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Alegría popular y conurbana

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Conurbano Maldito y El Gran Cuento le pondrán pasado mañana un hilarante broche de oro a la primera edición de la movida del colectivo de comunicadores del sur.   Fotografía: gentileza de AP

Por Emmanuel Videla

Justito en una esquina, en una casa antigua tuneada, uno se topa con Ceta. Y no importa desde qué lado se mire, o mejor dicho desde qué lado del Conurbano se venga, porque es casi imposible no ver que ahí está el teatro. Desde ese punto, Agenda Prisma reflectó, reflejó, descompuso su primer ciclo de humor, que cerrará este jueves a las 21 con dos clásicos del espectro artístico sureño: El Gran Cuento y Conurbano Maldito, que se subirán al escenario por el que ya pasaron otros clásicos como Chiche Bombón, Papas Bravas y Teatro Kabeza. Es que de eso se trata, en parte, el ciclo de Prisma, como afirma a NaN el padre del proyecto, Juan Fernández: “Dejar de ser entes cibernéticos que los usuarios megustean en Facebook, que la gente deje la compu y salga a vivir la movida”.

Una luz que se ve nítida en este ciclo son los convocados para cada jueves de humor. Los Prisma saben qué miran, qué les copa, a los espectadores del sur. Por eso, el colectivo arrancó su apuesta el pasado 10 de julio con Teatro Kabeza, un espectáculo que conjuga lo lúdico, la improvisación escénica, lo absurdo y una cierta “cultura popular sureña”. “¡Alto frío, pero acá hay calefacción, loco!”, podría haber dicho cualquiera de estos kabezas, que por lo general tienen su fecha los viernes en el Teatro Nobles Bestias, de Temperley. Imperdibles para quienes no hayan visto a Ramirito, Enzo Tenzo o Lucrecia Vichenza. Fernández resume: “Los encuentros dejaron cientos de risas y buenos momentos que quedarán en la retina de unos cuantos”.

Una luz en foco lo merece el clásico clown Lucrecia Vichenza, personaje de Rosa Salamón, que deslumbró sobre el escenario de Ceta. Para los que vieron a “Lucre” en las antiguas Fiestas Lúdicas, de Espacio Mu, o en la plaza de Temperley todos los domingos, es un revival. Es siempre verla recargada. Para los que no, es un hecho absolutamente novedoso. Si alguien alza las banderas de la participación de los espectadores, “Lucre” es esa mina que lleva la teoría a la práctica. Monta un espectáculo con los propios espectadores del café concert, que serán sus bailarines o asistentes para que ella pueda lucirse en escena. ¿Cómo? Hay que ir para verla, y más que eso para “vivir” junto a esta encantadora clown.

No muy lejos de esa misma filosofía de la improvisación están Conurbano Maldito y El Gran Cuento, dos grupos de impro teatral que pasado mañana darán cierre al primer ciclo de Prisma, iniciativa que promete volver. “La búsqueda está en generar una ficción genuina y poner en riesgo constantemente la idea del espectáculo”, define a esta revista uno de los integrantes de El Gran Cuento, Eduardo García Rajo. No se trata de hacer reír con chistes. Están alejados de esa concepción. “Nos cagamos de risa, pero jugamos seriamente, jugamos de verdad, generamos tensión a como dé lugar, y la risa llega más bien por liberar esa tensión”, argumenta al tiempo que define ese proceso como la “poética” de su grupo. Si fuese de otra forma, “todo sería muy aburrido”, sostiene.

Donde está Ceta, entre Almirante Brown y Cerrito, en Lomas de Zamora, también pisará fuerte Conurbano Maldito, que “no es teatro, no es impro, no es humor, sino un estado de ánimo —comentan en su página de Facebook—: alegría popular y conurbana”. Algo así es la esencia de este combo que pasó por el mismo teatro hace poco más de un mes y que conoció también el Galpón de Diablomundo. Toda la dinámica es generada con los espectadores, por lo tanto las palabras para contar con qué se toparán esa noche se le escurren al universo lingüístico. “Lo bueno es que son dos espectáculos diferentes. Los chicos de Conurbano son muy rápidos y toda la dinámica del espectáculo, que es muy divertido, es con la gente. El Gran Cuento es una piña en la jeta a veces, lo cual es justo porque hablamos de arte y no de entretenimiento”, dice García Rajo. Entonces, que nadie se quede en la cueva este jueves: el sur tiene —prismáticamente— agite, de ése que hace reír bien.