha. Ya no quedan arcades libres, hay filas largas y otras más cortas, pero todas las máquinas tienen gamers esperando su turno. Escondidos entre la gente puede verse a los creadores de los juegos, que espían con disimulo y disfrutan de la alegría de quienes juegan pero además se maravillan con el mueble de los arcades, que también tiene su magia.
Por fortuna esta fiesta no es una despedida ni el cierre de un ciclo sino más bien una reivindicación nerd que señala el futuro de la comunidad gamer argenta. De la mano de emprendedores como Sáez, Balestrini y Borghi, el arcade vernáculo tiene fichas para rato. “Vamos a lanzar el cuarto Torneo Mundial de Nave a fin de año, y estamos con otros proyectos como Dobotone y Terror Turbo, pero mientras tanto seguimos girando con Nave”, anticipa Sáez, y concluye: “La idea es continuar para que la movida vaya creciendo y algún día seamos una gran comunidad argentina”.