Porque presuponemos una lectura, aunque sea en silencio y no nos enteremos de ella quienes pretendemos brindar un espacio de socialización de experiencias culturales, artísticas y creativas; de experiencias de vida y sobrevida mediante el oficio del Arte; de fortalezas y debilidades de la industrialización de la Cultura, a la que si no nos oponemos, al menos le encontramos deficiencias por todas partes; de manifestaciones grupales de alegría, bronca o desengaño en recitales, obras de teatro y convenciones varias; de particularidades escondidas en el Interior que no nos muestran; de esa globalización celebrable de los artistas de afuera que llegan dentro de vaya uno a saber qué, si un teatro nacional o una sociedad de fomento barrial, para regalar lo que ya le dieron a los suyos, esta vez para nosotros, sin ser artistas exclusivos de nadie.
Para comenzar, Agencia NAN es un espacio independiente de otros, pero dependiente de las concepciones, experiencias y realidades de sus hacedores, dependiente del pulso del Nuevo Siglo Argentino, de lo que en verdad pasa, de lo que no pasa porque no lo dejan ser y de lo que no puede ser por falta de apoyo, presupuesto, difusión o, al menos, una mínima expresión de voluntad para con la causa; lo que en definitiva son los artículos que aquí se publican, luego de un largo camino autogestivo, de aquellos hechos artísticos y de estos, periodísticos.
Luego, las expresiones son necesariamente actuales, desde el punto de vista de que este es un medio de comunicación e información social que no excede a lógicas periodísticas que comparte con otros, desde un punto de vista formal en lo profesional, aunque muchas veces dejemos de lado la novedad noticiable por el recupero justo de lo que no fue analizado o fue contado parcialmente.
Expresiones actuales que, de cualquier forma, están estrechamente relacionadas con expresiones anteriores, durante la persecución y los abusos desde el Estado en la década de 1970; durante la burbuja inflacionaria de la de 1980; durante el vaciamiento de la de 1990; y en el alba del Milenio que se oscureció en la noche espesa de Cromañón, hace apenas cuatro años.
Serán expresiones solitarias, colectivas o totalizantes, nunca totalitarias, que de una u otra manera tendrán qué ver y qué contar de una sociedad a partir de su elemento constitutivo clásico: la cultura compartida –por pocos, por algunos o por bastantes–, porque la diversidad es saludable y está muy bien que no exista una sino múltiples y que se crucen, se entretejan en una retícula en expansión y en movimiento constantes, registrando hacia dentro de sí el pulso del tiempo y del espacio en el que están inmersos, y regalando hacia afuera de cada obra los destellos que –dejando de lado la cursilería pero no el lugar común– efectivamente guían, alumbran y realzan un paisaje que podrá ser árido pero no deberá siquiera así restringirnos de la posibilidad de caminarlo y admirarlo.
A los artistas les quedará, de aquella manera, la función de testigos de su lugar y su época. Y los periodistas deberemos ser, entonces, los fiscales que aporten un juicio de valor honesto, responsable y comprometido, habiéndonos sacado ya de encima la construcción falaz del periodismo objetivo, y subjetivizádonos unos a otros, en caminatas por ese mismo paisaje, junto a los creativos y los curiosos.
Porque eppur si muove, sin embargo, se mueve.
Y nosotros al costado, intentando seguir el ritmo.
Agencia NAN
Diciembre 31 de 2008
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