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Gustavo Sala: “Lograr que un pelotudo se ofenda es como una tarea cumplida”


Es uno de los caricaturistas más irreverentes del humor gráfico nacional, pero también incursionó en la actuación, la radio y la música. Entrevistado por Agencia NAN, comentó que se siente más cómodo con el humor “más punk, más psicodélico”, como sucede con su tira Bife Angosto, donde dentro del formato clásico de tira apaisada hace lo que se le venga en gana, como ironizar sobre viejos violadores, travestis, pedófilos, enanos putos y Fabianes Gianolas. “Trato de lograr dignidad en cada tarea que desempeño”, explica Sala, suerte de humorista periodístico lisérgico e irrespetuoso. Con total franqueza, admite: “Me parece que las cosas más logradas salieron de pedo”.

 

Por Sergio Sánchez
Fotografía de prensa de Gustavo Sala

 

Buenos Aires, febrero 26 (Agencia NAN-2009).‑ Gustavo Sala es un improvisado y un irrespetuoso. Ojo, únicamente para hacer humor. Porque se sirve de esos dos elementos para crear historietas, subirse arriba de un escenario o salir al aire en un programa de radio. Improvisa, pero no navega sin rumbo, sino todo lo contrario: sabe absolutamente lo que quiere hacer y hacia donde va con sus viñetas. En su proceso creativo, no importa contar con un buen inicio o un desenlace logrado: el secreto está en el desarrollo y en la forma. La fórmula es la irreverencia y el resultado obtenido es totalmente eficaz. Por eso, es uno de los humoristas más coherentes de la historieta actual.

Sala no rompe las reglas, las destroza. Es experto en tratar temas tabú como las drogas y el sexo. Lo políticamente incorrecto nunca le es ajeno. Viejos violadores, travestis, pedófilos, enanos putos y Fabianes Gianolas se pasean libremente por las páginas de Bife Angosto, la tira que semanalmente publica en el Suplemento NO de Página/12. “La irrespetuosidad, cuando está bien hecha, me parece bastante divertida como recurso. Y justamente en el NO, que es un medio que tiene un perfil más abierto, más periodístico y con mucha ironía desde los contenidos, es un lugar ideal para bardear, experimentar y ser un poco más salvaje”, confiesa en esta entrevista con Agencia NAN.

Aunque su curiosidad lo lleva por caminos dispares como la actuación y la música, aclara: “Son cosas que no soy pero que ‘hago’. En todo caso, si hay algo que soy es dibujante o humorista gráfico, pero no creo que sea ni guionista, aunque escribo guiones. Aunque actúe, haga monólogos y me suba al escenario, no soy actor. Y aunque cante, me suba arriba de un escenario y haga canciones, no soy músico. Pero trato de lograr dignidad en cada tarea que desempeño”.

Incluso, supo improvisar desde chico ante la falta de habilidad para los deportes. “¿Qué hago?”, se preguntó el pequeño Gustavito. Ansioso por aprender y descubrirse, comenzó a comprar cuanta revista infantil y de animación pisara los kioscos de Mar del Plata: Billiken, Patoruzú, las de Disney y las clásicas revistas de historieta española. Esas fueron sus primeras fuentes de inspiración para acercarse al mundo del dibujo, que no le sirvió únicamente para matar los ratos libres, sino también para encauzar todas sus inquietudes por esa vía artística. “Yo empecé a dibujar a partir de una evidente falta de talento para el deporte y otras actividades. Cuando intentaba pegarle a una pelota le terminaba pegando patadas violentas a mis compañeros y hería gente. Entonces, evidentemente, el fútbol no era lo mío, ni para jugar ni para verlo. Así que eso me permitía tener mucho más tiempo para otras cosas”, contó con franqueza.

Después, con la llegada de la revista Fierro a mediados de la década de 1980 conoció a grandes valores de la historieta adulta como El Niño Rodríguez, Mandrafina y Francisco Solano López. “Di un salto impresionante de la historieta infantil a la historieta adulta y se abrieron las posibilidades, los recursos gráficos. Luego conocí la revista Mad y me fui sintiendo más cómodo con ése tipo de humor satírico, más punk, más psicodélico. Entonces me sentí absolutamente adentro del género”, rememoró el marplatense.

En 1993, junto a un grupo de amigos, en el que también estaba su actual colorista Humberto Miranda, armaron Mar Negro, un fanzine inspirado en las míticas revistas de historieta Fierro y Skorpio. Años más tarde, en 1996, con Miranda crearon Falsa Modestia, una publicación independiente “más orientada hacia la Mad y a lo más humorístico”. Salieron ocho números que le sirvieron para conectarse “con un montón de dibujantes” y con la escena intitulada “El boom de los fanzines’” un movimiento que se armó sobre todo en Buenos Aires entre 1996 y 1999. “En los eventos como Fantabaires se juntaban un montón de chabones que autoeditaban sus revistas y las vendían, por ejemplo, en la cola de la gente que iba a ver a Dolina, en bares, eventos o en Parque Rivadavia. Durante esa experiencia, autores comenzaron a convertirse en los propios difusores de su material, mucho antes del blog e Internet”, recordó con un dejo de nostalgia el dibujante.



Desde noviembre de 2005 publica semanalmente la tira Bife Angosto en el suplemento NO, que sale los jueves en el diario Página/12. En esa tira se ocupa principalmente de tratar temas relacionados con la cultura rock. “En el diario estaban buscando autores para ocupar el espacio que había dejado la tira Bonjour, de Liniers. Entonces, por intermedio de amigos del palo en común, me enteré y mandé material. Luego, pasé el filtro de los autores que estaban en la espera para ocupar ése lugar y ahí empezó la tira, sin un pedido muy puntual. Simplemente era: ‘dentro del formato clásico de tira apaisada hacé un poco lo que quieras’”.

– ¿Y qué significaba el “hacé lo que quieras”?
– Se prestaba de acuerdo a un suplemento de rock a hacer algo que tuviera que ver con el mundillo del palo. Al ser Bife Angosto una tira de situaciones más que de personajes me da la posibilidad de seguir probando cosas nuevas y personajes que duran una sola tira, con lo bueno y lo malo que eso tiene. Porque si hubiera armado una tira con personajes fijos, quizás ya estaría caminando sola y no me tendría que poner a pensar demasiado, ya que cuando es así, hacés personajes que interactúan al principio, después empezás a enfrentar conflictos y se te van abriendo caminos entre ellos mismos. En este caso, como es una tira donde hay personajes que mueren y nunca más aparecen, más que nada trabajo con situaciones, con personajes del ambiente y con códigos, modas y tribus urbanas. Siempre necesito una idea nueva, porque lo que me interesa es tratar de sorprenderme y divertirme a mí mismo.

– Tenés que estar actualizado sobre lo que sucede en el ámbito rockero. En algún punto, es como un laburo de humor periodístico…
– Claro, por ejemplo, el juego con los rollingas, que si bien no es un hecho puntual, tiene que ver con un fenómeno de los últimos diez años y sigue siendo actual. Capaz que dentro de 30 o 20 años nadie se acordará de qué se trataba ser rollinga. Pero me gusta eso de cierta “cosa periodística”, porque también quiero que tenga, más allá del chiste, algo que ver con la observación. Me gusta que contenga ese componente periodístico, pero trato de que, a pesar de jugar con cosas actuales y que estén pasando en la música y en la sociedad, no queden pegadas a la noticia o al personaje del mes. Porque me interesa que en la tira leída a los dos, tres o cinco años, a pesar de que el personaje ya no esté en la tele o en los medios, el chiste funcione más allá del personaje o de la moda. Sobre todo cuando después son tiras que se recopilan en libros o tienen otra vida posterior al del suplemento semanal.

– ¿Y eso en qué te limita?
– Por eso no hago y no sé hacer humor político con la crisis de la soja o el personaje del senado o la coima, porque es un humor que muere en el día. Si leés un chiste de Rudy-Paz o de humor político de hace veinte años, por ejemplo, un chiste con Caputo y la coima de tal, ahora no lo entendés. Porque si no tenés el contexto de la época te quedas afuera completamente. A mí me gusta que tenga la perdurabilidad y a la vez que hable de la época actual.

– En Bife Angosto hay mucha crítica al “aguante rockero”…
– Sí, eso es muy boludo, por ejemplo, esa pelotudez de “que se muera Cerati”. Me parece que ya somos grandes, estamos en 2009 y tenemos cuarenta años de rock nacional. Eso del rollinga que critica al rock es como el dibujante intelectual que dice que no hay nada nuevo. Son posturas pelotudas de gente que se pone en un pedestal. Y es todo música, no hay tanta diferencia entre Coiffeur, Los Redondos, Lisandro Aristimuño, Babasónicos, Calamaro y la 25, o lo que carajo te guste. Son todos chabones que tocan instrumentos y hacen canciones, punto.

En octubre del año pasado publicó un libro recopilatorio de Bife Angosto editado por Ediciones de la Flor. Y ya planea otro para mitad de año a cargo de la editorial Domus. Además, publicó historietas y dibujos en medios gráficos como las revistas La Mano, Lule Le Lele, Genios, Barcelona, Comiqueando y Monográfico (España). Escribió guiones para los cómics del chicle Bazooka y para la serie Lolypop, ilustrada por Lucas Varela en la revista dominical del diario La Nación. Desde 2001 integra el programa Maldita Radio, que se emite por FM Rock & Pop Beach. Y desde 2005 presenta, junto a Pablo Vasco, el espectáculo humorístico de scketches y monólogos Afeitándose en Alemania, todos los veranos de la temporada marplatense.

Además de sus conocimientos sobre la historia del cómic local, Sala tiene una gran cultura rockera. No habla por hablar: el tipo realmente sabe sobre música. En su Mar del Plata natal tuvo un grupo de rock denominado Gascarne. Y actualmente tiene un proyecto musical, junto al músico porteño Gonsoide, en el que se encarga de las voces y escribe letras de canciones: Los Dentistas Tristes.

– ¿Cómo es tu acercamiento a la cultura rock como temática para la creación?
– Yo voy mucho a ver shows y me gusta ver recitales todos el tiempo. Me gusta desde la música estruendosa, psicodélica y pesada o distorsionada como Sonic Youth, Pixies o The Strokes a el pop melanco de bandas españolas como La Buena Vida. El disco Mar, de Leo García, es uno de mis preferidos. Actualmente, Coiffeur y Lisandro Aristimuño me parecen impresionantes. Al igual que Gabo Ferro, a quien vi en vivo en una presentación de Macanudo, de Liniers. Mis músicos favoritos son The Cure, Luis Alberto Spinetta, Palo Pandolfo. Escucho mucha música y quizás el hecho de no haberme desarrollado como músico hace que trate de estar todo el tiempo escuchándola, leyendo notas y viendo películas sobre música. Ahora estoy leyendo el libro Rock y Dictadura, de Sergio Pujol. Por lo tanto, en Bife Angosto trato de jugar con cosas con las que me siento más o menos cómodo. O sea, si dibujo un recital es porque estuve en cientos de shows y trato de que esa cosa de cierto tono periodístico aparezca. O que el tipo que también es del “palo” se sienta reconocido o sienta que hay una cosa de pertenencia.

En la nueva Fierro, que también edita Página/12 de manera mensual, publicó durante un tiempo la historieta Tiras para arriba y actualmente desquicia a los lectores con la desconcertante serie El Baño, cuyo protagonista es “un hombre X que todo el tiempo busca un baño para cagar”. Tan simple como eso. Pero satisfacer esa necesidad fisiológica y cotidiana lo hace atravesar situaciones completamente impensadas y absurdas. En el transcurso de dos páginas, pueden acontecer decenas de historias dentro de una misma. Por momentos, las viñetas parecieran negar a sus antecesoras.

– Generalmente, El Baño arranca con una idea, luego muta para lugares impensados y termina imprevisiblemente en la misma idea o en otra totalmente diferente…
– No hay una premisa. Un poco eso es lo que me divierte y la posibilidad que me da Fierro: irme al carajo y jugar con lo que quiera, con la violencia, el vocabulario, el sexo, las drogas, lo que sea. Para el NO trato de tener un universo con algunas reglas y en la Fierro casi nunca aparecen cosas de rock. Trato de hacer cosas diferentes en ambos medios, aunque busco que sea personal en cuanto a lo que a mí me gusta hacer. Pero las ideas de El Baño generalmente salen de una duda que tengo: al personaje A le pasa una cosa B y termina en una situación C. Arranco con eso y pateo la pelota de la historia hacia algún lado sabiendo que tengo un espacio limitado para terminarla. Entonces, voy haciendo una especie de cadáver exquisito autónomo o unipersonal y trato de sorprenderme a mí mismo.

– ¿Cuál es la idea?
– La idea es avanzar y desandar viñetas con los pros y los contras que eso tiene. Si partiera de una historia sabiendo desde un principio a dónde va y a dónde termina me ahorraría pasos y dolores de cabeza, horas de pensar cómo carajo seguir una situación. Normalmente, me parece que las cosas más logradas salieron de pedo. El tema es que se vaya al máximo carajo posible pero que termine teniendo una coherencia o yendo a algún lado. Es decir, que el final tenga algún sentido de final, no que termine como manotazo de ahogado. No sé si eso se nota mucho, poco o nada, pero la idea es que dentro del delirio haya cierto orden. Parece una contradicción, pero no la es.

– ¿Te gusta que etiqueten tu humor de “absurdo”?
– No sé, me parece que quedás pegado al “vale todo”, a que estás tomando un helado y se cae un gato del techo y terminó. En todo caso, esas pueden ser ideas sueltas que pueden ser divertidas y me encantan cosas gratuitas por que sí. Pero me parece que hay una línea de pensamiento instalada en muchos autores nuevos que “siendo absurdo no hace falta ser guionista o ponerse a pensar situaciones, personajes, tramas, diálogos e historias”. Es como que la frase es: “Ay, dibujemos un chabón hecho mierda, con muchas minas y drogas en el orto, que de pronto va cruzar la calle y viene una jirafa y se tira un pedo”. Es como que una idea aparentemente divertida y aparentemente absurda ya funciona. Me parece que está un poco bastardeado, porque no todo es divertido ni gracioso.

– ¿Y cómo hacés para que eso no te suceda?
– A veces me pasa, como autor de mi propio material, que tengo una historieta terminada y confío en ese “absurdo” que a mí me pareció logrado, divertido, personal y válido. Y tal vez desde tu propia perspectiva decís: “¿Pero esto es divertido y genial o es una pelotudez que a mí me pareció divertida en ese momento?”. Entonces, al no trabajar con el recurso tradicional del remate lineal con juegos de palabras o con situaciones que son claramente humorísticas, a veces estás como en ese límite de que sea una pelotudez o algo ignorante. Por eso normalmente tengo consultores amigos a los que les muestro los bocetos para tener más elementos y decidir finalmente qué hago: si le doy brazo o la dejo archivada como proto idea para trabajar en algún momento. Pero me encanta ser absurdo, en el caso de que lo fuera, y también me encanta ser varias cosas. Pero lo que más me interesa es que sea divertido, si es que estamos hablando de humor.

– Claro, porque está orientado hacia otro…
– Es impresionante lograr que un chabón se ría por algo que vos dibujaste en un cuaderno con una birome en un café y después lo hiciste con tinta china, lo pintó un chabón en una computadora y sale un en diario que lo leen en Tilcara. Es un fenómeno impresionante. A partir de que vos entrás en un café sin saber qué carajo vas a dibujar y en la semana está eso que vos no sabías impreso, pintado y en miles de diarios en todo el país. Eso me parece algo mágico de los medios impresos, a pesar de tener décadas y décadas de la existencia de diarios, revistas e historietas en la prensa. Hoy el fenómeno de blogs e historietas online es alucinante porque estás al tanto de un montón de movidas, autores, crónicas y reseñas que sería imposible de otra manera. Principalmente porque no te alcanzaría la guita si todo eso fuera revista para comprar. Sin embargo, a mí en algún punto me resulta frustrante leer blogs que empiezo y por un cansancio visual o porque no estoy preparado mentalmente me aburro y los abandono. Hay material infinito, pero sé que es una manera real, gratuita y que te da la posibilidad de que te lean miles de chabones.

– ¿Te ponés límites para hacer humor?
– Sí, hay cosas que no sé hacer y con las que no me quiero meter para hacer chistes porque me saldrían mal, como el humor político o jugar con ciertos temas. Por ejemplo, si quiero hacerme el loco con un chiste sobre la Franja de Gaza o la tensión en Irak, son temas que no conozco bien. Entonces, si no conozco los códigos no puedo hacer un chiste. Para eso tendría que ponerme a estudiar para adquirir los recursos. Por eso, trato de trabajar con cosas que me son más familiares. O, en todo caso, hacer algo que sea claramente arbitrario o que quede claro que no hay mala intención. Aunque a veces me chupa un huevo el famoso “qué dirán”. En ocasiones, lograr que un pelotudo se ofenda es como una tarea cumplida, una satisfacción. Lamentablemente, hay gente que sigue pensando de manera literal.

 

Blog casi oficial: http://www.angosto.blogspot.com