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Agustina y Mariana Iturri: “En todos los estilos hay grandes dosis de machismo”.-

Las jóvenes hermanas coristas de Chala Rasta son de las pocas representantes femeninas dentro del reggae, pero aseguran que no se trata de un machismo particular en esta escena, sino extendido en todo el ambiente de la música. Consultadas por esa notable asimetría de género, alzan la voz frente a Agencia NAN: “El estereotipo de mujer gordita de túnica fosforescente y pañuelo en la cabeza quedó muy marcado, como si fuéramos un adorno dentro de las bandas”. Las Iturri coquetean también con la bossa nova (en Phanta Rhei) y tributan a Pink Floyd (como parte de P.U.L.S.E.). Habrá que revisar el resto de la entrevista para entender qué más tienen para ofrecer este par de dulces hermanas que devolvieron al cronista con una sonrisa de lado a lado.

Por Adrián Pérez
Fotografía de Agencia NAN

Buenos Aires, febrero 5 (Agencia NAN-2009).‑ El tren eléctrico avanza con prisa y sin pausa hacia Lomas de Zamora, al sur del Gran Buenos Aires, como un caballo de acero desbocado que corre por las vías a toda velocidad, en medio de un cielo plomizo y negro de verano que hace de telón de fondo, y bajo la llegada inminente del aguacero que alivie, purifique y aleje las penurias. Atrás quedó el murmullo de Constitución, con sus aromas a comidas rápidas recalentadas hasta el hartazgo, y el trajinar incesante de la gente que transita de un lugar a otro rumbo al trabajo, trocando dinero por un puñado de “amor” o en busca de un poco de complicidad en la ruidosa muchedumbre, esa que Baudelaire pintó como nadie en sus poemas dedicados a la Modernidad, o que el mismísimo Bob Marley bosquejó –en clara referencia a la Sociedad del Control–, en “Babylon System” (Survival, 1979): “El sistema de Babylon es el vampiro, aspirando a los niños día a día/Yo digo: el sistema de Babylon es el vampiro/chupa la sangre de los que sufren/construyendo iglesias y universidades/engañando a la gente continuamente/Yo digo: ellos se graduaron de ladrones y asesinos”.

Saliendo de la estación de Lomas, un poco más lejos de esas pinceladas que difícilmente se borran al terminar el día, treinta minutos separan a Agencia NAN del encuentro con Agustina y Mariana Iturri, coristas de Chala Rasta que dan la recibida con la cordialidad y la delicadeza de las grandes damas. Las chicas no superan los 25 años pero tienen un currículum rico y generoso en experiencias, con una formación intensa y un recorrido salpicado por música de cámara, bossa nova, jazz y otros ritmos que pintan su faena con acuarelas de mil colores; paleta que mancha las habitaciones de una casa que destila arte, donde se puede encontrar desde El Jardín de los Presentes, editado en 1976 por Invisible, hasta la partitura para piano de «Claro de Luna», una de las obras más exquisitas del repertorio de Ludwig Van Beethoven. Nada es incompatible en el mundo de las hermanas Iturri, cómplices en la vida y en la música.

El cuadro se completa con discos de Nina Pastori, Suna Rocha, Winston & Ellis Marsalis, Tracy Chapman y Dancing Mood, con un ejemplar del Corán, libros de Borges y Arlt, sobre filosofía y budismo. Todas esas obras conviven sin prejuicio alguno y describen los intereses de estas mujeres sin tiempo ni edad. Agustina y Mariana conversan sobre sus primeros pasos artísticos, la influencia paterna en la elección y el amor por los ecos de Brasil, sus proyectos musicales en P.U.L.S.E. (banda que tributa a Pink Floyd) y Panta Rhei (con la bossa nova como columna vertebral).

Lo que omite el currículum de las hermanas Iturri y se vuelve carta de presentación, es que durante toda la tarde ambas se muestran histriónicas, desenvueltas, como si tuvieran años en esto de generar climas. Y, en realidad, hay mucho de eso. Mientras la entrevista se tiñe de frescura –propia de una etapa de la vida en la que búsqueda y esfuerzo son dos caras de una misma moneda– la nostalgia de los ritmos que florean las hermanas en sus voces se respira, se siente en el aire. Moneda bifronte que para Agustina y Mariana no tiene valor comercial sino de pura creación. Durante la hora de entrevista, ambas remarcan sus ideas, ríen y bromean sobre sus primeros pasos, y se ponen serias en más de una ocasión.

–¿Cómo y cuándo comenzaron a conectarse con la música?
–Agustina: Supongo que todo comenzó con nuestros viejos. Mucho de lo que hacemos tiene que ver con ellos porque se conocieron tocando la guitarra. Particularmente, a mí me encanta el tango y escucharlo me produce un profundo sentimiento de nostalgia. Por eso me metí a tocar violín hace tres años.
–Mariana: A mis 10 años, tocaba el piano en una banda que se llamaba The Kids Band, donde hacíamos canciones de The Wall. El conservatorio de música llegó cuando cumplí 12 y tiempo después me enganché con la flauta. Desde los 6 años, la formación que tengo está vinculada con la música clásica.

–Si tuvieran que pensar en los artistas que marcaron sus gustos musicales, ¿con qué músicos se sienten referenciadas?
–M: Creo que Paula Morelenbaum fue muy importante para mí. Para cantar bossa fue una de mis mayores referentes, incluso más que Ellis Regina, porque a Paula la escucho desde que era muy chica.
–A: Coincido con Mariana y creo que esto tiene que ver con que Paula es más contemporánea y por eso su forma de cantar cala más hondo. Otro músico importante para nosotras es Pedro Aznar, porque definitivamente se conecta con todo lo que amamos de la música.

–Además de Aznar y Morelenbaum, ¿escuchan otros estilos o artistas?
–M: Por mi formación clásica, hay algunas cosas de ópera que me gustan mucho, por ejemplo, los preludios de Chopin. Técnicamente, la base de la música clásica es la base de toda la música, Dentro del folklore, me fascina Silvia Iriondo y Aca Seca Trío, y Juan Quinteros.
–A: A mí me encanta el tango, me fascina porque es muy nostálgico, un estado que disfruto muchísimo. Las dos amamos la bossa nova por su fusión entre samba y jazz y ese género es el que nos produce más placer.

–Y de los grupos de reggae nacionales e internacionales, ¿cuál rescatan?
–M: Mis preferidos son Alpha Blondy y Skatalites, entre otros.
–A: Bob Marley & The Wailers, Steel Pulse y Natiruts, por nombrar solo tres.

–¿Cómo llegaron al reggae?
–M: Creo que tuvo que ver con un viaje que hicimos a Brasil como festejo de un cumpleaños de Agustina. Durante ese viaje, los sitios que visitamos y el reggae se nos pegaron mucho.

–¿Cuál es el balance que hacen respecto de su experiencia en Chala Rasta?
–A: Chala me divierte mucho pero lo vivo como parte de un proceso. Creo que cantar en la banda me sirvió para sacarme el miedo al público. En este sentido, rescato las presentaciones ante 1500 personas. La experiencia de aprender 30 canciones en una semana fue todo un desafío.
–M: Cuando ingresé a Chala Rasta tenía la ilusión de pasar a otra banda más grande. Recuerdo que Cristian (Gordillo, cantante y líder de la banda de Temperley) nos consultaba bastante sobre como armonizar tal o cual melodía o colocar un acorde.

–Algunos piensan que la presencia de chicas en la música está desproporcionada respecto del hombre. ¿Perciben cierto cliché sobre el rol de la mujer en el reggae?
–M: Sí. Supongo que el estereotipo de mujer gordita de túnica fosforescente y pañuelo en la cabeza quedó muy marcado, como si fuéramos un adorno dentro de las bandas. Desde que comencé a cantar y tocar siempre lo hice con varones y considero que en todos los estilos musicales hay grandes dosis de machismo. No encuentro mujeres en las bandas de reggae y por eso me cuesta pensarme cantando en alguna.
–A: Creo que la mujer que, por aparentar una presencia fuerte y competir con el hombre se masculiniza, pierde la esencia y toda su gracia. Es necesario que nos hagamos respetar en el ambiente sin perder nuestra condición de mujer.

Y las socias musicales no se equivocan sobre el monopolio de género en el reggae. Alika, Princesa e Ioja son de las pocas exponentes del reggae vernáculo. En la escena internacional, la cosa no cambia mucho: Sistah Joyce, Marcia Griffiths, Marlene Jonson y Doreen Shaffer hacen lo suyo en un universo donde los hombres tienen preponderancia.

Además de cantar en Chala Rasta, Panta Rhei y P.U.L.S.E, Mariana lleva 10 años formándose como estudiante de conservatorio, este año se recibirá de profesora de flauta y da clases de música para chicos de tercer ciclo de EGB. Agustina, que quiso ser bailarina clásica cuando era chica y se sacó las ganas en Sábado Bus, cursa el ciclo de ingreso a la carrera de Musicoterapia, toca el violín hace tres años y confiesa que tiene pendiente el trabajo voluntario. La visita a la casa de las hermanas Iturri es una fusión de belleza, inteligencia y una fuerte carga de sensibilidad. En definitiva, dos mujeres que tienen mucho que ofrecerle a la música.

Sitio de Panta Rhei: www.myspace.com/pantarheicuarteto
Sitio de P.U.L.S.E. (Tributo a Pink Floyd): www.pulseweb.tk