
Por Juan Sapia
“Me parece necio, estando en 2013, intentar una literatura en contra o a pesar de Internet”, sentenció Facundo Falduto en alguna entrevista. Por eso, en Vómito, su primera novela, la web es ante todo un posibilitador, una condición para la existencia literaria, por fuera de la escritura. Vómito es una novela digital cargada en Tumblr desde octubre del año pasado hasta julio pasado a la manera de un folletín. Internet aparece como combustible de lo narrativo: Twitter, Facebook, blogs, cualquier medio es bueno para desenrollar una trama, desde marcar un tweet como favorito hasta un mensaje de texto o un mail. Y el gran mérito de Vómito es justamente ése: enlazar todo tipo de discurso virtual al devenir narrativo de la novela. Los diálogos que leemos pueden estar transcurriendo en un chat de Blackberry. Los contextos de enunciación se confunden, lo digital y lo analógico son lo mismo, todo se desdobla e ingresa en la novela en forma de procedimiento narrativo, de hecho posible de ser narrado.
Si existir en la web es ya construir un personaje, sostener una autoficción, a la manera del yo literario, la novela de Falduto propone una existencia estrictamente virtual: contar es construirse, establecer los parámetros de una subjetividad real y virtual y, por supuesto, también una forma de literatura válida.
Vómito narra la educación sentimental de Santiago, un joven que deambula entre el desamor, las drogas, el hastío y el Twitter. Si Internet funciona como un Mago de Oz contemporáneo, dando cerebro, corazón y valor a quienes no lo tienen, también aglutina frustraciones, hastío, aburrimiento. Vómito es además la relación amor-odio de Santiago con aquello: “Acá, yo, mirando el techo y esperando que pase el tiempo. Fav, RT, etcétera”.
Sin embargo, Vómito no se limita a un relato blogger en primera persona, ya que el narrador se mete en las conversaciones de Paula y Bárbara, amigas de Santiago. Ahonda en ese espacio íntimo/público, ese voyeurismo que sentimos cada vez que entramos a una red social desde la cuenta de otra persona. Desde luego, no es intención de Falduto contar Internet. Eso sería obvio. El objetivo es contar la cotidianidad desde la web. La red es rigurosamente un medio, no un fin.
El año pasado, Sagrado Sebakis, uno de los dos Poesía Estereo, publicó Gordo, su primera novela. Vómito puede pensarse como complemento o contrapunto de aquella por varias razones: la primera y más obvia es la concepción de la red de redes como un medio que posibilita la creación y difusión literaria. Gordo fue editado por Milena Caserola, pero en la contratapa Sebakis incluyó un código QR que permite descargar la novela íntegra, algo que también puede hacerse desde su página web. Tanto Falduto como Sebakis no pueden concebir el proceso de escritura y lectura en modo offline. El acto de navegar por la web se mimetiza con la lectura y la existencia de la red se confunde con la escritura.
En la tarea narrativa de uno y otro autor aparecen modismos propios de Internet. En el caso de Falduto la palabra es fav —expresión twittera y ambigua, similar al me gusta facebookero—, definida por el mismo autor como “recompensa endorfínica” de las redes sociales. En Gordo, la palabra es refresh: sobreviviente léxico del Counter Strike y evidencia de la compulsión cotidiana de la vida online. Cotidianidad comprimida en gestos virtuales, necesidad compulsiva de aprobación y de actualización, sí, pero como signo identitario, de distinción generacional.
Ya lo dijimos: la web 2.0 es también un lugar que produce aburrimiento. Variación continua de lo mismo: “Otros amigos, otros avatares, de seguro las mismas charlas”, relata Sebakis en Gordo. Refresh, fav. Así, tanto en uno como en otro libro se explora la figura del ocioso: Santiago, el protagonista de Vómito, queda desocupado y cuenta uno de sus días: “El problema es el vacío. Estoy todo el día al pedo. A la mañana reviso el mail, pero nadie contesta ni uno de los curriculums que mando. Después entro a Twitter, leo las noticias. Después miro series o alguna película, pero ya se me está agotando el stock y me voy desesperando de lo al pedo que estoy. Eso los días que salgo de la cama. Hay muchos que no”. En ambos libros la experiencia del ocio se mezcla con la mención a escritores argentinos: Santiago cuenta su lectura de Cuaderno del acostado, de Jorge Asís. En Gordo, se trae a cuento a Fabián Casas, autor de Ocio, cita mediante de Sebastián Bruzzese.
La lectura de tipo generacional, los guiños a aquellos que no han cumplido aún los treinta, aparecen de manera muy pronunciada. Pero no sólo es la (omni)presencia de lo digital lo que determina esta postura sino también los gustos culturales —Los Simpson, como código propio—, la fragmentación de la escritura, la literatura como registro de época. Son varias las cosas que hacen de uno y otro texto un testimonio generacional de la tecnologización y virtualización de las relaciones humanas. Un manual de instrucciones para quien, en el futuro, pretenda desentrañar los motivos de los nativos digitales. Una radiografía del zeitgeist generacional.